Es San Valentín, Charlie Brown

El 14 de febrero suele ser una excusa para hablar de comedias románticas o chick flicks. Es inevitable y no importa si el tema es Bridget Jones o 500 Days of Summer, todo nos recordará a ese día comercial, tan odiado y amado, que es el día de San Valentín. Mi caso es sencillo: desde hace años leo con mucha atención Peanuts, la tira cómica de Charles Schulz, y he encontrado una predilección natural por los especiales televisivos. Be My Valentine, Charlie Brown (1975) y A Charlie Brown Valentine (2002) no son los mejores exponentes de Charlie Brown en la televisión (ese lugar es de It’s the Great Pumpkin, Charlie Brown (1966)), sin embargo nos hablan del tema principal de Peanuts, el amor.

Umberto Eco calificó el trabajo de Schulz como una muestra personal de la condición humana, y ¿qué podría ser más humano que la búsqueda sincera por el reconocimiento del amor verdadero? En Be My Valentine, nos encontramos a Charlie Brown en su desesperación por recibir  ya no un regalo, sino una carta de San Valentín, mientras Linus (el personaje más estable) se derrumba con una desilusión amorosa. Las últimas escenas son memorables y dejan ese sabor a amor no correspondido oculto en una sonrisa de lástima. Para muestra, esta adaptación de la tira cómica.

Hay cambios importantes en las adaptaciones de Peanuts a la televisión. Si bien los diálogos permanecen casi intactos, sí se siente menos pesimista. La tarjeta que le entregan a Charlie Brown en la tira cómica tiene más de un mes de atraso, mientras en Be My Valentine tiene sólo un día. En A Charlie Brown Valentine vemos una diferencia más grande y riesgosa para la esencia de Peanuts: mostrar la identidad de la chica pelirroja, el crush más importante de Charlie Brown por todo lo que ella representa (el amor ideal, el género femenino). Las tiras cómicas que se adaptaron para A Charlie Brown Valentine son una recopilación de casi 40 años de publicaciones donde el tema principal es la imposibilidad de llegar y hablar con la misteriosa pequeña pelirroja, pero Charlie Brown, como Prufrock, nunca se atreve a perturbar el universo.

¿Cuál es la diferencia entre estos dos especiales de temporada? No hay mucha, aunque recomendaría a más ver A Charlie Brown Valentine: no sólo la animación es mejor, sino también se ve mejor lograda y nos introduce de lleno al mundo de Charlie Brown, donde todos los personajes persiguen su amor y ninguno logra alcanzarlo, y los espectadores no tenemos que sufrir, sólo reímos porque parece que todo está bajo el filtro de la mirada inocente e infantil. No hay que olvidar que nada quita el sabor a amor no correspondido como un poco de Peanuts. —Joaquín Guillén Márquez (@joaguimar)