Interior. Teatro Victoria Eugenia .Día.
Europa existe. Al menos cinematográficamente.
Tal vez algunos analistas políticos podrían cuestionar mi afirmación alegando que aquel sueño de unificar y poner de acuerdo a todo un continente no se ha conseguido y que lo que sucede en el parlamento asentado en Estrasburgo y Bruselas está muy lejos de lo propuesto originalmente.
Hoy, la primera proyección del día, Five minutes of Heaven, es una muestra muy clara de lo que se puede hacer con organización en este continente.
Tome usted un director talentoso con premios y nominaciones alrededor del mundo, que sea alemán por ejemplo –Oliver Heirsbiegel realizador de El experimento (2001) o La caída (2004)-.Agregue un par de actores Irlandeses –Liam Neeson y James Nesbit– una actriz rumana –Ana María Marinca– y un equipo de producción y financiamiento inglés.
El resultado es una de las mejores películas que se ha proyectado hasta el momento en San Sebastián. Un choque entre el pasado y el presente en la complicada relación entre católicos y protestantes en las calles de Belfast.
Una brillante voz en off introduce a la película: Para entender quien soy hoy necesito hablarles de quien fui…
Más de 20 años después de un crimen político, un programa de televisión reúne al asesino y al hermano de la víctima en un grotesco intento de reconciliación nacional. Como es de esperarse, el resultado no puede ser más desafortunado.
Partiendo de una aguda posición crítica frente a lo que algunos teóricos han llegado a llamar el espectáculo de la realidad, Five minutes of Heaven es un delicioso duelo de actuación -entre Neeson y Nesbit con Marinca como testigo de honor- y una muestra más de la claridad de un cineasta como Heirsbiegel que podría filmar en cualquier parte del mundo sin perder un ápice de su estilo y sobriedad.
Cambiando de continente, en las funciones de prensa de hoy se presentaron dos cintas sudamericanas que, si bien no están al nivel de las ya reseñadas Gigante y El secreto de sus ojos, no desmerecen el buen nivel del festival hasta el momento.Se trata de Francia del argentino Israel Adrián Caetano y El cuarto de Leo del uruguayo Enrique Buchicho. Retratos de dos crisis emocionales diferentes- la primera económica y de pareja, la segunda la del descubrimiento de la identidad sexual- se manifiestan como una muestra más del buen estado de salud del cine que se hace en ambos lados del río de la plata.
Para regresar a Europa, la mejor ayuda posible fue una opípara comida en la taberna La cueva donde una fabada asturiana y una sepia a la plancha con su flan como postre me dieron fuerza para regresar a la sala de cine.
La última función es, tal vez, la que ha generado respuestas más diversas hasta el día de hoy. El responsable es el español Javier Rebollo que ,con su segundo largometraje La mujer sin piano, no deja a nadie indiferente.
La verdad es que resulta sorprendente la cantidad de personas que abandonaron la sala durante la proyección de la extraña pero hermosa historia de un día en la vida de una ama de casa madrileña.
Cargada de un humor bastante negro y retorcido y con un parentesco lejano con ese clásico de la medianoche que es After Hours (1985) de Martin Scorsese, La mujer sin piano seguramente generará más líneas y comentarios que las demás cintas de esta quinta jornada de San Sebastián.