En un texto de menos de 500 palabras, Luis Buñuel pudo plasmar la esencia de L’ Âge d’ Or (La edad de oro, 1930). Para su segunda película, calificada por la crítica de entonces como “escandalosa”, Buñuel no necesitó más de cuatro párrafos para tener en claro el argumento de su nueva creación surrealista.

L’ Âge d’ Or
Luis Buñuel
Unos escorpiones viven en rocas. Después de haber escalado una de esas rocas, un bandido ve a un grupo de arzobispos que cantan sentados en el paisaje mineral. El bandido se precipita a anunciarle a sus amigos la presencia cercana de los Mallorquines (los arzobispos). Cuando llega a su cabaña, encuentra a sus compañeros en un extraño estado de debilidad y depresión . Todos agarran sus armas y parten, a excepción del más joven, que no puede ni levantarse. Se acomodan entre las rocas, pero uno tras otro caen a la tierra, incapaces de continuar. Entonces, el líder de los bandidos se desploma sin esperanza. Desde el lugar en el que yace oye el mar y ve a los Mallorquines, que han quedado reducidos a esqueletos dispersos entre las rocas.
Un enorme convoy de la marina llega a la orilla de este empinado y desolado lugar. El convoy se compone de curas, soldados, monjas, ministros y diversos sirvientes vestidos de civiles. Todos se dirigen al lugar en donde los restos de los Mallorquines descansan. Imitando a las autoridades que encabezan el desfile, la multitud se quita su sombrero.
Han venido a fundar la Roma imperial. Se está colocando la primera piedra cuando un lacerante grito distrae la atención de todos los presentes. Cerca, en el barro, un hombre y una mujer luchan amorosamente. Los separan. Golpean al hombre y la policía se lo lleva.
Este hombre y esta mujer serán los personajes principales de la película. Gracias a un documento que revela la posición y la importante misión humanitaria y patriótica que le ha encomendado el gobierno, el hombre es dejado en libertad. Desde ese momento, todos sus esfuerzos estarán volcados al amor. En el curso de una escena de amor malograda, caracterizada por la violencia de lo que la frustra, el protagonista recibe una llamada telefónica de la importante persona que le había encargado la misión humanitaria en cuestión. Este ministro lo acusa. Por haber abandonado su tarea, han muerto miles de viejos y niños inocentes. El protagonista de la película acoge la acusación con insultos y, sin escuchar más, regresa al lado de su amada en el momento en que un accidente absolutamente inexplicable logra separarlos de forma aún más definitiva. Inmediatamente, vemos al hombre tirar por la ventana un pino en llamas, un enorme instrumento agrícola, un arzobispo, una jirafa, algunas plumas —todo en el mismo instante que los sobrevivientes del castillo de Selligny cruzan el puente levadizo cubierto de nieve. El Conde de Blangis es claramente Jesucristo. A este último episodio lo acompaña un pasodoble.
1930.
Fuente: Luis Buñuel, "L’Âge d’or. Scenario" en An Uspeakble Betrayal. Selected writings of Luis Buñuel. Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 2000.
Traducción: Ana Sofía Rodríguez Everaert