Veo La filosofía natural del amor, la última película de Sebastián Hiriart, y me convenzo de que viene de otros tiempos. Si bien trata un tema muy nuestro (el amor), al verla uno siente que está leyendo alguno de los tratados aristotélicos o la Naturalis Historia de Plinio el Viejo. No solamente su título evoca estas obras, también lo hacen su espíritu y aspiraciones. Al igual que ellas, La filosofía natural del amor toma un elemento de la realidad y propone una tipología de sus distintas manifestaciones. Es, para decirlo a la manera de los Antiguos, un tratado de filosofía natural.
Por medio de una serie de vistazos a cuatro distintas relaciones interpersonales y a varios trozos de sesiones terapéuticas en pareja La filosofía natural del amor esboza una tipología del encuentro amoroso. Cada una de las historias y de las distintas parejas que aparecen representan un “tipo ideal” de las múltiples formas en que se establece una relación entre dos personas. De esta manera, la película termina otorgando una clasificación tipológica del amor.
Hiriart, de una forma u otra, se muestra más sensato (¿o deberíamos decir más inteligente?) que los tratadistas clásicos: en lugar de aspirar a construir un sistema con presunciones totalizantes, hace una apuesta por lo fragmentario. Nos recuerda así que lo rizomático siempre termina diciendo más. O mejor: nos muestra que lo rizomático logra decir lo no dicho, que en el fragmento y lo múltiple es donde podemos vernos y encontrarnos.
Hay, sin embargo, una idea que atraviesa la multiplicidad de fragmentos que conforman la tipología de La filosofía natural del amor: existe una fuerza, una ley natural, de atracción entre los cuerpos humanos. Sin que podamos resistirnos, nos vemos atraídos hacia otros. En eso no somos muy distintos a los insectos: en ellos y nosotros operan fuerzas similares. Sebastián Hiriart nos lo muestra con una superposición de un grupo de secuencias en las que vemos a insectos interactuar entre sí. Insectos o humanos, da igual. Algo instintivo nos controla y lleva hacia otros cuerpos.
Pero existe un diferencia significativa: el humano siempre complejiza, enreda, esa fuerza de atracción. En el hombre, la unión de los cuerpos siempre viene con algún tipo de conflicto. Tiene, por volver a los términos de los clásicos, tintes trágicos. Acaso esa sea la enseñanza más importante de la tipología propuesta en La filosofía natural del amor: la historia del encuentro amoroso puede darse en muchas maneras, pero se mantiene una constante: tensión y dolor.
La filosofía natural del amor se estrenará el jueves 4 de septiembre en la Cineteca Nacional, Foro El Bicho, Cinépolis, Cinemanía y Cine Tonalá.