The Hunger Games (Gary Ross, 2012), primera entrega de la trilogía, es pan y circo. No en un mal sentido: las novelas de Suzanne Collins basan su premisa en la idea de distraer un pueblo hambriento y sólo aventar algunas migajas. No es de extrañar que la adaptación cinematográfica siga la misma línea establecida por Collins, un producto complaciente que sea capaz de vender y, sí, gustar.

No ha habido otra saga desde Harry Potter que busque un nicho grande de espectadores. Twilight, por ejemplo, no es el éxito que define a una generación de  jóvenes. Dudo que The Hunger Games llegue a ocupar el vacío de una saga impactante en esta década, pero tiene más argumentos para competir por un lugar. La recepción de la película ha sido buena y es, sin duda, el éxito del primer cuatrimestre cinematográfico. La búsqueda de un director decente para la secuela, Catching Fire, también habla de la seriedad que se ha tomado al proyecto.

The Hunger Games, para quienes se han escapado del cine hollywoodense, presenta a  Katniss, una adolescente de 16 años, que es obligada a competir en un reality show donde deberá asesinar al resto de los participantes, si es que quiere ganar. La recompensa es una dotación inmensa de comida que no viene nada mal a los respectivos ganadores: The Hunger Games está ambientada en un futuro distópico con trece distritos (las trece colonias estadounidenses) y una capital tiránica. La comparación con Battle Royale es inevitable, sin embargo hay diferencias notables que construyen cada historia. Creo, de manera muy personal, que The Hunger Games es un remix de Battle Royale con un sabor más fuerte a Orwell.

No olvidemos que The Hunger Games es, en su estado más natural, una novela rosa mezclada con thriller político, y así hay que ver las películas. No necesitamos ver escenas de muertes con aires a Kill Bill –aunque sí hay escenas muy sugerentes, el uso de la sangre no está sobre expuesto. Tengo varios reproches, la interacción de los personajes pesa muy poco y el ritmo es demasiado espeso en momentos que deben ser más ágiles. El movimiento de la cámara es terrible y puede ocasionar mareo, no funciona como herramienta narrativa para mostrar la inestabilidad del momento. Por lo demás, Jennifer Lawrence y Josh Hutcherson logran avanzar con el papel más grande que han tenido.

Quizá el acierto más grande de The Hunger Games sea capitalizar sus diferencias con las novelas de Collins. Aprecio siempre a un buen narrador en primera persona, mas las capacidades literarias de Collins son pobres, por eso el cambio a un narrador omnisciente sólo ayuda y mejora el desarrollo total de la trilogía. No creo que The Hunger Games sea la película que todos esperábamos el 2012, pero sí tiene posibilidades de trascender, incluso si la suerte no está siempre de su lado. Joaquín Guillén Márquez (@joaguimar)