Leatherface: la pésima génesis de Masacre en Texas

Leatherface es excesivamente predecible y carente de astucia. No hay una buena historia ni justificaciones para la sangre, o para el perfil de asesino que, se supone, habita el resto de este universo.

Leatherface
2017
Directores: Alexandre Bustillo y Julien Maury.
Guionista: Kim Henkel.
Elenco: Stephen Dorff,  Lili Taylor,  Sam Strike.

Leatherface es la octava película de la ahora franquicia The Texas Chainsaw Massacre que tuvo su origen con el director Tobe Hooper en 1974, quien introdujo al séptimo arte, de forma comercial, el género slasher a manos del personaje ya icónico dentro de la cultura pop Leatherface, cuyo nombre real es Jed Sawyer.

La primera de las películas, como es bien sabido, ha pasado a la historia del cine como una película de culto, pues el perfil de este asesino sádico resultó excesivamente violento para la generación de la época, además de que la fórmula apenas se estaba inaugurando. 

La industria fílmica hizo lo suyo, y luego de este éxito lo que hemos tenido son diferentes intentos por darle continuidad a la historia, e incluso de resetearla para intentar impresionar a nuevas audiencias que al crecer en otra generación más acostumbrada a escenas violentas ya no se inmutaban realmente ante la estética de la primera.

Sobre la continuación y el reboot en realidad no se debería de esperar nunca algo mejor sino mero producto comercial. En términos financieros, la industria sabe que aun cuando las próximas películas venideras de la saga (cualquiera que sea) sean malas, la gente asiste a las salas de cine más por curiosidad por saber qué pasará ahora que por la mera calidad de la cinta. Por supuesto, toda esta franquicia alrededor de este asesino, cuya herramienta de matanza principal es una motosierra, no ha sido la excepción. Leatherface es la octava cinta y los productores tienen los derechos para por lo menos otras cinco cintas más: ¡una verdadera exageración!

La nueva cinta, dirigida por Julien Maury y Alexandre Bustillo, es una precuela a la gran cinta de Tobe Hooper que intenta explicar la génesis del villano. Explicar al espectador quién es Jed Sawyer y cuál es su historia de vida que termina por configurarlo como una bestia con sed de matanza y cómo es que éste termina atado a esa máscara  amorfa. La película comienza con una escena que, aunque sirve para contextualizar los rituales de la familia Sawyer, parece innecesaria para la narrativa. Sin embargo parece una mera exigencia visual con tal de mostrar sangre y matanza a pesar de lo absurdo. Punto que permite medir la exageración e insuficiencia que vendrán en los minutos siguientes.

Vemos a Jed pasar rápidamente de niño a adolescente y cómo es que éste es enviado a un tipo de centro psiquiátrico para jóvenes violentos, donde, vale decirlo, él parece el más “normal”. Tanto así que una joven enfermera recién llegada comienza a sentir empatía por él por la forma racional en la que parece guiarse al interior de ese infierno, donde minutos después habrá un amotinamiento tras el cuál varios lograran escapar de ahí. Jed entre ellos.  

Es difícil encontrar un punto firme en la película. Leatherface es excesivamente predecible y carente de astucia. No hay una buena historia ni justificaciones para la sangre, o para el perfil de asesino que, se supone, habita el resto de este universo. Todo es gratuito, una farsa mal hecha. Lo que aparentemente se quería construir: el mundo previo del asesino termina por ser un remedo de alguna familia sureña de Estados Unidos racista, ignorante y salvaje, que mata por hábito y gusto.

Esta octava película de la saga parece un performance vacío. No hay nada real ahí o algo que aporte. Es más show visual que slasher o una precuela digna de la historia que quedara inmortalizada en 1974. No hacía falta, al igual que no hace falta ninguna otra película sobre Leatherface. Lo que se necesita es espacio para respirar y quizá dejar morir esa historia antes de que el personaje devenga sinónimo de nada. No se puede estar jugando con la misma fórmula con el paso del tiempo, el terror que lograra la primera de estas cintas se debió en gran medida al contexto; todo era nuevo, pero hoy en día intentar vendernos en la pantalla un remedo de aquel personaje, sólo que con unos años menos y con algunas actuaciones que, intentando personificar la locura, pecan de ridiculez, es una tomada de pelo. Una falta de respeto para una de las mejores películas de terror.

Dudo que esta película le quite el sueño por la noche a alguien o que haya dado las suficientes razones para explicar la génesis de este asesino. Leatherface es un mero juego de atracciones que ridiculiza a su personaje principal. Una pérdida de tiempo que afortunadamente no llegó a muchas salas de cine.  Habrá que quedar a la espera de que el subgénero reviva en algún otro lado porque en esta franquicia lo están asfixiando.

 

Fernando Bustos Gorozpe
Profesor en la Universidad Anáhuac Norte y candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.
Twitter: @ferbustos.

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Publicado en: Permanencia voluntaria