
Presentamos una selección de ficciones breves del libro Narciso, el masoquista de Armando Alanís, que publicará próximamente la editorial Cuadrivio
Olvidado
Mi familia está reunida en la sala. Nadie me mira ni quiere saber nada de mí. ¿Cómo explicarles que estoy vivo? Hecho cenizas y encerrado en una urna sobre la chimenea, ¡pero vivo!
Actor
Siempre le asignaban papeles secundarios, pero esta vez le propusieron el papel principal en una obra de Beckett.
–Serás Godot –dijo el director.
Breve historia de amor entre escritores
Fue más cuento que novela.
Monstruo
Estaba convencido de que en el espejo del baño vivía un monstruo que se asomaba al mundo cada mañana con cara de desvelado.
Últimos minutos
El juego estaba tan aburrido que apagó la tele y siguió con el poder de su imaginación los últimos minutos. Entonces cayó el primer gol.
Ruego
–Déjenme solo –les rogó.
Pero no se fueron. Esa cabeza era su casa.
Asesino
La maté sin usar ningún arma ni derramar una sola gota de su sangre: me olvidé de ella.
Sin alas
Hubo un tiempo en que podía volar. Ahora ya perdió las alas; sólo le quedan las plumas y repta por el borde de la escalinata, pirámide abajo.
La suerte de los fantasmas
Tras la muerte de todos los seres vivos, los fantasmas se habían quedado solos y tristes en un mundo vacío.
Como la vida
El ajedrecista se distrajo y perdió la dama. Se dio un tiro, harto de que el ajedrez se pareciera tanto a la vida.
Coloso
Tomé un crucero para visitar las islas griegas. Desembarqué en Rodas y contemplé los pilares donde el Coloso apoyaba los pies. Faltaba él. Un lugareño me informó:
–El gigantón se marchó hace mucho tiempo.
Amiga de bar
La conocí en un bar, bebimos unas copas, la llevé al hotel.
—Eres la mujer de mis sueños —le dije—, y en un parpadeo se esfumó.
Sala de espera
En la sala de espera, mientras otros hojean revistas, la Muerte lee el directorio telefónico.
Entrevista al boxeador retirado
–¿Cuál fue su rival más duro?
–Mi ex mujer.
Manco
Cuando quería aplaudir, daba manotazos al aire hasta que se acordaba de que sólo tenía una mano.
Sincera
Se mostraba tan amorosa y sonriente conmigo, sentada en mis rodillas, que me animé a preguntarle si se divertía tanto como yo.
–No, cariño –contestó–: aquí vengo a trabajar.
Sueño profundo
No duerme cada noche: se muere. Y a la mañana siguiente despierta como si regresara del otro mundo.
Y
La Y es un náufrago que pide auxilio en una isla desierta.
Espejo maldito
El espejo maldito, comprado en alguno de los viajes de mi juventud en una tienda de antigüedades, y del que no me atrevo a deshacerme, anticipa cómo será mi rostro dentro de veinte años. A los cuarenta, vi un rostro prematuramente decrépito. Ayer, una calavera.
El hombre invisible
II
–Nadie me hace caso, doctor –se quejó, acomodándose en el diván, el hombre invisible.
III
Era feliz porque los espejos no le hacían saber que estaba envejeciendo.
VI
Los guantes del hombre invisible son muy mañosos.
VII
Se dice que pasa las noches visitando en sus camas a las solteras del pueblo. Hasta hoy ninguna lo ha denunciado.
XIII
El hombre invisible y la mujer invisible se enamoraron. Fue un amor nunca visto.
XV
Se le culpaba de todos los robos, de todos los crímenes. Fue así como el hombre invisible se convirtió en fugitivo.