¿Hay algo más tenaz que la memoria?

El escritor y periodista Alejandro Toledo espigó la prosa de Farabeuf, novela cincuentenaria de Salvador Elizondo, para crear este poema, homenaje acompasado por la memoria, el erotismo y el olvido


¿Recuerdas?

Has vuelto después de algunas horas
has vuelto después de muchos años.

Quisieras sentir el filo de esas cuchillas
la punta de esas afiladísimas astillas de bambú
penetrando lentamente tu carne.

Quisieras sentir en tus muslos
el deslizamiento tibio de esos riachuelos de sangre,
¿verdad?,
como te abandonas a la muerte
que reflejan los ojos de este hombre desnudo
cuya fotografía amas contemplar todas las tardes
en un empeño desesperado por descubrir
lo que tú misma significas.

¿Hay algo más tenaz que la memoria?

Algo había en todo ello que recordaba el mar…
algo en aquel nombre indescifrable…

¿Somos el recuerdo de alguien que nos está olvidando?
¿O somos tal vez una mentira?

Y me abandonaré a su abrazo
y le abriré mi cuerpo para que él penetre en mí
como el puñal asesino penetra en el corazón
de un príncipe legendario y magnífico.

¿Recuerdas?
¿Recuerdas aquella emoción llena de sangre?
¿Recuerdas aquel rostro en el paroxismo
de cuya visión tu cuerpo se hizo mío?

¿Y el amor…
ese hecho contundente, preciso, demostrable?
Se pierde en el olvido
como ese mar que sólo por estar hecho de olvido
puede ser recordado.

¿Quién eras, pues, en ese momento
en que mi amor te confundió con la imagen de un espejo
con las figuras representadas en un cuadro
con el recuerdo de una mujer que sólo en mi memoria
profiera para siempre
tenazmente y para siempre
una misma pregunta?

En la contemplación de ese éxtasis
estaba figurado mi propio destino.
Era preciso entonces saber quién era él,
ese ser prodigioso que se debatía sonriente
en medio de su propio aniquilamiento
como en un océano de goce
como en un orgasmo interminable.
Era preciso saber quién era yo misma.

Eras, para entonces, la otra:
la que el deseo de aquel hombre había creado.

Pretendes descubrir mi significado
y te horroriza la sangre que mana de mi cuerpo
y a la vez te fascina
porque en su contemplación crees redimirte.

Y entonces me abandoné a su abrazo
          y le abrí mi cuerpo
para que él penetrara en mí
como el puñal penetra en la herida.

El olvido es más tenaz que la memoria.

Esa cara… ese rostro es soñado… no existe…
ese rostro… es el amor… la muerte…
es el rostro de Cristo…

Soy otra que alguien ha imaginado.
Soy, quizá, la última imagen

en la mente de un moribundo.
Soy la materialización de algo que está
a punto de desvanecerse:
un recuerdo a punto de ser olvidado.

 

Alejandro Toledo
Es coautor del volumen Literatura de la historia ilustrada de México que coordina Enrique Florescano; y autor de Universo Francisco Tario.


Collage realizado a partir de Farabeuf (1965), de Salvador Elizondo; aparecerá en un volumen conmemorativo, por los cincuenta años de la novela, a cargo de Paulina Lavista.

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Publicado en: Ciudad de libros