Este breve perfil fue leído para el ciclo Biblioteca de autor, una serie de mesas que la Feria Internacional de Libro de Monterrey 2022 dedica, del 8 al 10 de octubre, a Héctor Aguilar Camín en sus facetas de narrador, intelectual, ensayista y periodista.

Quien escriba la biografía del novelista e historiador Héctor Aguilar Camín, tendrá que subrayar el hecho de que nació en 1946 en Chetumal, Q. Roo, un territorio entonces lejano a la marcha de desarrollo de México, una especie de colonia vecina de Belice, entonces británico. Yo lo conocí quince años más tarde en la colonia Condesa del Distrito Federal, era estudiante del Instituto Patria gobernado por la didáctica y la filosofía de los jesuitas, jugaba básquet con agilidad casi profesional y era adicto a la lectura de todo tipo de libros: de historia, de literatura mexicana y rusa, francesa y latinoamericana, de psicología y de filosofía. El azar nos juntó en el mismo afán por festejar nuestro destierro, él de Quintana Roo, y yo el de Tabasco, el sureste a fin de cuentas; la amistad creció en dos o tres años a un ritmo acelerado, inconsciente como sucede casi todo en esa etapa. Desde esos inicios adolescentes Héctor se volvió un punto de encuentro porque su voz sonaba a seguridad, sus afirmaciones, contundentes; éramos casi de la misma edad y sin embargo me gustaba hacerle preguntas como si fuera mi hermano mayor, un tío o un padre lejano.
Cómo saber que ese amigo desgarbado, de inteligencia prodigiosa, con el que iba a fiestas cada sábado a tomar inesperados tragos, se convertiría en una figura central de las letras mexicanas del siglo XX. En esos años, nadie se pregunta por el futuro, porque solamente vivimos un presente en espiral, denso, en el que brotan por arte de magia el placer por la fiesta —se vive en una celebración permanente—, la arrogancia por los autores descubiertos, el gusto de mirar las zapatillas finas de las chicas de falda corta. La sorpresa de vivir la década de los sesenta, que sería un golpe de viento en nuestra experiencia; vino el 68 y nos despojó de todo y nos dio la certeza de que nuestro mundo podía derrumbarse de un día para el otro.
Doctor en historia por El Colegio de México, escritor, ensayista y periodista, Héctor Aguilar Camín es ya un punto de partida de la cultura mexicana del siglo XX. Es un historiador de probada capacidad y vocación en movimiento que contribuyó notablemente a enriquecer la historiografía de la Revolución mexicana; después de La frontera nómada (1977) se tuvo otra visión, nueva y enriquecida por las aportaciones de esta investigación —a la altura del Zapata (1968)de John Womack Jr.— de los caudillos que hicieron la Revolución y luego iniciaron la reconstrucción nacional en los años 1920-1930. Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón y Adolfo de la Huerta, entre otros, se convirtieron en los protagonistas de la Revolución que “bajó del Norte”. Ese libro abrió y renovó la visión que se tenía del movimiento armado que se inició en 1910 y que tuvo una repercusión evidente durante varias décadas. Aguilar Camín no deja lugar a dudas de su destreza narrativa que revela un amplio conocimiento de la lengua y un estilo sólido, impecable. En sus libros de historia y en los de ficción, crónica o ensayo, se trasluce el oficio de un verdadero escritor.
No está de más recordar que Aguilar Camín llegó aún niño a la Ciudad de México, donde estudió con los jesuitas en el Instituto Patria, y posteriormente la carrera de Ciencias de la Información en la Universidad Iberoamericana. Hizo el doctorado, ejemplar y brillante, en El Colegio de México, apadrinado por don Luis González y González y don Daniel Cosío Villegas, considerados como los mejores historiadores del siglo XX en México. Dejó el mundo académico de El Colegio de México escuchando otro llamado: el de las salas de redacción de los periódicos y suplementos culturales, y el de la novela y el cuento. Pero jamás abandonó su vocación por el desarrollo de la historia mexicana.
Recuerdo que en 1968 empecé a colaborar en la página cultural de El Día, que coordinaba con optimismo inteligente Arturo Cantú, y Héctor me preguntó cuánto pagaban. Ciento cincuenta pesos, le dije, y se dispuso a escribir su primera nota y llevarla a Cantú que lo recibió con gusto, como viejos compañeros. Luego se incorporó a las filas del periodismo cultural y de opinión; debutó en La Cultura en México, suplemento de la revista Siempre!, y enseguida en el periódico Unomásuno, hasta convertirse en subdirector de La Jornada, diario del que fue fundador. En 1977 Aguilar Camín y un grupo de antropólogos e historiadores, académicos, poetas, escritores, crearon la revista Nexos que se convertiría con el tiempo en un punto de referencia de la revisión crítica de la sociedad y la cultura mexicanas.
Narrador original y subversivo, Aguilar Camín necesita grandes escenarios de tiempo y espacio para crear el drama de personajes ficticios que en manos del historiador se convierten en seres reales. Combina la historia y la ficción, en un intento por dotar de dramas íntimos, existenciales, sus historias, como se ve con claridad en los cuentos de Historias conversadas. Y también novelas que sintetizan las paradojas del hombre contemporáneo, el ejercicio periodístico y la política, la lucha por conquistar el reino de la utopía, poniendo especial interés en la falta de lógica y de sentido que puede tener una vida, como la de Galio Bermúdez en La guerra de Galio (1992), un relato único en su género por la intensidad de las conductas ahí descritas y por el uso sin concesiones del lenguaje. De las muchas obras que ha escrito, la más reciente, Adiós a los padres (2014) es por supuesto un testamento narrativo, autobiográfico. En ella el autor se va hasta el fondo de su historia familiar y la pone en la balanza de la ficción, de la realidad tratando de desentrañar el destino que cada hombre tiene trazado a partir de su propia genealogía. Como todo lector asiduo suele recomendar leer novelas, cuentos, prosa de excelencia, la verdadera escuela de todo alumno; para él la literatura es un puente que une la vida cotidiana con el arte de la ficción.
Por todo lo anterior, y considerando los premios y reconocimientos que ha obtenido en México y en el extranjero, amén de que sus libros han sido traducidos al inglés, francés, italiano, la figura de Aguilar Camín camina a paso seguro por las variables de nuestra cultura.
Álvaro Ruiz Abreu