A Elvira Mignoni

 La Galería Central del Museo del Prado (aquella que alberga a Tiziano, Tintoretto, Rubens, Velázquez y demás) está ocupada a partir de la semana pasada y durante seis meses por diez cuadros de Pablo Picasso provenientes del Kunstmuseum de Basel. La presencia de éstos resulta incomoda porque revive una pregunta que, desde hace años, resuena entre bambalinas en el mundo del arte español: ¿debería Picasso estar en el Prado?

El cuestionamiento es relevante puesto que tras de él subyacen otras muchas discusiones de gran calado y muy diversa naturaleza: ¿Cuál es el papel que debe fungir el Museo del Prado? ¿Exponer el arte clásico, a los grandes Maestros: aquellos sin cuya intervención el estado actual del arte sería otro? ¿Qué hace que un artista se convierta en clásico? (Aquí, por supuesto, aparece la manoseada pregunta: ¿qué es un clásico?) ¿Qué distingue a un artista moderno de un clásico? ¿Y de un contemporáneo? ¿Qué es Picasso: clásico, moderno o contemporáneo? ¿Qué lugar debe ocupar en la historia del arte? Que finalmente nos lleva a: ¿dónde y cómo debe ser expuesto?

La relación entre Picasso y su obra con el Prado es bien conocida y se han escrito espléndidos textos sobre ella. Se sabe bien que, desde niño, de la mano de su padre, Picasso recorrió sus galerías. Sus primeros cuadros, cuando tenía no más de quince años, fueron adaptaciones de obras que formaban parte del Museo. La compleja relación artística que mantuvo con el Greco, Velázquez y Goya, a los cuales conoció y estudió en el Prado, ha sido continuamente señalada. Nadie ignora tampoco que en 1936 el gobierno de la Segunda República lo nombró director del Museo.

"Los dos hermanos" de Picasso en la galería central del Museo del Prado. http://cultura.elpais.com/
“Los dos hermanos” de Picasso en la galería central del Museo del Prado. http://cultura.elpais.com/

 

Estos elementos son secundarios y constituyen una débil justificación para que Picasso forme parte de la colección del Prado. La razón para que ingrese al Museo más importante de España, en realidad, es sólo una: Picasso es ya, por su obra y la repercusión que ésta ha tenido en el arte que lo precedió, un clásico. Sin lugar a dudas, se podría afirmar que de hecho es el último gran Maestro del arte retiniano (Duchamp), aquel que tiene que ver con la vista y no la mente, puesto es quien lleva a sus límites (y clausura) esta forma de entender el arte. En este sentido, Picasso debe ocupar el espacio que le corresponde y, con ello, hacérsele justicia del lugar que ocupa en la historia del arte.

Adenda. Hay una pieza que sería la idónea para la incorporación de Picasso al Prado: el Guernica. Hay que decirlo: la idea no es mía, sino del mismo Picasso. Éste expresó firmemente la voluntad de que el famoso cuadro debería permanecer fuera de España hasta que se volviese a instaurar la democracia y, que cuando eso sucediera, tendría que ser trasladado al Museo del Prado. Su voluntad, como sucede la mayor parte de las veces, se cumplió a medias. Tal y como lo había pedido el artista, el Guernica fue resguardado en Nueva York (en el MoMA) durante el franquismo. Sin embargo, al volver el cuadro a España en 1981, tras el regreso de la democracia, no fue expuesto propiamente en el Prado, sino en su anexo: el Casón del Buen Retiro. Alguien logró así burlar sutilmente la voluntad de Picasso: el Guernica estaba sin estar en el Museo del Prado. Casi diez años después, en 1992, el Guernica fue trasladado a su actual ubicación, el entonces recién fundado Museo Reina Sofía. Es incuestionable que en estricto sentido cronológico la obra de Picasso corresponde a dicha institución dado que ahí se expone el arte de siglos XX y XXI, pero repito mi argumento: lo central es que ocupa ya un lugar entre los grandes Maestros, y por ello debe estar en el Prado.

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Publicado en: Curadero