The Bear, una cuestión de ritmo

Quizás parezca raro decir que The Bear es una serie sobre el ritmo. El programa a cargo de FX –cuya tercera temporada se estrenó en julio de este año– destaca por su capacidad de representar diversos ambientes, cada uno de ellos acompañado de una cadencia y una identidad propia. No en vano, de entre sus 23 nominaciones en la edición N.º 76 de los Premios Emmy, también sobresalen los reconocimientos que ha recibido por su cinematografía y edición.

La serie sigue al chef estadounidense Carmen Berzatto (Jeremy Allen White) en su intento por mantener, dirigir, remodelar y, posteriormente, convertir a The Original Beef of Chicago, un local de sándwiches italianos, en un restaurante de alta gama. Este proyecto implica el retorno del personaje a su ciudad natal después de varios años de ausencia, donde tendrá que enfrentarse al impacto que el suicidio de su hermano ha tenido sobre él y su familia. Asimismo, transformar el restaurante lo lleva a trastocar el ambiente laboral de un grupo de cocineros que no necesariamente adoran los cambios que tiene en mente.

Tras el final de la temporada pasada, que culminó con la apertura del nuevo restaurante, The Bear, y con el cisma de la relación entre “Carmy” y varios de los personajes de la serie, la nueva temporada explora los primeros meses de vida del local. The Bear lleva a los personajes a lidiar con relaciones laborales cada vez más disfuncionales, así como el errático tempo de un restaurante siempre al borde de la clausura.

Se trata de un show televisivo que construye su identidad a través de una polifonía estilística y rítmica en la que cada personaje, cocina y ciudad padecen de unacadenciaparticular. En ese sentido, para el director ruso Sergei Einsestein, “la sobrecomplejidad del ritmo produce un caos de impresiones en vez de una tensión emocional precisa”. Dentro de The Bear este caos de impresiones surge a través de la configuración de su montaje que marca el ritmo con el que se explora cada capítulo.

Episodios como Sundae (T2 E3), por ejemplo, destacan por cómo logran retratar a la “Ciudad de los vientos”, explorando su historia, arquitectura y gastronomía, así como la vida de sus habitantes, mientras acompañamos a Sydney (Ayo Edebiri), una de las protagonistas de la serie, en busca de inspiración para el nuevo menú del restaurante. Joanna Naugel, editora del capítulo, habló en una entrevista del reto de visualizar el proceso creativo del personaje a través de la arquitectura de la ciudad: necesitaba evocar este recorrido de forma abstracta y, al mismo tiempo, articular el episodio de manera quele permitiera a la audiencia seguir el hilo creativo de Sydney mientras este se va formando en su cabeza. Es a través de la superposición de las tomas de los edificios y las imágenes de los platillos que es posible visualizar este proceso.

 Aún más importante es el rol del montaje dentro de Tomorrow (T3 E1) donde también sirve como herramienta narrativa para explorar el estado mental del protagonista. Debido a que la historia del programa inicia in media res, el pasado de muchos de sus personajes permanece inexplorado. Este episodio, en cambio, intercala escenas de la formación de Carmen, de su estancia en Copenhague y Nueva York, con recuerdos de distintas relaciones que ha sostenido a lo largo de su vida.

El capítulo opera bajo una estructura elíptica en la que distintas impresiones del pasado se van sobreponiendo, generando una imagen cada vez más compleja del estado mental del personaje. Ninguna escena se da de manera ininterrumpida y los recuerdos del protagonista, mediante su yuxtaposición, dialogan entre sí y con los platillos que va preparando en su presente. Estas conversaciones existen a través de un montaje que entrecorta los diálogos, retratando un frenesí de simultaneidades, flujos de conciencia en los que la angustia, el pánico y el miedo imponen su ritmo.

Si en los episodios focalizados en Carmen la experiencia de la cocina es acelerada y caótica, en otros capítulos, enfocados en personajes secundarios o que ocurren dentro de espacios distintos, como Honeydew (T2 E4) o Forks (T2 E7), la serie altera su lenguaje fílmico para ofrecer un ritmo distinto. Donde esto es más evidente es en Forks, que sigue a Richie (Ebon Moss-Bachrach) a lo largo de 10 días de trabajo en un restaurante de tres estrellas. Hasta este punto en la serie él ha ocupado un papel casi antagónico, siendo el principal opositor al cambio en el restaurante. También es el único personaje que no ha encontrado un rol claro en esta nueva versión del local. Tal vez por su poco conocimiento del mundo gastronómico o su extranjería dentro del restaurante, su estancia inicia con tomas claustrofóbicas y música disonante que expresa cierto sentido de extrañeza, sólo para cambiar drásticamente conforme empieza a sentirse más cómodo en el trabajo. Según avanza la historia, escenas en las que se atienden mesas, se toman órdenes o simplemente se limpian tenedores, se muestran como una auténtica película de acción ochentera, sincronizada con smash cuts, catchphrases y un synth-pop de fondo. Todo esto para reflejar el cambio del estado mental de Richie en un registro estético que a él le resultaría familiar.

Incluso episodios como Next (T3 E2), que tan solo siguen una conversación en la cocina del restaurante conforme los personajes van llegando a trabajar, logran exponer el caos de la cotidianidad –una conversación, una pelea, una mañana más– desde su montaje. Gran parte del episodio está filmado a partir de un plano general de toda la cocina que rara vez se corta, lo que lo hace uno de los capítulos más claustrofóbicos de la temporada. En el episodio siguiente Doors (T3 E3), donde se narra el primer mes de servicio del restaurante, la serie vuelve a una cadencia frenética y veloz. Este ritmo –un acelerado flujo de conciencia que explora varios estados mentales, así como las exigencias del restaurante y el caos de su cocina– acerca a The Bear a aquello que Virginia Woolf llamaba “ese maravilloso desacuerdo del tiempo del reloj con el tiempo del alma”. 

En igual medida, en Tomorrow (S3 E1)este desacuerdo entre el tiempo objetivo y su percepción se ilustra desde el montaje. A pesar de que el episodio explora el pasado del protagonista, no es un capítulo de flashback en el sentido tradicional del término: es puro presente o, en su defecto, pura experiencia presente del pasado. La focalización en la perspectiva de Carmen sirve para anclar al espectador a su percepción en relación con los espacios y tiempos que habita. El “mañana” al que alude el título del episodio también surge de esta sobreposición errática de temporalidades desde la cual emerge el conflicto de toda la temporada. Es un primer naufragio al que la audiencia se aproxima desde un montaje construído para retratar el estado mental del protagonista.

Este lirismo se asemeja a episodios como Gotta Light? (Twin Peaks T3 E8) o a películas como El año pasado en Marienbad (1961) de Alain Resnais, donde la cámara y la edición quedan convertidos en instrumentos que reflejan el acto de pensar como un proceso. Para Robbe-Grillet, guionista de esta película, “la totalidad de la historia de Marienbad no ocurre ni en dos años ni en tres días sino exactamente en una hora y media”, en ese sentido, agregaría el crítico de cine Oscar Canalís que “la idea de la memoria sería una cuestión totalmente imaginaria y todo sucedería ahora, aquí, en el tiempo de la película”. Esa hora y media que dura la película, ese aquí y ahora en el que transcurre, no es más que el tiempo en el que el pensamiento se desdobla sobre sí mismo.

A lo largo de tres temporadas The Bear ha sido un campo de experimentación televisiva en el que una diversidad de ritmos entra en diálogo. Se trata de una serie que no tiene miedo de redefinir su propia identidad con cada episodio ni de explorar las posibilidades narrativas del montaje o del plano secuencia dentro de la televisión. Adentrarse en ella simboliza la posibilidad de naufragar en el espacio mental de cada uno de sus personajes, de perderse en una angustia –en igual medida ajena y propia– y de padecer un cadencia que permite la exploración de vastos mundos interiores.

Bibliografía.   

Canalís, Oscar. “¿Hubo un año pasado en Marienbad? Estudio comparativo sobre Lánnée
dernière à Marienbad (Ciné-Roman) de Alain Robbe Grillet y Alain Resnais y La
Invenvión de Morel de Adolfo Bioy Casares” en Fedro, Revista de Estética y Teoría de
las Artes. Nº 18, Julio del 2018.
Einsestein, Sergei. El sentido del cine, Siglo XXI, traducción de Norah Lacoste, 1958.
Polizzoti, Mark. “Last Year at Marienband: Which Year at Where?”. Essays on Film, The
Criterion Collection, Junio 22 del 2009.
Stoltzfus, Ben F., Alain Robbe-Grillet: And the New French Novel, Carbondale, Illinois
University Press, 1964.
Woolf, Virginia. Orlando. Alianza Editorial, traducción de María Luisa Balseiro,  2012.

Ricardo José Quiroz Álvarez es estudiante de la licenciatura en Literatura Latinoamericana de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.

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Publicado en: Cine