Esta carta de recomendación nos introduce a la poesía de la escritora eslovaca Mária Ferenčuhová, quien dentro del marco de la FIL Guadalajara presentó su libro Tierra Negra, una obra que critica el cambio climático, la explotación planetaria y la velocidad e inmediatez que exigen los modelos humanos de vida actual.

La poesía de la escritora eslovaca Mária Ferenčuhová fue un grato descubrimiento. Supe de ella por primera vez cuando me encontraba entre los pasillos de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y cayó en mis manos su libro Tierra negra, una edición bilingüe de 2022, traducida por Lucía Duero bajo el sello editorial Vaso Roto. Su poema “génesis” fue la primera gran sorpresa:
durante treinta millones de años de oscuridad
parte de la radiación se condensó hasta
transformarse en materia
y más tarde en nubes de gas
en galaxias
cuya fuerza gravitacional actuó
sobre los núcleos atómicos con tanta fuerza
hasta que se fusionaron y liberaron
enormes cantidades de energía […]
La representación de la creación del universo, sus explosiones, sus silencios y la peculiar temporalidad me hicieron recordar “Poema de amor para Carl Sagan”, de Robin Myers:
Un hombre y una mujer flotan, sin tocarse, en el espacio.
Espacio es una palabra que usamos para vacío,
es decir, un lugar donde no estamos nosotros.
Estos versos siempre me han remitido a la ambivalencia de la existencia: al pale blue dot, la inmensidad de la que provenimos como especie y la pequeñez que representamos. Entonces, al leer “efeméride”, uno de los primeros poemas, ya estaba inmersa en una atmósfera cósmica y apabullante:
desde aquí
parece un encuentro
unión
amor
en realidad nos cruzamos inadvertidamente
nos atraemos mantenemos
nuestra distancia
para que el universo no colapse
ni se vacíe.
Sin embargo, conforme fui avanzando en mi lectura, no sólo me encontré con el universo y su creación, sino con un recorrido de arriba abajo, de lo anterior a la actualidad y de la decadencia en la que ha caído el siglo XXI. Ferenčuhová estudió cine, guionismo y dramaturgia en la Facultad de Cine y Televisión de la Escuela de Arte Dramático de su ciudad natal, Bratislava. Además, realizó sus estudios de posgrado en Historia y Teoría del Cine, así como en Ciencias del Lenguaje en París. Actualmente es editora de la revista de cine Kino-Ikon y también es traductora del francés. Esta educación influye de manera notable en su obra:
por la noche hablamos de sentimientos de
culpa
y posibles finales
la llama en la cocina se apaga
el gas se escapa con un siseo silencioso
trasladas la olla a otro quemador
la llama se apaga de nuevo
siento tu mano en mi hombro.
En estos versos del poema “solsticio” el lenguaje va creando la experiencia misma de la escena; se percibe cierto tipo de iluminación, de didascalia, de escenificación. Algo parecido ocurre en “tierra negra”, el poema en el que se percibe con más claridad la influencia cinematográfica de la poeta.
abrazados
respiran con toda la superficie del cuerpo
perciben la profundidad la presión pausadamente
cambian la composición de la tierra
sólo cuando te envuelve por
completo una fina
[capa de niebla
cuando se adhiere perfectamente a tu piel
te darás cuenta de lo
parecidos que sois:
de que exiges aire
de que tu voluntad de vivir
sigue brillando tenaz
tardará hasta que penetres
años
en la tardará una eternidad
tierra
hasta
que te descubran
El sangrado de los versos se debe a dos razones. La autora afirmó durante la presentación de su libro en la FIL Guadalajara que siempre que escribe poesía se toma su tiempo para observar y pausar cuanto sea necesario, lo que termina por traducirse en espacios en la diagramación del poema. Pero también esas cesuras funcionan como los silencios en una partitura musical: son respiros. Pero no sólo eso. En este poema confluyen herramientas cinematográficas como el fade out y el jump cut. Así, cada verso parece en realidad una réplica o una indicación para la cámara. Cuando hay poemas sin muchos espacios entre sus versos es como si construyera una escena tras otra, una película abrumadora, sin descansos; pues, como la poeta afirmó, escribe y edita su poesía como si se tratara de un montaje.
Tierra negra tiene una estructura particular: los poemas pertenecientes al primer capítulo son una especie de relato originario, tanto de la Tierra como de la propia poética de la autora. Sus primeros poemas hablan del principio del mundo para poco a poco apuntar hacia temas tan urgentes como el cambio climático. Así, el primer poema titulado precisamente “génesis” es una explicación de la creación del universo que termina con la hechura de la Tierra:
el mundo fue creado por una explosión de
luz
entonces cuando el universo
se expandía y se enfriaba
la luz se atenuó
hasta convertirse en ondas de radio
invisibles […]
fuegos atómicos de las primeras estrellas
devolvieron la luz al joven
universo […]
muchas estrellas se extinguieron o explotaron
sus restos se convirtieron en los cimientos
que formaron
nuevas estrellas
incluso el sol en su nacimiento arrojó parte
de sí mismo
y creó planetas
De nuevo se hace presente una evocación cinematográfica con una secuencia de imágenes casi en celuloide: hay explosiones, momentos de oscuridad, silencios, formación de gases. En los últimos dos versos hay un salto de línea —o jump cut— que representa el tiempo que el sol se tomó para crear planetas.
La autora especificó que este capítulo requirió de mucha investigación tanto en física como en biología; buscaba crear un punto de encuentro entre lo que une a las ciencias de la tierra con la literatura y, en particular, con la poesía.
Su poética es ligera, sin embargo constantemente construye una sensación de preocupación y de rapidez; como si el tiempo fuera a terminarse antes de que el lector logre llegar al final del poemario. Tierra negra “tiene que ver con todo lo que se descompone, todo lo que termina y que luego renace”, expresó Ferenčuhová. Es un libro que evoca a la muerte y todo lo que se desvanece para luego renacer en distintas formas. Entre sus versos nos encontramos con bacterias, con la tierra y con restos humanos. Así, su poesía es capaz de reunir temas universales como la muerte, con problemas históricos, como los abusos a los que como seres humanos sometemos al planeta. Su poema “sequía” muestra la degradación de la Tierra en sincronía con la descomposición del cuerpo humano y de la especie, en general:
con una sola exhalación
esparciré cuencos
platos jarras vinagre manteles
flores polvorientas libros
toallas y colchones
romperé las ventanas sucias
escarbaré la tierra
te arrancaré con tus raíces
te regaré con la saliva
y te dejaré secar
te montaré
sobre la piedra
plantaré romero sobre ti
y en las noches calurosas
mi más querido
te rociaré con mis lágrimas
Con el poema titulado “solsticio” se va vislumbrando la intención de evocar la decadencia de una tierra fértil que se convierte de a poco en tierra seca —o negra—, como deja ver el siguiente extracto:
hace un año el borde del lago llegaba
aquí a mis pies
columnas de soporte
con la cáscara de piedra caliza
están hoy en el balastro
vivimos cada vez más lejos de la orilla […]
Antes de leer el poema que lleva por título “siento”, la autora especificó durante su charla que se trata de una carta de amor para la muerte, que poco a poco va acercándose. La lectura del poema resultó muy emotiva y con un ritmo que de pronto se aceleraba, como si la voz poética tuviera que apresurarse ante la cercanía de la muerte para no quedarse sin tiempo de pronunciar sus palabras.
cuando estás llegando
mis células vibran
los tendones se acortan
mi pulso se acelera
te sujeto con el corazón
con ambos muslos
veo tu cara
más claramente
cuando no la estoy mirando
las palabras no se acomodan
son niebla
son la línea dibujada
con un lápiz kajal en la parte
interior del párpado: imprecisa
y curvada
desde adentro te pujas como una extraña
aprieto tu mano con mis muslos
y siento los muslos
en el dorso de mi mano
los sustantivos son impropios las palabras
feroces
Redeflus tu voz tu peso tu
interior sangre y sudor mi
aliento
A partir del poema “ella la está buscando”, la velocidad de la lectura aumenta, pues como Ferenčuhová afirma: “el tono cambia porque son poemas de otra parte del libro, los primeros eran muy personales e individuales y esta parte está dedicada a la sociedad, al final de las reglas sociales y a los comienzos de nuevas utopías o políticas en las que puede desembocar el final de la Tierra”. Este poema de largo aliento se compone de una enumeración que facilita la aceleración del ritmo; un ritmo que evoca nuestra veloz manera de vivir y también de destruir la Tierra.
no sé exactamente lo que esperaba
¿a quién vi en vuestros rostros
de primas estudiantes compañeras de mesa
mujeres inmigrantes turistas pasajeras
ilegales
con el aspecto cultivado de abandono
tormento cansancio lujo
con y sin hijos
con una sonrisa involuntaria
mirando desde los tranvías
asomándose a una ventana corriendo a lo
largo del lago?
El cierre parece aludir a la aparición de lo nuevo y, quizás, con el último verso, a la indiferencia humana ante la destrucción:
nacen distintos niños distintos pensamientos y
sueños
vivimos en miles de lugares al mismo tiempo
nos miramos con ojos distintos
justo antes de despertar
volvemos
a desviar la mirada
Por último, “país abierto” es un poema que alude a los saqueos, el extractivismo, a los desastres naturales y humanos, para finalmente lanzar un desesperado grito de ayuda.
en la primavera dividíos los agros
aprehended los campos cerned el légamo
tomadlo en ambuestas
llevaos todo
en camionetas en remolques […]
tomad
lo demás se lo llevarán las lluvias torrenciales […]
en un momento mi cabello romperá la presa
ya nada se interpone en mi camino
salvad de mí
aquella tierra.
Este poema —como buena parte de la poesía de Mária Ferenčuhová en Tierra negra— es, como a ella misma le gusta definirlo, “un grito de insistencia para detener la destrucción de la Tierra”. Un grito que hará uso de la ciencia, el cine, la literatura y todo cuanto sea necesario para lograr ser escuchado.
Alexandra de la Colina
Licenciada en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana