Entre el 5 y el 20 de marzo de 1866, Charles Baudelaire, acompañado por su amigo inseparable Auguste Poulet-Malassis y por su esposa Félicien Rops, viajó a la ciudad belga Nemur, para visitar iglesias barrocas y compilar más información para el libro que el poeta estaba preparando sobre la historia de Bélgica. En la visita al confesionario de Saint-Loup, Baudelaire perdió el dominio de su cuerpo: se tambaleó y cayó. No fue posible que siguiera disimulando que su malestar no era grave; sus amigos percibieron signos de hemiplejia y afasia. El escritor francés no logró recuperarse y murió el 31 de agosto de 1867 en una clínica de París.

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Autorretrato de Baudelaire.

La derrota física del poeta maldito fue narrada por uno de los testigos. El 9 de abril de 1866, Poulet-Malassis, a quien Baudelaire en nombre de su amistad le pidió que editara Las flores del mal, envió una carta a Jules Troubat, secretario de Sainte-Beuve, con estos detalles:

Aquí está en pocas palabras la verdad sobre la enfermedad de Baudelaire.
Durante seis meses todo su sistema nervioso estuvo fuertemente comprometido. No tuvo en cuenta síntomas y graves advertencias y a pesar de la indicación de los médicos y la súplica de sus amigos siguió usando y abusando de los excitantes. Su voluntad era tan débil en cuanto a sus hábitos que en mi casa no se ponía aguardiente en la mesa para que él no bebiera. De otro modo su deseo era irresistible.
Desde hace quince días —dieciocho— que debe guardar reposo. Vértigos, parálisis del lado derecho, brazos y piernas. Hubiera querido llevarlo a París, o mejor con su madre. Se rehusó con una especie de cólera.
El viernes hará ocho días que la parálisis del lado derecho se ha manifestado al mismo tiempo que un reblandecimiento del cerebro.
He creído conveniente escribirle al hombre que lleva los asuntos de su madre, el Sr. Ancelle, alcalde de Neuilly, y vino. Se decidió, no sin pena, que Baudelaire cambiara el hotel por una casa de salud atendida por hermanas. De hecho es una especie de hospital, pero es el único lugar donde lo pudimos poner convenientemente.

Fuente: Baudelaire. Correspondencia general. Selección y prólogo de Américo Cristófalo; traducción y notas de Américo Cristófalo y Hugo Savino, Paradiso, Buenos Aires, 2005.