A propósito de la discusión sobre el disfraz y sus implicaciones, esta entrevista a Luigi Amara discute con el autor el significado y lugar que han tenido las pelucas en la historia a partir de su libro Historia descabellada de la peluca (Anagrama 2014).
La peluca es una muy buena imagen para definir el discurso de la modernidad y la posmodernidad: algo que nos pone en riesgo y que dimita lo que conocemos como normal. La peluca como símbolo de nobleza, como símbolo de justicia, como prótesis para el enfermo o por una cuestión de belleza. Es un objeto que va a durar mucho más que su dueño por el material del que está hecho pero cuyo contexto, limita no sólo el significado, sino también el significante. ¿Qué suerte tiene la peluca?
A mí me interesaba la peluca por todo eso que simboliza, pero también por las distorsiones que introduce. Si uno quiere ser hippie y confiar en el discurso de los cabellos, uno fácilmente puede disfrazarse de hippie gracias a una peluca y deslizarse entre los hippies. Lo mismo podríamos decir sobre las distinciones de género, con la idea de que la cabellera es símbolo de fuerza, los varones esto desde Sansón. Uno se pone una peluca y tergiversa todas esas asociaciones, esos lugares comunes alrededor de la apariencia y de la naturalidad del cuerpo. Entonces me interesaba porque es un elemento tanto del disfraz como de la búsqueda de ser tú mismo. Puede servir tanto para encontrarte como para ocultarte. En esa medida encontré que la peluca es un objeto con múltiples significados, y que era una especie de orificio, de ventana, para acercarse al enigma de habitar este planeta. Entonces yo dije, es casi una puerta de entrada inadvertida para plantear muchos problemas.
Al mismo, tiempo las prótesis terminan siendo parte de uno mismo. La peluca es como otras prótesis se vuelve una parte constituyente del propio sujeto. No es un objeto simple. ¿Cómo lo ves tú?
La incorporas a tu identidad y, además, trastoca tu identidad de algún modo. Cuando empecé esta investigación que fue hace muchos años, 10 años tal vez, empezamos a hacer fiestas de pelucas. En lugar de una fiesta de disfraces, el requisito es que llegues con tu peluca. Y es muy curioso como aunque está tu rostro, aunque no ocultas tu rostro, hay un desvío, un desfase con quien eres, con tu identidad. Entonces suelen ser fiestas muy alocadas. Justamente pienso que la peluca es algo más que una prótesis. Uno puede recurrir a la peluca por calvicie y decir: “tengo la necesidad de enfundarme estos pelos artificiales o estos pelos ajenos para suplir esa carencia”. Esto es lo que hace un poco la prótesis, pero la peluca va mucho más allá porque la peluca desde hace mucho tiempo, desde su origen, ha sido usada para una variedad de intereses que superan la prótesis, eso lo vuelve mucho más interesante. Es raro que uno se ponga una dentadura postiza, a menos de que quieras una dentadura de Drácula en una fiesta de disfraces, en cambio, la peluca se usa aún cuando no la necesitas o no la necesitas para una carencia realmente fisiológica.

Se distinguen dos tipos de necesidades, una funcional y otra que es simbólica. La peluca es algo que se puede categorizar y ser un pedazo de plástico hecho con la tecnología de punta para alguien que no tiene pelo, o algo que pueda dar cuenta que se está dando un mensaje.
Ese es el uso que le daban los dandis, Baudelaire con su peluca azul por ejemplo, o más cercano en el tiempo, la peluca de Andy Warhol. Si uno ve la peluca de Andy Warhol, sobre todo ya en los años 80, es una peluca que no pretende pasar inadvertida. No es el bisoñé vergonzante que usaba Salvador Novo para no mostrar que ya se había quedado calvo. El propio Salvador Novo sacaba sus pelucas, dicen que se iba a la Lagunilla los domingos con sus pelucas rosas, verdes y de todos colores. Eran también muestra de que tenía una doble vida, él quería disfrazar su calvicie con el bisoñé pudibundo y al mismo tiempo se alocaba, como era Novo. Ahí creo que se ve claramente la diferencia. El discurso de la peluca no sólo es múltiple, sino muy resbaladizo y uno no sabe bien como asirla.
Obliga a ir al contexto para encontrar el por qué de la peluca, pues no es un objeto inmutable…
Es interesante, porque a mi me pareció que es un tema poco explorado. La investigación duro tanto porque no es que uno vaya a la biblioteca y haya un apartado de pelucas, tienes que ir haciendo las lecturas pertinentes para ir armando esta investigación. Pero claro, la peluca también ha significado poder, ha significado imparcialidad, ha significado relajación de las costumbres. En la Roma imperial empezó una fiebre de las señoras ricas para usar lo que era considerado pecaminoso, que era la peluca rubia para designar a las prostitutas.
La peluca ha tenido tal gama de significados y usos que no es que sean de otras épocas, de repente no nos damos cuenta, pero las pelucas siguen vigentes hoy no sólo como prótesis. Me acuerdo del mundial de Brasil, transmitían las gradas y, si ustedes se fijan, yo digo que un 30% de la gente va con peluca al estadio. ¿Por qué? No sabemos. Puede ser que por los colores, para identificarse en un momento de fiesta, por muchas razones. La peluca no está empolvada, simplemente tal vez ha cambiado su papel. Intenté explorar también ejemplos muy contemporáneos como el de Andrea Agassi donde se muestra que la función de la peluca no ha pasado. Seguimos en la era de la peluca.
La peluca se convierte en el diagnóstico o por lo menos en el síntoma de todo el cambio de la modernidad a la posmodernidad. ¿Cómo se te ocurrió la peluca?
En realidad uno nunca sabe muy bien cómo se le ocurren las cosas, porque es un poco como de intuiciones de lo que vas viendo, oyendo y sintiendo. Pero básicamente empezó porque me empecé a dar cuenta de que el pelo lo utilizamos de muchas maneras. Lo utilizamos para seducir, es típico que estas frente a alguien que te gusta y uno inconscientemente se toca el pelo, una chica se lo abulta. También está el pelo como símbolo de desorden, si uno quiere una imagen de rebeldía, usa el pelo. Me empecé a dar cuenta que es el elemento más dúctil, más maleable que tenemos y con el que jugamos, bueno, la bombina, es algo bastante obvio si se quiere. Me di cuenta de que la fuerza y la importancia que le damos al cabello en la vida cotidiana no tenía parangón con la importancia que le damos conceptualmente. Me di cuenta de que no habíamos pensado el cabello y en particular, no habíamos pensado la peluca, y aunque ya investigando te das cuenta de que siempre ha habido acercamientos y hay textos, me di cuenta que había una asimetría entre la importancia concreta del cabello y su desdén como objeto de pensamiento. Eso fue lo que me llamo más la atención.
¿Nos podrás contar más del proceso de escritura? ¿Cómo fuiste trabajando este proyecto?
Me tardé diez años porque sabía que, por ejemplo, tenía que ir en algún momento a la Biblioteca Nacional de Francia y no era como si mañana me voy. Cuando ya se organizó el viaje a París dediqué a estar varios días en la biblioteca y mientras tanto iba atando cabos. Por ejemplo, me entero de que la greña supuestamente rebelde de Agassi era un postizo y para investigar eso hay que leer la autobiografía de Agassi y también las noticias de cuando reveló que era postiza y luego ligarlo con Sansón. Son lecturas de las que tal vez para escribir un ensayito de cinco páginas tienes que leer seis libros y varios artículos. Es un proceso lento en esa medida porque yo no pretendía hacer una historia en sentido estricto, una historia erudita, sino más bien lo que me interesaba era pensar algo que hemos pensado poco. Duró diez años porque uno de los primeros textos que escribí, que es el de la peluca de Andy Warhol, es de hace diez años realmente.
¿Cuál es tu peluca o historia de peluca favorita? ¿Cuál es la peluca a la que le tienes más cariño?
Algo que me interesaba hacer en el libro era hacer ese tipo de libros misceláneos usados en la Roma Imperial, como los libros de Claudio Eliano, que era como una suerte de mosaicos y de curiosidades. Pero lo que yo quería era, más que las solas curiosidades, complementarlo con reflexión. En ese sentido, creo que la que más me fascina –por las posibilidades que implica– es la peluca que se hacía con vello púbico. Era todo un ritual casi libertario, erótico. La idea de que hubiera un club alrededor y el noviciado consistía en aportar un poco de vello púbico y todo mundo lo entendía como un símbolo de fertilidad. Que eso haya existido me parece fantástico. Seguramente esas pelucas deben estar perdidas pero deben de ser unas reliquias licenciosas fantásticas.
¿Y las pelucas en México, dónde están? ¿Hay alguna particular?
Lo más célebre serían las pelucas de Salvador Novo. También pensé mucho en la relación de la máscara contra la cabellera en la lucha libre. Por ejemplo, ¿qué significaría si un luchador usara peluca? Como pone en juego su cabellera, todo se desnaturalizaría. También está un poco la relación con los penachos. Los penachos eran como protopelucas y cumplían la función de impresionar por su colorido, pero convertirse entonces en un emblema de poder, de fuerza y de dominación de una jerarquía. También lo cumplieron las pelucas en alguna época: en la Francia de Luis XIV y XV era un emblema de aristocracia, de poder y de dominio. Creo que esa relación es muy clara con el arte plumario en México. Creo que México tampoco es un país muy “peluquil”. Me acuerdo que de niño, mi madre tenía una peluca en su closet, tenía sus cajas y su peluca. En los años sesenta y setenta se acostumbró mucho, a lo mejor ahora no tanto.