Las fiestas de disfraces en Halloween o Noche de Brujas son cada año más populares entre los jóvenes privilegiados de la Ciudad de México. Las temáticas de éstas han trascendido a tal grado, que la celebración del Día de Muertos ha adquirido nuevas formas de festejo relacionadas con brujas, fantasmas, calabazas y un sinfín de símbolos adoptados de la cultura de Halloween (lamentables reflejos de nuestra sociedad que privilegia tradiciones foráneas a las locales). El año pasado, yo y un grupo de amigos decidimos asistir a una de estas fiestas organizada por algunos alumnos de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México Sin tener previo conocimiento del tema, nos aventuramos sin disfraz y conseguimos un boleto, por el cual pagamos alrededor de 150 pesos.
Llegamos a una puerta en Polanco, distinta a las demás de la zona en donde un hombre vestido de negro cuidaba la puerta, permitiendo el acceso solamente a aquellos que mencionaran un nombre escrito en el papel que sostenía en la mano. Entramos. Confundidos con la temática del lugar, decidimos examinar y dar una vuelta para entender lo que estaba sucediendo. Después de un momento de extrañeza, fue mejor preguntar de qué se trataba la fiesta. Con un tono de burla la respuesta fue “ser naco”. Sí, la idea era que todos se disfrazaran de “nacos”.
Completamente desconcertados comenzamos a ver los detalles del lugar y observar a la gente para comprender lo que se entendía por el término. Después de unos minutos de observar encontramos que para esta élite de jóvenes educados la palabra “naco” se traduce en vestirse con un uniforme de empleada doméstica (claro que si el uniforme resulta ser un vestido de color rosa y lo está usando un hombre es aún más chistoso), fingir ser una mujer que trabaja en la merced pintando uñas y cortando “el cabello” (énfasis en esta palabra utilizado por la joven a la que le preguntamos de qué era su disfraz), usar vestidos de quinceañera (que combinaban con las decoraciones de globos y manteles de plástico de la fiesta), parecer franelero o limpia-parabrisas, chofer, entre algunos otros.
En cuanto a las demás características de la fiesta, la comida ad hoc a la temática eran los tacos de canasta y la música indicada aparentemente eran canciones rancheras, norteñas y un poco de reggaeton (canciones con las que todos bailaban emocionados y parecían cantar). Todo esto resultaba completamente hilarante para los invitados que tomaban muy en serio el papel que habían escogido y comían felices sus tacos de canasta con la mano, que por más “nacos” que parezcan nadie puede negar lo deliciosos que son. En ningún momento de la fiesta dejamos de estar impresionados, sorprendidos y alterados por lo que presenciábamos, cargados de preguntas de por qué algunos de estos trabajos dignos y sus particularidades eran definidos con un adjetivo en un tono despreciable o deshonroso, y al mismo tiempo, eran causa de risas.
Conforme avanzaba la noche más decepción sentíamos. Para este grupo de jóvenes privilegiados, educados, para estos “chavitos bien” resulta divertido y chistoso vestirse como las personas que tienen trabajos (al parecer indignos y sucios) menos remunerados y que pertenecen a una clase social distinta a ellos. Acostumbrados a no lavar su ropa, tender su cama, preparar su comida, lavar sus platos sucios, limpiar sus escusados, entre muchas otras actividades que construyen su acomodado día a día, estos jóvenes se sienten con el derecho de ver hacia abajo a cualquiera que haga estas tareas por ellos. ¿Por qué ser una empleada doméstica o un chofer o una estilista es visto como algo despreciable?
Qué tristeza la de aquella noche. Quizás pensábamos, ingenuamente, que ésta sería la generación que cambiaría a México, que tantas innovaciones tecnológicas y nuevas oportunidades distintas a las de nuestros padres darían una perspectiva fresca, sin tantos prejuicios clasistas que lo único que hacen es fomentar la fragmentación de una sociedad que ya está increíblemente dividida. Una generación que entendería que crecer en un entorno privilegiado es pura casualidad y que el racismo está mal desde cualquier punto, que discriminar por tonterías como comer tacos de canasta (que ellos mismos disfrutan) está inmerso en la idiotez y que este tipo de prejuicios son verdaderamente dañinos. Ésta es la mentalidad y el reflejo de algunos de nuestros jóvenes universitarios, futuros empresarios, funcionarios de gobierno, padres de familia…
Al mismo tiempo, los asistentes de la fiesta nos pusimos a pensar sobre el significado de esta palabra que, seguramente, todos hemos escuchado y que se ha convertido en parte del lenguaje chilango, ¿cuántas veces no hemos escuchado “que naco eres wey” o “eso es de nacos”? Entonces, contradictoriamente, el adjetivo es la temática de una fiesta y también una constante preocupación de algo que no quieres parecer o ser. La temática es lo suficientemente amplia para analizarla desde distintas percepciones. Sin embargo, la falta de reflexión y visualización de estos pequeños fenómenos inmiscuidos en lo cotidiano de un pequeño sector de la sociedad contribuye a promoverlos, por lo que vale la pena pensarlos.

Sin ninguna duda creo que las consecuencias de la impunidad, corrupción, crimen y en general cualquier otra injusticia humana están directamente ligadas con la ignorancia, si bien la economía se podría pensar que es el primer factor que desarrolla como consecuencia una educación optima, este es un ejemplo claro de que la pobreza del “Mexicano” es solo mental y recalco Mexicano porque hay otros países donde las clases sociales no generan prejuicios tan elevados o por lo menos no los comparten con el mundo como nuestra sociedad. No tengo problemas entre las distinciones y parodias entre “nacos” y “fresas” pero si cuando los tiros se dirigen a menospreciar y ofender a la cultura indígena ya que esta falta es palpable cuando se le niegan sus garantías civiles a estas personas consecuentes de una pobreza económica (obviamente a ningún fresa en el poder le interesa esta temática).
Podría comenzar una crítica a esta crónica diciendo que “es muy pobre”, pero se me acusaría de clasista, según infiero los criterios del autor. Entonces le diré simple, porque simplona también suena racista; y, ¿por qué? Más allá de limitarse a designar lo obvio, la redacción tiene tantas contradicciones que suena propio de ficción barata de un preparatoriano con mucho resentimiento social porque la chava que le gusta se fugó con un junior, JAJAJA ¡oops! de nuevo cometí un acto de discriminación, pero al igual que en la crónica, no hay sino un juego con personajes estereotipados, ficticios: la clase alta enunciando su desprecio al sacro proletario, contradicción eterna, problema social con muchos matices e interpretaciones, eso no es lo ficticio, el problema es que Dickens volvería a morir sí leyera esto (chiste local); pero de dónde sacan -“asegún”- los personajes de “naco” estos “fresas”, de la televisión, no hay otra. Por más chairil que suene este comentario, son los años y años de telenovelas, talk shows y teletones, que el imaginario mexicano está inmerso en la idea del disfraz de sirvienta, de taquero, de chófer, de pobre, de “naco”. Somos millones de mexicanos que salimos día a día a lucha por la supervivencia, que un discurso cliché no afecta a nadie, es gracioso burlarse de ser naco, de ser un personaje mitificado y de ser la temática de una fiesta. La contradicción se vuelve diálogo, sí tanto duele que haya una fiesta para disfrazarse de naco, no resulta tan atroz como legitimar el aislamiento de estas “clases sociales” en un código de comportamiento especifico, con medida en la alta cultura y cerrado a lo popular, a lo naco. En fin, ya me hice bolas solito, espero le cachen mi punto, saludos.
En total deacuerdo con ROSENDO, me parecd que tu comentario fomenta la ignorancia, te recuerso que en el mundo existen sociedad que no son clasistas cómo en México, sobre todo por este comentario: “Un discurso cliché no afecta a nadie” mentira!, de ser así las teorías discursivas son caprichos de una élite académica, pero el discurso es importante, se hace daño y mucho.
Te recuerdo que México es más diverso que la realidad de un programa de TV. Te recomiendo apagar el tuyo y viajar, no como turista, por Mėxico.
“Naco”, creo entender, es como se les llamaba a los indios que, después del milagro mexicano, llegaban a la gran ciudad del campo. En ellos, los distintivos de ese cambio traumático: uso de ropas donde no; uso de palabras donde no; la confusión de los usos y costumbres en la Ciudad. El “naco” es así el que carece de educación cosmopolita, una distorsión en el uso de las cosas cuando se quiere aparentar algo. Una falta de educación no implícita, por supuesto, en la condición de ser pobre, como nuestros burgueses quisieran. En realidad nuestros burgueses de la ciudad –que con dificultad usan la tilde en los apellidos–,aquellos que quisieran ser parisinos o ¿americanos?, son los verdaderos “nacos”, si uno es estricto.
Para mí ser naco es precisamente ser como ese tipo de chavos mal educados y racistas. Naco no es igual a pobre o de la clase trabajadora, es gente prepotente y sin gota de educación.
Esta crónica es justamente el retrato de la “élite” que vendrá…aquí lo peligroso no es la manifestación idiotizada sobre conceptos como “naco” que es tan superfluo como el de “gente bien” es tan variable como carente de sentido ontológico al creer que existen estos tipos de personas, tanto las que se auto-califican y catalogan por tener un buen gusto o cultura como a los que clasifican de no tenerlas, es entonces que surgen los orgullosos “mirreyes” y “lobuquis” que no son otra cosa que adornados parásitos que tienen una vida cómoda, así como los jóvenes que tienen que trabajar y madurar ya desde su pubertad, pero en México se valora lo que tengas, cuanto tengas sin importar de como lo obtuviste, (esto opera para cualquier edad o género del mexicano) las redes sociales potencializan este afán de exhibicionismo, y al final tenemos como resultado una caricatura mal lograda de la culturiza gringa basada en calabazas y zombies… y claro con algunos dulces de a peso en la cabecita de la “gente bien”.
no hay nada mas naco que ser decente, ni nada mas decente que ser naco. La naquez es auténtica, es neta, es chida. Todo lo demás es tan predecible que cae en lo naco.