Elena Poniatowska contrasta América Latina y Europa y entona la voz de una vida diversificada.

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Tadzio Mac Gregor: ¿Estamos limitados a pertenecer a un solo lugar, más allá de nuestra variedad de orígenes?

Elena Poniatowska: Obviamente no. Yo tengo orígenes muy distintos. Por el lado de mi madre todos los apellidos son mexicanos. Por lado de mi padre, son estadounidenses y franceses. Tuve una bisabuela que se llamaba Louise Lehon. Tengo muchísimos antecedentes polacos y rusos.

TMG: ¿Y usted se siente parte de cada una de esas raíces?

EP: Mexicana ante todo. Aquí vivo, aquí trabajo, pero en general creo que para algunas personas es difícil autodenominarse de un sólo país.

TMG: Uno debe mantener ciertas constantes, principios. ¿Para usted, cuáles serían?

EP: Mi constante ha sido aliarme con aquellos con los que me identifico. Siempre he querido estar del lado de la gente que en México no tiene muchas posibilidades, la gente que no puede ir a la escuela, los campesinos, los obreros. Creo que se debe sobre todo al hecho de que cuando vine a los 10 años me asombró mucho ver a hombres y niños descalzos en la calle, gente que no tenía zapatos, algo que yo no había visto en Francia. Era todavía muy pequeña para entender y creo que en aquél momento eso me marcó mucho. Desde entonces, siempre he estado preocupada por las causas de la gente más olvidada de México, mucho más allá de corrientes o partidos políticos, como muchos han pensado.

TMG: ¿Es acaso hoy en día el cuestionamiento incesante la particularidad de una minoría?

EP: Creo que cuestionarse las cosas es parte de la índole, del carácter de cada persona y también es parte de la educación. Yo estuve un poco de tiempo en el Liceo Franco-Mexicano de la ciudad de México, donde nos obligaban a pensar, a discutir, a levantar la mano, a protestar. Después estuve en un convento de monjas en Filadelfia, en Estados Unidos, y la educación era totalmente distinta. Era una educación dictada por la obediencia, la religión, ir a la capilla tres veces al día, el olvido de uno mismo y el espíritu de sacrificio. Creo que se define mucho por la cuestión cultural, por la educación.

TMG: ¿En términos generales, diría que la cultura francesa se caracteriza por la rebeldía, el cuestionamiento y la crítica?

EP: La cultura francesa se caracteriza porque le enseña a los niños a polemizar sin cesar, a no conformarse. Les enseña también a discutir. Uno en Francia critica sin miedo a la polémica, al enfrentamiento. Cosa que a veces no suele suceder desde luego en muchas escuelas en nuestro país. Pasan los años y los chicos le temen a la autoridad porque nunca se les enseñó a cuestionarla y, por lo tanto, a exigir.

TMG: ¿Acaso el hábito de la lectura fomenta realmente una sociedad culta?

EP: Antes que nada se tiene que fomentar la lectura y no sólo el libro. Me dio mucho gusto haber estado hace poco en Yucatán, donde la feria a la que asistí ya no sólo buscaba promover al libro sino que buscó realmente introducir a la gente en el acto de leer. Por ejemplo, en Francia hay bibliotecas por todos lados, toda una tradición. Hay una televisión donde encuentras, o encontrabas en mi época, programas como los de Bernard Pivot, donde se discutirían los grandes temas de la literatura de la época. Recuerdo ver a Carlos Fuentes en entrevistas hablando francés, a Vargas Llosa también y me encantaba ver cómo los jóvenes estudiantes realmente se interesaban por lo que escuchaban. Los veías haciéndoles preguntas, cuestionándolos con dureza, los desafiaban. Creo que es muy útil, pero todo eso tiene un origen, no es ninguna sorpresa. Algo que desgraciadamente no pasa tanto en México. Tenemos que seguir fomentando la lectura y no sólo el libro comercial, ocasional, que más se vende. Como sociedad, es fundamental que impulsemos y facilitemos el acceso al libro. En comparación, un libro en Europa se consigue a precios mucho más accesibles que aquí.

TMG: ¿Qué consecuencias puede traer un escritor sin conciencia social?

EP: Culturalmente a los mexicanos nos hace falta darnos cuenta de que somos parte de un todo y que no sólo es cada quién por su lado. Si bien el escritor no está obligado, yo sí creo que tiene una cierta responsabilidad con el lugar al que pertenece, pero eso se desarrolla muy personalmente y no por profesión. Muy adentro, yo creo que todo el mundo tiene un tipo de conciencia social. Vuelvo a mencionar a los franceses, una cultura que se caracteriza por ello, Marcel Proust siendo un gran ejemplo. Uno allá lucha por sus derechos individuales pero también por los de la comunidad a la que pertenece. Véanlo en cómo se movilizan. Una huelga en Francia es impresionante, está bien organizada y continúa hasta que logra su objetivo. También a veces vemos a los franceses luchar por situaciones totalmente ajenas a ellos. En América Latina, es absolutamente distinto y aunque esto ha cambiado con el tiempo, todavía tenemos mucho que aprender.

TMG: “Hoy en día los intelectuales se están extinguiendo” dijo alguna vez Mario Vargas Llosa. ¿Estamos en una crisis de “intelectualismo”?

EP: Hablando de México tenemos, a mi juicio, un intelectual absolutamente extraordinario: Gabriel Zaid. Es un hombre que además de intelectual es el que mejor ha escrito sobre los libros que México necesita. Él dice que hay demasiados libros y que hay demasiados escritores, en el sentido, yo supongo, de que él considera que hay muchísimos malos escritores. Además hace un análisis de la situación política del país. Escribió sobre el asesinato de Roque Dalton, un magnifico escritor salvadoreño, que bromeaba: “Pobrecito de mi país, nuestra capital tiene nombre de hospital; San Salvador…”. Zaid reportó muy bien sobre Dalton. Zaid hace de todo, lo admiro mucho. No sé si estemos frente a una crisis semejante pero es cierto que no hay suficientes como él.

TMG: Según Jean-Paul Sartre “un intelectual no es un político”. ¿Qué opina?

EP: Yo creo que François Mauriac fue político, inclusive Jean-Paul Sartre fue político, aún si hoy lo recordamos como intelectual. No todos eran personas que estaban físicamente en el poder pero todo el tiempo escribían y discutían sobre política. Me atrevería a decir que François Miterrand era alguien que representaba al intelectual y al político de manera simultánea. Hay hombres políticos que han sido grandes pensadores.

TMG: Tomando en cuenta que hemos comparado mucho a Europa y América Latina, ¿cómo piensa usted que influye el entorno cultural de una mujer sobre su propia visión del mundo?

EP: Una mujer tiene una visión del mundo a partir de su ser mujer. Una mujer tiene una característica única, que además alegan muchísimo los movimientos pacifistas en el mundo, que es ser madre. La mujer obviamente es pacifista, está en contra de la guerra, no quiere concebir a hijos para que se los maten en la primera batalla, entonces esa es la condición primera, primigenia, como el “caldo de cultivo” de donde sale la vida. La mujer es ese “caldo de cultivo”. Ni por equivocación quiere que hayan guerras pero claro que la mujer también, por casi obligación, libra sus propias batallas. Aquella para que no la hagan a un lado, para que le den las mismas oportunidades. Aquí en México es muy fácil ver porqué se repite con cierta frecuencia que en una familia el presupuesto decide un poco cuál será el destino de la mujer. Es decir, si tú eres mujer te vas a casar. Vas a pasar de la tutela del padre a la tutela del marido, por lo tanto no hay ninguna razón válida para invertir en tu educación. Tú vas a fabricar hijos. En una familia de clase media-baja el dinero es para los estudios del muchacho, del hijo y no de la hija, porque al final sería malgastar el patrimonio en ella. En Europa siempre ha sido distinto, la mujer es mucho más independiente. Afortunadamente, eso lo veo cada día más en nuestro país. Ahora ves que la mayoría de los estudiantes de filosofía y letras son mujeres, en las facultades de ciencia también. Ha tomado tiempo pero hemos ido evolucionando. Aun así, insisto que los casos de la mujer que se casa muy joven en México y que fácilmente pierde su posición para darle lugar al marido siguen siendo muy comunes.

TMG: Simone de Beauvoir dijo que “una feminista se autodenomine o no de izquierda, es de izquierda por definición”. ¿Qué le inspira esta frase?

EP: Hoy en día, lo que está ligado a fijarse en el vecino, fijarse en el “otro”, se llega fácilmente a confundir con ser de izquierda, sólo porque te preocupas por lo social. Dentro de ese contexto, pues sí, la feminista está lejos de ser rebelde por su propia causa. Lucha por algo común, algo que no sólo es de ella. En general, las mujeres que tienen cierta conciencia social son quienes mucho más fácilmente pasarán a la lucha política. Otras seguirán como Cayetana de Alba que sólo iba de un castillo a otro, de marido en marido, en un contexto mucho más conservador.

TMG: ¿Entonces se podría decir que es mucho más difícil encontrar a feministas dentro de las tradiciones conservadoras?

EP: Es una pregunta difícil. Ha habido muchísima hipocresía a través del tiempo, especialmente en las familias de clase alta del país. Temas como los del aborto, las relaciones sexuales antes del matrimonio (derechos que las feministas reivindican) eran pláticas y situaciones prohibidas. Hoy las chavas, incluso las de clase alta han logrado alivianarse gracias a un contacto con una sociedad más libre y, al mismo tiempo, han aprendido a protegerse debido a las nuevas oportunidades. Conforme al embarazo y todo eso, ya no es una tragedia hacer el amor. Está claro que en las familias conservadoras será más difícil encontrar a una mujer que no se deje imponer la tradición, ya que el peso de ésta puede llegar a ser muy grande. Aun así, yo hoy las veo más conscientes que en mis tiempos. Veo más mujeres reivindicadas que luchan por sus propios derechos y por los de la mujer en general, sin importar su origen socioeconómico.

TMG: ¿Qué mujer mexicana despierta en usted un sentimiento de admiración y plenitud?

EP: ¡Muchas, muchas mujeres! Sor Juana Inés de la Cruz, Rosario Castellanos, desde luego Frida Kahlo, un ícono formidable. Hay cantidad de mujeres significativas en México. En el campo de la ciencia, de la literatura, pero no hay suficientes. Estamos viviendo un momento importante en el país, hay muchas más chavas que deciden libremente no tener hijos hasta cierta edad para poderse dedicar a sus vidas profesionales. Estoy segura de que pronto veremos a más mujeres en posiciones clave y de gran influencia en este país, ya verás.