
Dice mi hermana: “Qué cabrona se pone la vida después del kínder”. (@magamastretta)
Le dije a la psicóloga que sentía que había personas que no reconocían todo el esfuerzo que hago por ellos y me contestó que “A veces estamos tan presentes que nos volvemos invisibles, porque siempre estamos”. (@Bonnichics)
¿Por qué cuando la gente tose no le dicen “¡Salud!” si toser es más grave que estornudar? (@laneaelegante)
Vivir es una trampa, pero qué sentido tendría si no fuera tan emocionante caer en ella. (@AlmaDeliaMC)
Llaman inútiles a las mujeres que no saben cocinar, pero son ellos los que esperan a que otra persona les cocine. (@esteeselnoanoa)
La mejor manera de conocer la edad de una mujer es preguntándole si ya la vacunaron. (@todoalnatural)
Me contaba mi abuelo Venancio, que el cura de su pueblo gritaba desde el púlpito en sus homilías dominicales: “No os preocupéis, hijos míos, que a los ojos de Dios vale lo mismo un humilde conservador que un hijueputa liberal”. (@josetenene, tuitero colombiano)
¿El maoísmo? No sabía que eso todavía existía. Por lo menos en China ya no existe. (@andrewholes)
Como la vez que un policía de tránsito me dijo dizque “No le voy a poner la multa, pero la voy a sensibilizar”. Y yo con miedo de la multa: “¡Sensibilíceme!”. (@animesa)
Tal vez te enviaron una señal de humo en un día con demasiado viento. (@Palabrassiere)
A Colombia la dejaron caer cuando chiquita. (@Perroacuadros)
Un soñador no pierde el tiempo en realidades. (@SalvadorPeSa)
Que pase el tiempo y sigas mirándome de la misma manera. (@hotter_thanhell)
¿Cómo le iremos a quitar al mundo ese olor a hospital? (@gallo_orlando)
Venga, corazón, pero no traiga ropa. (@ArturoMichelin3)