Los Increíbles 2: los temas políticamente correctos

Título original: The Incredibles 2
Director: Brad Bird
Guión: Brad Bird
Año: 2018
País: Estados Unidos
Música: Michael Giacchino
Productora: Pixar Animation Studios / Walt Disney Pictures

El mayor secreto a voces de la historia de la humanidad es sencillo: nos asusta lo que no es igual a nosotros. Este sentimiento, llevado a sus últimas consecuencias, ha dado un largo historial de guerras, genocidios y odio entre naciones. Ya explorado en otras sagas de superhéroes (X-Men, o la franquicia millonaria de Marvel), el miedo a la otredad es el punto de partida para que Los Increíbles 2, de Brad Bird, de un tour por lo políticamente correcto en estos tiempos llenos de tensión.

Ubicada temporalmente en el final de su antecesora, Los Increíbles 2 presenta a la familia Parr en el punto más bajo de su carrera como superhéroes: un asalto al banco con saldo rojo y una ciudad destruida. Con más pérdidas que beneficios, los Parr son relegados a vivir en un viejo motel de paso porque ahora todos los “supers” (personas con habilidades sobrehumanas) se han vuelto ilegales.

Como familia, los Parr comienzan a preguntarse sobre la utilidad de sus habilidades: Bob (Mr. Increíble) alienta a sus hijos, Violeta y Dash, a no negar su identidad mientras Helen (Elastic Girl) les recuerda que siempre hay que obedecer las leyes. En esta fragilidad de discursos, los Parr son contactados por los hermanos Deavor, Winston y Evelyn, multimillonarios que quieren devolverles sus viejas glorias a todos los superhéroes del mundo.

Desde este punto, lo políticamente correcto le da un toque bastante especial a la obra de Bird: como una mega campaña publicitaria, los Deavor eligen a Elastic Girl para ser la emisaria que reafirme el compromiso de los superhéroes con la sociedad, y es así como Helen, la matriarca de la familia intercambia los roles con Bob, su esposo: ella trabaja y él cuida a los niños. Con el background de la película y de nuestro presente como espectadores, pensemos en la pertinencia del discurso en donde la mujer se empodera.

Con esta división de roles, la película también se divide en dos narraciones distintas: en la primera somos testigos del éxito de Elastic Girl como la nueva cara en pro de los superhéroes, y en la segunda a Bob, el temido e invencible Mr. Increíble, relegado a las tareas del hogar y ajeno al mundo que ahora deben proteger.

Aunque no es vital ni obligatorio que una película animada deba contener un carga de política contundente, al menos sí debería ser congruente con el discurso que elige representar. En la primera narración, Elastic Girl es una suerte de Mujer Maravilla, admirada y querida por todos, la representación de los buenos valores ciudadanos. Una vida de ensueño que es frenada por la aparición del “Rapta-pantallas”, un villano que niega el regreso de los superhéroes y que parece estar un paso adelante de las estrategias para capturarlo.

La astucia y las habilidades de Elastic Girl parecen ser insuficientes y el discurso del empoderamiento femenino es reducido al de la “familia unida” que, sin ser exigentes, no es decabellado, pero que nos habla bastante del discurso sobre la mujer en las producciones estadounidenses. Aún cuando Mr. Increíble logra comprender y conocer más a sus tres hijos, la tarea se le antoja agobiante, exhausta, casi irreal con un niño hiperactivo con dificultades para entender las matemáticas, una adolescente con el corazón roto y un bebé que está descubriendo el potencial de sus poderes. Todo estará en orden cuando recurra a un viejo personaje: Edna Mode, la excéntrica diseñadora que comprenda las habilidades del bebé Jack Jack y le explique a Bob cómo contener la fuerza de su pequeño hijo.

Y es aquí, en la animación, donde se reafirman los roles de género que sólo pueden ser modificados por un tiempo, pero no para siempre. La mujer puede jugar a ser fuerte, decidida, pero al final, la idea de estar lejos de la crianza de los hijos se impone más y trae como consecuencia que la astucia del mal crezca hasta casi controlar al mundo. 
Cuando las cartas de Elastic Girl se agoten, regresará la unión familiar liderada por el patriarca. Ambas líneas narrativas, predominantes y paralelas, dejan de lado los conflictos de los niños, y aunque hay un afán por humanizarlos y hacerlos más cercanos al espectador, su presencia es casi anecdótica hasta que el hueco sea medianamente subsanado cuando los tres hijos organizan una misión y pongan a prueba su capacidad de acción y liderazgo sin la supervisión de los adultos.

Única entre las películas de su generación, Los Increíbles 2 es una reflexión sobre los problemas maritales, la competencia y los celos, el empoderamiento y el autodescubrimiento, capas densas que se equilibran bien con un ritmo ágil en sus secuencias de acción, que por cierto superan sin problema las realizadas por Marvel o James Bond; además de su impulso cómico que está presente en la cotidianeidad de la familia con las locuras de los niños y, sobre todo, en Jack Jack, el personaje que pasó desapercibido en la primera película y que ahora ofrece una perversa combinación entre la inocencia de un bebé y la conciencia de un ser que se sabe poderoso, para muestra esa peculiar secuencia que incluye a un mapache.

Sin duda, esta secuela es un distinguido despliegue de animación, un diseño de producción que se jacta de su alcance al recurrir, por ejemplo, a distintos tipos de animación en una misma secuencia de batalla, un detalle que no es poca cosa y que no es una decisión trivial cuando vemos que lo que tenemos en pantalla es la imaginería de Pixar, el hogar de Toy Story (1995), Wall- E (2008) y Up (2009), animaciones que ya son parte de la historia del cine.

Los Increíbles 2 no supera a su antecesora, pero sí construye una identidad propia, resuelve los dilemas de cada personaje y los hace transitar por un camino de aprendizaje. A pesar de sus discursos cómodos que se camuflajean en su primer público, los niños, lo que hace Pixar es un precedente que impulse a hablar más sobre los temas que aquejan a la sociedad: la fragilidad de la masculinidad, la identidad y, sobre todo, la fuerza que, al final, tiene la unión familiar.

 

Arantxa Luna
Twitter: @holasoyarantxa_

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Publicado en: Permanencia voluntaria