“Grama, grama deletreada”.
Paul Celan (1920-1970)

Un 23 de noviembre de 1920 nació el poeta Paul Celan, cuya vida atravesó el siglo XX europeo con su espada de calamidades. Para recordarlo hoy por esa y otras razones, este ensayo nos revela la importancia de su poesía, que es metapoesía, así como algunos tropiezos y, sobre todo, hallazgos inolvidables de sus arduas traducciones al español.

Creo que puede afirmarse sin dejar ningún resquicio a la duda, que el más grande poeta alemán tras del veredicto de Adorno, según el cual la poesía era imposible después de Auschwitz, es un sobreviviente del Holocausto: el judío rumano Paul Antschel, cuyo apellido redujo a Ancel, y de ahí el anagrama Celan. Según sus propias palabras, ese apellido no debía pronunciarse según la fonética francesa, sino Tsélan, con acento en la primera sílaba y sin sonido nasal la segunda, esto es: todo lo contrario de lo que solemos hacer.

La biografía de Celan es de sobra conocida, de manera que me limitaré a sus estaciones de mayor significado. Nació el año 1920, en Chernivtsi, capital de la Bucovina, entonces parte del reino de Rumanía, hoy territorio ucraniano. A despecho de lo que deseaba su padre, judío ortodoxo que le quiso instruir en hebreo, se decantó por el lado materno, de formación alemana, y abandonó el sionismo. Fue partidario de la República durante la Guerra civil en España. Perdió a sus padres en campos de concentración cuando los alemanes intervinieron en Rumanía y organizaron guetos, de uno de los cuales Celan pasó a un campo de concentración, logrando sobrevivir.

Antes de la guerra, en 1938, estuvo en Tours, Francia, con intención de estudiar Medicina, pero regresó a su ciudad natal y se matriculó en las aulas de literatura y lenguas románicas. Tras la guerra trabajó un tiempo en una editorial de Bucarest. Luego de abandonar Rumanía y pasar un breve intermedio en Viena viajó a París, que desde 1948 se convirtió en su residencia fija.

Mantuvo relaciones amorosas con la poeta austríaca Ingeborg Bachmann, documentadas en un epistolario justamente famoso. No obstante, se casó con la pintora francesa Gisèle Lestrange, con quien tuvo dos hijos, el primero muerto a los pocos años, y el segundo llamado Eric, nombre dizque anagrama de “Écris! [¡Escribe!]”. Mantuvo asimismo una relación ambivalente con Heidegger, a quien acompañó hasta su célebre cabaña de la Selva Negra. Y sus ganapanes fueron dar clases de idiomas en la Escuela Normal Superior de París y traducir toda clase de documentos en Ginebra, para organizaciones internacionales. Posiblemente como descanso de ese trabajo mercenario tradujo también alguna que otra novela de la saga de Maigret. Por otra parte es lícito preguntarse si en sus desempeños ginebrinos como trujamán no llegó a conocer a Julio Cortázar, aunque este no lo menciona ni una sola vez en los cinco densos tomos de su correspondencia.

Fue un enfermo psiquiátrico que incluso intentó matar a su esposa, y no supo (o no pudo) desprenderse de un pasado en el que se autoacusaba de ser responsable de la muerte de sus padres. Además, sufrió de manera indeciblemente amarga con las infundadas e infames declaraciones de la escritora franco–alemana Claire Goll, quien lo acusaba de plagiar a su difunto esposo Yvan, asimismo poeta. Finalmente, Celan se suicidó en el Sena, en París, arrojándose a sus aguas desde el puente Mirabeau al parecer la noche del 20 de abril de 1970, aun cuando su cadáver se descubrió diez días más tarde, río abajo.

Hay un libro breve y hermoso de Yves Bonnefoy titulado Ce qui alarma Paul Celan [Lo que alarmó a Paul Celan] y es precisamente el relato de su suicidio y sus posibles causas. Para Bonnefoy, el drama de Celan tenía que ver mucho más con la inutilidad de la poesía después de la guerra que con el trauma de la guerra misma. No es mi ánimo polemizar pero creo que en su decisión suicida tuvieron mucho peso las acusaciones de Claire Goll: para Paul Celan, consciente de su valía y la originalidad de su dicción, tuvo que ser algo devastador que le imputaran haber plagiado a un poeta de segunda fila.

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Si bien fracasó su encuentro de 1952 con el Grupo 47, que dominaba la vida intelectual alemana de la posguerra, y cuyo credo era un realismo a rajatabla, la poesía de Paul Celan se impuso desde su primer libro publicado y distribuido ese mismo año 1952, Mohn und Gedächtnis [Amapola y memoria], que incluye la trágica “Todesfuge [Fuga de la muerte]”, un treno indesoíble de la poesía alemana de todos los tiempos. Antes se había impreso Der Sand aus den Urnen [La arena de las urnas], en Viena en 1948, pero la edición contenía tantos errores que hubo que desecharla como maculatura. Al primero le siguieron seis libros más en vida, y dos póstumos. Y una monumental edición de su correspondencia entre 1934 y su muerte, libro recién aparecido y en cuya lectura me he engolfado durante este interminable confinamiento.

Celan fue, asimismo, un traductor literario de muchos quilates, del francés, el hebreo, el inglés, el italiano, el portugués y el ruso. Sin el más mínimo asomo de exhaustividad vaya acá una lista de algunos de los autores que transbordó al alemán: Apollinaire, Baudelaire, Aimé Cesaire, Mallarmé, Rimbaud, Saint–John Perse, Valéry, David Rokeah, Shakespeare, Donne, Emily Dickinson,  Robert Frost, Marianne Moore, Ungaretti, Pessoa, Chéjov, Ossip Mandelstam… e tutti quanti.

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En su ya clásica antología 21 poetas alemanes (Madrid, Visor, 1980) dejó dicho Felipe Boso:

El genio literario de Celan —por eso lo fue— tuvo tanto de culminación como de prenuncio; del surrealismo en lo primero, y en lo segundo, del experimentalismo como materialización o desidealización del lenguaje, modulaciones mediante las cuales expresó su mundo interior mítico y metafísico. Su insólita expresión resulta a veces inaccesible y más aún intraducible. La de Celan es metapoesía.

Intraducible, sí, y esto lo afirmaba uno de los más serios y acendrados traductores del alemán a la lengua castellana en todo lo que llevamos de Historia.

La mucha razón que le asistía a Boso la tuve ante los ojos un día que leí la traducción de un verso de Paul Celan que dice sencillamente “Anhalter Trumm”. Un verso conmovedor, luego sabrán por qué. Años después de haberlo detectado, lo vi traducido al castellano de la siguiente manera: “autostopista ramal de cable”. Me quedé alelado, mucho más al ver que el traductor añadía una larga nota a pie de página, que reproduzco resumida:“El término ‘Anhalter’ significa ‘autostopista’, pero Celan juega con el significado del verbo ‘anhalten’ [=parar, detener]. El término ‘Trumm’ pertenece al lenguaje de la minería. El ‘ramal de cable’ es una parte de un transportador”. Hasta aquí, ¡resumida!, la nota a pie de página del traductor, y por si acaso añadiré que a los viajeros a dedo que piden un aventón, en España los llaman “autoestopistas”, nombre feo más de la cuenta.

Santo y bueno… si no fuese porque el verso original de Celan, “Anhalter Trumm”, significa muy otra cosa, o por mejor decir, sí significa algo. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, en Berlín, cerquísima de lo que era el Checkpoint Charlie, había una ruina (Trumm) conservada con mucho cariño por los berlineses: era una parte de la fachada principal de una estación de ferrocarriles, la Anhalter Bahnhof —la terminal de los trenes provenientes de Sajonia Anhalt, uno de los Estados alemanes. Y ése fue uno de los lugares de Berlín que Celan enumera en un poema donde parece como si pasara revista a la ciudad, la primera vez que estuvo en ella. Así pues, “Anhalter Trumm [=la ruina de la estación de Anhalt]” había pasado a convertirse en un “autostopista ramal de cable” (sea ello lo que fuere), y todos tan contentos… con la posible excepción de Paul Celan, que deberá estar removiéndose en su tumba de las afueras de París, por cierto que muy cerca de Severo Sarduy y Joseph Roth.

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El ejemplo contrario es una prueba casi definitiva de la bondad de una traducción (perdón, de dos) cuando un trujamán se decide a contrabandear a su idioma un texto de otro que no conoce, y lo hace a través de un tercero que sí domina. Y tengo un ejemplo admirable de lo que digo, una versión de la abismal “Fuga de la muerte”, de Paul Celan, hecha por Héctor Abad Faciolince del alemán al español… gracias al italiano.

Por razones personales, seguí muy de cerca la traducción de ese mismo poema cuando la hizo Felipe Boso para Visor, en su formidable antología bilingüe. Felipe, el rigor en persona, tradujo cientos de poemas para esa antología, y una vez traducidos se dedicó a ir espigando de uno en uno los que terminarían integrando la selección final, algo así como la cuarta parte del total. Cuando la tuvo, apareció por mi casa con el mecanuscrito a cuestas y el encargo de revisarlo de arriba abajo, sin contemplaciones y sin andarme por las ramas. Aquella fue una tarea ardua de a de veras, pero me la recompensó de manera desproporcionada con un ejemplar de la 1.ª edición de Atemwende [Cambio de aliento], autografiada por Celan, uno de los grandes tesoros de mi biblioteca.

Más de treinta años después, desde Italia, me llegó un email de Héctor Abad Faciolince, quien se encontraba en un palacio de la Toscana, huésped por unos meses de una mecenas de las letras. Me contaba que en su biblioteca descubrió una edición bilingüe con la traducción de los poemas completos de Celan al italiano, que se había embebido en ellos hasta el cuello y estaba fascinado por esa “Fuga de la muerte”. Tan fascinado que decidió trasvasarla del italiano al español y someter su versión a lo que yo tuviera que decirle, con el original a la vista. La versión venía como anexo del email.

Confieso que quedé atónito al leer por primera vez aquella traducción de HAF, porque es un gran amigo y alguien con quien me comunico muy seguido, desde hace muchos años, y sé que no sabe alemán, a excepción de un centenar de sustantivos básicos. ¡Pero lo que aparecía en mi pantalla era una de las mejores traducciones de ese poema de Celan que haya tenido que leer a lo largo de los años!  Lo cual no podía significar otra cosa sino, sensu contrario, que la versión italiana de la que partió HAF era [será] como para sacarse el sombrero.

Trabajamos duro y parejo vía email, durante una semana o más, afinando aquí y allá, cepillando alguna viruta, lijando alguna desigualdad en la tersa superficie del texto. Y sobre todo llevando al mismo la que para mí es la mejor recreación posible del verso en el que se han quebrado las pestañas todos quienes en cualquier idioma se han atrevido con el poema: “Der Tod ist ein Meister aus Deutschland” [literalmente “La muerte es un maestro de Alemania”].

Felipe Boso, en 1980, luchó con denuedo tratando de desentrañar ese verso, es decir, de incorporarlo a su traducción con el sentido pleno que le diera Celan y que en verdad excede en mucho a la simple trasposición literal. No lo consiguió Felipe, y al final optó por la solución que puede leerse en 21 poetas alemanes y que no le satisfacía en su fuero íntimo, pero al menos era —creía él— un paso en la buena dirección: “es la muerte un maestro venido de Deutschland”, dejando ese topónimo en el original.

En febrero de 1983 murió Felipe de un infarto cardíaco inmisericorde, el segundo, exactamente a los cinco años del primero. Entre los amigos que acudieron al entierro se encontraba un gran admirador suyo, el escritor y traductor catalán Víctor Canicio, quien mientras íbamos tras el féretro, en el cementerio, me dijo lo siguiente: “Mucha parte del camino, desde Heidelberg, he venido pensando en la pelea de Felipe con el maestro venido de Alemania, o de Deutschland, y al final me parece que descubrí lo que él andaba buscando, ese verso creo que debe traducirse: ‘La Muerte es un clásico alemán’”. “Ein Meister” = “Un clásico”… Ecco!

Fue el más bello epitafio posible, e invisible, sobre la tumba de Felipe Boso, y es el único aporte fundamental que pude hacer a la traducción de HAF, la cual dice (o mejor, reza, salmodia) así:

Negra leche del alba la bebemos por la tarde
la bebemos a mediodía y de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire quien yace ahí no está estrecho
En la casa vive un hombre que juega con serpientes que escribe
que escribe cuando oscurece en Alemania tu pelo dorado Margarete
él escribe y se asoma a la puerta y las estrellas brillan él con un silbido llama los mastines
con un silbido hace salir a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
y nos ordena toquen pues para el baile

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y a mediodía te bebemos por la tarde
bebemos y bebemos
En la casa vive un hombre que juega con serpientes que escribe
que escribe cuando oscurece en Alemania tu pelo dorado Margarete
Tu pelo cenizo Sulamita una tumba cavamos en el aire quien yace ahí no está estrecho

Él nos grita entierren más hondo las palas en la tierra los otros toquen y canten
saca del cinto un fierro lo blande sus ojos son azules
ustedes hundan más hondo las palas los otros sigan tocando para el baile

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía y de mañana te bebemos por la tarde
bebemos y bebemos
en la casa vive un hombre tu pelo dorado Margarete
tu pelo cenizo Sulamita él juega con serpientes
Nos grita toquen más dulcemente la muerte la muerte es un clásico alemán
nos grita saquen a los violines un tono más oscuro así ustedes subirán como humo en el aire
así tendrán en las nubes una tumba quien yace ahí no está estrecho

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un clásico alemán
te bebemos por la tarde y de mañana bebemos y bebemos
la muerte es un clásico alemán su ojo es azul
te acierta con una bala de plomo te acierta seguro
en la casa vive un hombre tu pelo dorado Margarete
contra nosotros azuza sus mastines nos regala una tumba en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un clásico alemán

tu pelo dorado Margarete
tu pelo cenizo Sulamita

§

Last but not least, no puedo dejar de pensar en que Felipe era amigo personal de Celan, con quien tantas horas conversó en Bonn, lamentándose muchas de que tenía que seguir con su ganapán de traductor de textos oficiales abracadabrantemente estúpidos, a lo que Celan le respondía: “¡Ah, Herr Boso, si usted supiera las cosas que tengo que traducir yo para ganarme la vida!” Pues como dejé dicho, también Celan era traductor a tanto la línea de algunas de esas organizaciones internacionales que pululan en Ginebra.

Entre medias, Felipe sacó en Visor la que sigue siendo la mejor antología de poesía alemana actual que se haya hecho en nuestro idioma: sus 21 poetas alemanes (léase al respecto la reseña que le dedicó en El País, de Madrid, un gran conocedor de la poesía y el idioma alemanes, el poeta español Jaime Siles). Pero todavía sigue inédita su genial y congenial versión de “Engführung [=Stretta, un término musical)]”, otro poema–insignia de Paul Celan, que Felipe vertió al castellano bajo el título “Angura”, neologismo suyo a partir de “estrechura” y “angustia”. Cierto nepotismo editorial impide que se lea su traducción, donde “Gras, gras, auseinandergeschrieben”, ese verso emblemático, y que en todos los idiomas ha sido traducido servilmente como “Hierba, escrita separado”, o “Hierba, dispersamente escrita”, o cualquier otra apisonadora semántica del mismo jaez, por obra y gracia de Felipe se convierte en esta joya: “Grama, grama deletreada”.

 

Ricardo Bada
Escritor y periodista, residente en Alemania desde 1963. Editor en ese país de la obra periodística de García Márquez y los libros de viaje de Cela, y autor de Don Enrique, la única antología integral en castellano de la obra de Heinrich Böll.

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Publicado en: Florilegio, Resurrectorio

7 comentarios en ““Grama, grama deletreada”.
Paul Celan (1920-1970)

  1. Las dificultades de la traducción literaria, sobre todo en piesía, son interesantes aún para un mono-lingüe como es mi caso. Borges soñó con escribir poesía en español con el ritmo del inglés y del alemán. Su hipótesis sobre la causa del suicidio me resulta inconvincente y afectada como cierto tono que recorre su artículo, no obstante lo leí y disfruté su lectura. Por cierto Borges prefiere la palabra moon a la palabra luna, etc.

    1. Ignoro qué tono afectado recorre mi artículo, pero gracias por leerme, más mérito tiene así su lectura y que la haya disfrutado. En cuanto a que no sea convincente mi hipótesis acerca de su suicidio, para alguien como Celan, el que le acusaran de plagio, tiene que haberlo sentido como una puñalada trapera. A lo mejor me equivoco, pero no descartaria ese motivo, aunque no fuese el único.

  2. Agradezco su respuesta, estoy interesado en el momento actual de leer poesía y me interesa la traducción de textos literarios, en el mercado abundan las traducciones de pésima calidad, esto es algo que me resulta inexplicable. Por último, ¿Char y Celan se comocieron?

    1. No hay nada más arriesgado en el mundo de la literatura que la traducción de poesía. Yo me cuido mucho de opinar sobre la calidad de la traducción de poetas cuyo idioma original desconozco. En cuanto a Char y a su relación con Celan, sí que la hubo, y así queda documentado en la monumental edición del epistolario de PC, mi lectura predilecta de este año. He hecho, Celan tradujo poemas de Char, “editó” la antología alemana de su poesía, e incluso le dedicó su poema “Argumentum et silentio”. Pero la relación de confianza que se había establecido entre ambos se dañó de manera definitiva a consecuencia de los contactos amistosos entre Char y Claire Goll. Ya ve usted que las acusaciones (infundadas, calumniosas) de plagio por parte de la Goll le hirieron en lo más profundo. ¿Se imagina usted lo que hubiera sentido José Emilio Pacheco si lo hubiesen acusado de plagiar a (ponga aquí el nombre de un poeta mexicano de segunda fila)?

  3. Gracias por du respuesta puntual. Entiendo perfectamente las dificultades de traducir poesía, no las ignoro. Cuando habló de pésimas traducciones pienso en el ejemplar que poseo de Billy Budd, sailor que es en verdad muy mala. Usted seguramente estaría de acuerdo conmigo. Me interesan las lenguas,las culturas, la lingüistica, etcétera. Cuénteme entre sus lectores. ¿Se refiere a Magrit del autor belga? De ese autor he leído Luces Rojas y dos novelas más de su período norteamericano. Lo que conozco de este período me encanta. Gracias.

    1. Bueno, “Billy Budd” no es precisamente un poemario, sino un cuento largo o una novela breve. Y es posible que esté muy mal traducida al castellano, en Chile, en la colección Zig Zag, según recuerdo. Pero desde que vivo en Alemania y leo de corrido en alemán ya no leo libros traducidos si no es en este idioma, porque conozco de cerca cómo trabajan acá y me merecen mucha confianza. Y aunque hay grandes traductores del alemán al castellano, jamás se me ocurrirìa leer a un autor alemàn traducido… a no ser que me paguen por chequear la traducción, lo que ya me ha ocurrido un par de veces, o por hacer la reseña de un libro traducido del de Goethe a nuestro idioma, lo que también me ha sucedido una media docena de veces. En cuanto a su pregunta por Magrit, de un autor belga, debo suponer que tal vez se refiera a la saga de Maigret, por Simenon. Pero para aligerar nuestro contacto le sugiero que me conteste a mi dirección electrónica: r.bada.hansen@gmail.com

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