Es una actividad. Es pasar la vista por lo escrito o impreso. Ver y seguir una secuencia de signos, entendiendo su sentido, dice la Real Academia. Voltaire creía que leer, así como danzar, es símbolo de paz. Es válvula de escape, según Paul Auster. Es eso que se hace con la magia, diría tal vez Stephen King. “Lee, lee, lee” –nos grita aún Faulkner. Es como pasar y ser un río, me parece que Rulfo diría. Borges una vez escribió que leer es una las formas de la felicidad, pero a nadie se le puede obligar a ser feliz, agregó antes de ponerle punto y luego olvidar. Leer no es conocer a otro autor, no es pasar la vista, no es un encuentro con signos, corregiría beligerante Proust: leer es, llanamente, encontrar. Encontrar lo perdido, encontrarse a uno mismo. Milosz, poeta polaco que sobrevivió la Segunda Guerra, confiaba más en leer que en cualquier psiquiatra moderno. Nadie para él, como leer, mitiga el dolor y la miseria.
Pero no todos piensan cosas bonitas. Hay quienes condenaron y condenan leer por sus peligros. Es como poner una espada desenvainada en manos de un niño, dicen que pensaba Clemente de Alejandría. Quizá también eso pensó quien sea que mandó quemar aquella Biblioteca. Shih Huang Ti, emperador Chino, no sólo mandó construir la Gran Muralla China y los Soldados de Terracota, también ordenó que se quemaran todos (¡todos!) los libros existentes anteriores a él. Leen los tontos, yo escuché una vez, los que nunca pueden pensar por ellos mismos, los que no tienen amigos o nada que hacer.
Imaginar, comprender, encontrar, sentir, pensar, oler, saborear, viajar. Es encuentro y felicidad. Es mejor –y más- barato- que cualquier terapia. Es peligro, es espada. Todo esto es leer. Muchos, grandes y cultos lectores o no, creemos saber a qué apunta esa palabra cuando nos la encontramos. Es eso que hacemos con los ojos, de izquierda a derecha, del título al punto final. Leemos los señalamientos cuando estamos atrapados en el tráfico, los letreros que nos advierten que “se ponchan llantas gratis si nos estacionamos”, las notas que cuentan los chismes de futbolistas y famosos. Tratados, ensayos, sonetos, leyendas, periódicos, revistas o la caja de nuestro cereal.
Pero, otra vez, ¿qué es leer?, ¿con qué lo hacemos? ¿Cómo pasa que entendemos esos montones de signos? ¿Cómo de algo que parece tan muerto, algo que definitivamente no es un ser vivo como un libro, salen tantos calificativos y definiciones? De pequeños nos enseñan todas las letras, vocales y consonantes, una a una, aprendemos su trazo y su pronunciación. Luego vienen las palabras, de las más sencillas a las más complicadas. Primero leemos en voz alta y luego nos vamos entrenando en el arte de hacerlo en silencio.
Leemos con los ojos, dirá algún escéptico simplista. Pero leer es mucho más que sólo ver. Vemos los árboles, el cielo, la luna y el día entero pasar. Leer no es ver y soltar, leer no es dejar pasar. Leer no es nada más mirar y reconocer caracteres aprendidos. Leer es unir. Cuando lo hacemos, articulamos unas letras con otras, vocales con consonantes, nombres, adjetivos y verbos. Como el crochet con hilos de angora y aguja del número tres; leer es tejer palabras. Esas miles de tipografías impresas toman sentido en otra parte distinta del libro, mucho más allá de nuestras pupilas. Es eso que pasa cuando los simbolitos de las palabras “amor”, “muerte”, “vainilla” o “amarillo”, dejan de serlo y nos vienen mil imágenes y hasta recuerdos a la cabeza. Cuando comprendemos y “vemos”, no con los ojos sino con algo más, a qué apuntan todas ellas. Cuando imaginamos el escenario; vemos a Calipso, los cíclopes y a Penélope, cuando vemos a Rocinante, a Sancho y los Molinos Gigantes.
Leer es una cosa bien especial que por suerte no sabe discriminar. A los doctores en letras, a Proust, a Juan Pérez, a ti, a mí, a todos nos puede pasar. Es un vaivén entre el aquí y el quién sabe dónde. Con los puros ojos no es posible hacerlo. Una simple disección y cuidadosa descripción no alcanza para describir algo que, más que físico, es metafísico. Leer es más que sólo “pasar la vista”. No se lee con los ojos; se lee con el alma.


Excelente, gracias
Absolutamente de acuerdo. Para mí leer no es sólo un deleite, es una bendición! Gracias!
Leer es la mejor forma de perder el tiempo alejándose del mundo, encontrar respuestas y hacerse mas preguntas….leer es uno de los placeres y adicciones más suculentas que he conocido.