El libro de la imaginación de Edmundo Valadés

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Edmundo Valadés, narrador de pluma firme, se distinguió también como lector generoso. Durante años fue acumulando asombros literarios que, al final, decidió compartir en un libro que invita a llevarlo siempre con uno. El libro de la imaginación es una antología de más de cuatrocientos textos, editado por segunda ocasión bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, a propósito del centenario del nacimiento de Valadés. Por sus páginas navegan sueños, amores, fantasmas, la muerte, el cielo, el infierno… Imposible no caer en la tentación de presentar un puñado de esas inquietantes ficciones.


Página asesina
En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

Julio Cortázar, Historias de cronopios y famas

La prueba
Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces qué?

S.T. Coleridge

El cuento soñado
¿Y… si, como yo soñé haber escrito este cuento, quien lo lee ahora simplemente sueña que no lo lee?

Álvaro Menén Desleal, Cuentos breves y maravillosos

Escalofriante
Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean la puerta.

Thomas Bailey Aldrich, Works

Despertar
—¿Dice usted que esta casa no existe, que usted es un fantasma? ¿Pues dónde estoy?
—En el despertar de un sueño.

Nicio de Lumbini

Pregunta
¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable —por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.

James Joyce, Ulises

De “L’Osservatore”
A principios de nuestra era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

Juan José Arreola, Prosodia

Lágrimas
En sus Memorias, Alejandro Dumas dice que era un niño aburrido, aburrido hasta llorar. Cuando su madre lo encontraba así, llorando de aburrimiento, le decía:
—¿Por qué llora Dumas?
—Dumas llora porque Dumas tiene lágrimas —contestaba el niño de seis años.

Gaston Bachelard

Teoría
San Agustín se confesaba ignorante respecto a la razón de Dios para crear moscas. Lutero resolvió más atrevidamente que habían sido creadas por el diablo, para distraerlo a él cuando escribía buenos libros. Esta íntima opinión es ciertamente plausible.

Bertrand Rusell

El sol
Los ojebways imaginaron que el eclipse significaba que el sol estaba extinguiéndose y, en consecuencia, disparaban al aire flechas incendiarias, esperando que pudieran reavivar su luz agonizante.

James George Frazer, La rama dorada

La nave
Pero ¿cómo no se les ocurrió antes que la Tierra podía ser dirigida hacia una órbita propuesta de antemano y que así el hombre viajaría hacia cualquier lugar del espacio a bordo de su propio planeta?

Nicio de Lumbini

Sansón y los filisteos
Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan cómo le fue. Pero ya ven cómo le fue después a Sansón con Dalila aliada de los filisteos.
Si quieres triunfar contra Sansón, únete a los filisteos. Si quieres triunfar sobre Dalila, únete a los filisteos.
Únete siempre a los filisteos.

Augusto Monterroso

Compensación
Tres clases de personas no verán nunca el Infierno: los que han padecido las aflicciones de la pobreza, dolencias intestinales y la tiranía del gobierno romano. Algunos añaden: y el que tiene una mala esposa…

Eruvín, El Talmud

Teléfono
¡Qué bonita estabas ayer noche por teléfono!

Sacha Guitry

La Venus de Milo
¿Qué cómo, en fin, tenía yo los brazos? Verá usted; yo vivía en una casa de dos piezas. En una me vestía y en la otra me desnudaba. Y siempre ha habido curiosos que se interesan en ver y suponer. Ahora usted me querría ver los brazos. Entonces ellos querrían verme lo que usted ve. Y yo, en ese momento, trataba de cerrar la ventana.

Salvador Novo, Ensayos y poemas

A una mujer
En un tiempo te conocí, pero si nos encontramos en el Paraíso, seguiré mi camino y no daré vuelta la cara.

Robert Browning

Del aviso oportuno
Hombre joven, pobre, mediocre, 21 años, manos limpias, se casaría con mujer, 24 cilindros, salud, erotómana o que hable anamita. Escribir a Jacques Rigault, 73, boulevard Montparnasse, París 6.

En un diario parisiense de 1921

Otro tornillo
¿La pulquería es una reminiscencia oscura de la casa de rosas, el tablado de la farsa indígena, donde Xochiquetzalli daba de beber y de fumar a los dioses cazadores de pájaros, maestros de la cerbatana, cuando caían dulcemente fatigados?
—Asina se me hace, sí siñor, pero empújese asté otro tornillo.

José Gorostiza

Fórmula mágica
Dícese que uno puede volverse invisible invocando los siete planetas, la región de la tristeza, la cabellera bifurcada de las furias, el fuego azul de Platón y el árbol de Hécate.

Pompeyo Gener, La muerte y el diablo

Ingenuo
—Y fuera de esto, señora Lincoln, ¿disfrutó usted la pieza?

Carlos Monsiváis

Último Deseo
Esto no tiene remedio. Yo sé que me voy. Sólo quiero un último favor: que me sepulten en el cementerio de Montparnasse… Y si no es mucho pedir consiga usted una fosa contigua a la barda que da al bulevard, para que desde allí pueda yo descansar oyendo el taconeo de las muchachas de barrio…

Julio Ruelas, a Jesús Luján, en su lecho de muerte

Don
Un hada le había concedido el don de abrir cualquier diccionario justamente en la página donde se hallaba la palabra buscada.

Julio Torri

El pañuelo
La mitología malaya habla de un pañuelo, sansistab kalah, que se teje solo y cada año agrega una hilera de perlas finas, y cuando esté concluido ese pañuelo, será el fin del mundo.

W.W. Skeat

Creación
No era sino la primera noche, pero una serie de siglos la había precedido.

Rafael Cansinos-Assens

La muerte
Poned en mi tumba un bote salvavidas, porque uno nunca sabe…

Robert Desnos

Astucia
La más bella astucia del diablo es convencernos de que no existe.

Baudelaire

Ilusión
El hombre de un momento pretérito ha vivido, pero no vive ni vivirá; el hombre de un momento futuro vivirá, pero no ha vivido ni vive; el hombre del presente vive, pero no ha vivido ni vivirá.

El Visuddhimagga

Los perjudicados
El cielo es la obra de los mejores y más bondadosos hombres y mujeres. El infierno es la obra de los presumidos, de los pedantes y de los que se dedican a decir verdades. El mundo es un intento de sobrellevar a unos y a otros.

Samuel Butler, Note-Books

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Publicado en: Ciudad de libros