Identidad, derechos humanos y la literatura de Pablo Simonetti

Pablo Simonetti es un escritor chileno, ferviente activista de los derechos de la comunidad LGBT de su país a través de la Fundación Iguales. Su última novela La Soberbia Juventud, publicada hace unos meses por Alfaguara, narra justamente la lucha de Felipe Selden, un joven acaudalado que enfrenta a su familia y a su entorno para encontrar ese reflejo al espejo que le otorgue una identidad. Aquí una conversación con Simonetti sobre esto, su trabajo y la lucha en favor del respeto de los derechos más básicos de cualquier individuo; aquellos que afectan quienes somos.

elasombrario.com
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Quería preguntarte sobre la lucha de los derechos humanos. Es triste que parece interminable, que no avanzamos…

Se avanza lento. Nosotros en Chile estamos experimentando esa falta de priorización de un tema que es tan fundamental, porque aparecen otros temas que a la luz pública parecen más importantes. En Chile estamos discutiendo grandes reformas – presupuestales, tributarias, educacional, constitucional – pero yo creo que cualquier sociedad se constituye del respeto al espacio propio y a la identidad de sus componentes y de las personas que la forman. A mi me parece como una tarea anterior, incluso, a estas grandes reformas, porque son personas que tienen sus derechos humanos complicados. El gobierno de Bachelet se planteó una agenda ambiciosa en estos temas, pero nos hemos enfrentado a la lentitud legislativa y también a la priorización del gobierno, pues tiene prioridades políticas que se van dando por la contingencia y la situación política, y el tema de los derechos humanos queda pospuesto. De ahora en adelante, nosotros vamos a entrar en un camino bastante más agresivo para lograr que se planteo este gobierno. Si tú quieres hablar en un nivel general, pues claro, en este momento estamos experimentando cierto retroceso. En lugares como África, sobre todo, una gran influencia evangélica está haciendo que algunos países pasen leyes contrarias a los derechos humanos de la diversidad sexual. Conocemos los atropellos de los derechos humanos de las mujeres, también en esa zona del mundo, y la zona de influencia soviética se ha vuelto bastante regresiva respecto de la diversidad sexual…

 Esto que dices sobre los gobiernos, parecería increíble que todavía muchos estén influenciados…

Depende mucho de las situaciones políticas y la situaciones jurídicas de cada país. Por ejemplo, Colombia ha dado pasos agigantados, pero el matrimonio entre un hombre y una mujer está establecido en su Constitución y eso ya es prácticamente imposible de remover. Se está recurriendo a trabajo jurídico de manera que no se deba modificar la Constitución. Claramente aquí hay un adversario frente a los derechos humanos de la diversidad sexual, que fue el mismo adversario frente a los derechos de los hijos nacidos fuera del matrimonio, que fue el mismo para el divorcio, para la despenalización de la sodomía o los derechos de las mujeres. Y es que las iglesias, en nuestro caso, la católica y evangélica; en el caso del Medio Oriente, la musulmana. Las religiones monoteístas atentan directamente contra los derechos humanos, sobre todo, el respeto, que es lo que yo trato en mis novelas: que es el respeto al espacio propio, al espacio sagrado de las personas como lo es su intimidad, su identidad, su lugar en el mundo, la manera en que se definen ante la vida. Yo lo llamo ‘espacio propio’, porque creo que es poco mayor a la identidad y está siempre amenazado por estas religiones monoteístas que tienen un discurso que dije que hay una sola manera de vivir la vida y es la que nosotros decimos que Dios impuso; pero es una interpretación de la escritura bíblica que ellos hacen para establecer un control sobre la mujer, sobre la diversidad sexual y mantener un status quo de algo que claramente, a ojos de cualquiera que esté atento de lo que esté pasando en el mundo occidental, se ha resquebrajado por completo toda la visión de los modelos de género, de masculinidad y feminidad… y sexualidad.

 Ésa es de las grandes virtudes que tienen tus novelas. Se convierten en una motivación para quién las lee. Hace poco, el discurso que dio Emma Watson en la ONU y que nos hizo recordar el que dio Ellen Page cuando recibió un reconocimiento y en el que habló de su sexualidad de forma abierta. Seguramente habrá jóvenes que al verlos – los discursos – se habrán sentido reconfortados. Lo mismo cuando se leen tus novelas…

 Yo creo que mis novelas, lo que logran es que las personas refuercen la idea de que hay un espacio en que ni el Estado, ni la religión, ni el dinero pueden entrar; y que es tu propio espacio, que es tu verdadera sacralidad y no la que te dice la Iglesia o lo que creen que el Estado se puede meter en tu vida privada. Por eso pienso que mis novelas tratan siempre de este conflicto del espacio propio de la identidad, y que tienen tanta resonancia en Chile y otros países, porque se siente liberada de estos poderes fácticos y vuelven a rescatar el valor de individualidad y no del egoísmo. Fíjate, en Chile lo que está pasando con el movimiento estudiantil: es una revelación de la individualidad de los jóvenes que están pidiendo un proyecto comunitario, que es tener educación pública gratuita y de calidad… y laica, importante; pero eso es para que pueda ser uno como quiere ser. Y ahí está la conexión, no sólo es darles esperanza, sino también mostrarles que el respeto del espacio propio y la identidad es un camino de realización personal, de proyección profesional, amorosa. Si uno no tiene ese lugar para sí mismo, ese lugar donde uno se siente cómodo y dice ‘este soy yo sin imposiciones de nadie’, es muy difícil después crear situaciones de pareja y vida comunitaria…

 Las decisiones que tomas en tu vida cuando no te sientes bien…

Afectan todo, afectan tus relaciones de amor, tus relaciones de trabajo, tus relaciones de familia… incluso tu pensamiento político. El primer libro que publiqué en 1999, “Vidas Vulnerables”, ya se trataba de eso; ahora estoy terminando una novela que se llama “Jardín”, que yo pensé que sería de sobre las relaciones de poder al interior de la familia, pero después me di cuenta que jardín es la mejor metáfora para el espacio propio, para tu lugar en el mundo, para tu identidad. Un jardín es un lugar que tú tienes que cuidar, que tienes que podar, que fertilizar y abonar. Al mismo tiempo, es un lugar donde sentirse tranquilo, es un lugar de contemplación.

Los individuos nos hemos revelado frente a estos poderes que están ahí dispuestos ahí desde siempre para normar nuestras vidas. Incluso, todo el tema de participación ciudadana en política, las protestas; esto de pedirle a los poderes, tanto a la Iglesia como al Estado o a las empresas. En Chile, por ejemplo, se ha destapado en este último tiempo muchísimos escándalos de empresas por colusión de mercado; todo lo que ha surgido en torno a los abusos sexuales al interior de la Iglesia. Todo el control social que existe ahora sobre los gobernantes, es algo que es un cambio de paradigma. Antes eran ellos los que dictaban las normas por las cuales los demás nos regíamos. Ahora son ellos, los poderes fácticos, quienes tienen que regirse por las normas que la sociedad les impone. Es un proceso, y pueden pasar muchos años. Es increíble que haya países en que los derechos humanos se atropellen de forma tan flagrante y que no haya una reacción internacional. Pero de que hemos cambiado, no hay ninguna duda.

 

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Publicado en: Ciudad de libros, Entrevista