En la 57 entrega del premio Ariel otorgado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, Bertha Navarro fue galardonada con el Ariel de Oro. Este premio recuerda su participación en la producción de más de treinta películas, y celebra su destacada trayectoria en el cine nacional. Entre sus trabajos sobresalen las producciones en las que ha colaborado con Paul Leduc y Guillermo del Toro, con el cual llevó a cabo su ópera prima, Cronos, en 1993. Actualmente, Navarro participa en una coproducción entre México y Ecuador con Sin muertos no hay carnaval. Sus palabas de agradecimiento al recibir el Ariel de Oro el lunes pasado son una breve lección sobre la construcción del trabajo cinematográfico y el sentido de responsabilidad del cineasta.
Estoy muy emocionada y enormemente agradecida con la Academia, con mis colegas, amigas y amigos, por el reconocimiento que me otorga la comunidad de cineastas a la que pertenezco desde hace muchos años. Es este sentido de comunidad el que hoy, más que nunca, debemos de fortalecer a partir de la solidaridad, el apoyo, el respeto y el agradecimiento. Sentir verdaderamente júbilo por el éxito del otro y vivirlo como propio, pues cada buena película mexicana y cada reconocimiento nos aporta a todos.
No hay que olvidar que nadie puede hacer cine solo, siempre hay que trabajar con otros. El cine es el conjunto de muchos talentos, es un esfuerzo colectivo. Nunca es “mi película”, es “nuestra película”. Por eso, hay que ser más generosos, mejores personas, y así, mejores cineastas. El talento debe orientarnos para poder ver al otro: tenemos que conocer más profundamente a la gente y a los demás, en la diversidad de nuestro país.
Debemos aspirar a la reflexión. Hacer cine es un privilegio, pero también es una responsabilidad. ¿Qué vemos? ¿Cómo vemos? ¿A quién nos dirigimos? Tenemos que saber qué vamos a contar y cómo lo vamos a contar. También cuál es nuestra aproximación al público y nuestro respeto al público. Nosotros, como cineastas, debemos estar dispuestos a mirar. Esa es nuestra profesión. No podemos no ver, no saber, no tener memoria y un día amanecer en el horror sin saber qué pasó y dónde estábamos. Hay que pensar qué aportamos a nuestro país, a nuestra cultura y a nuestra gente. No podemos perdernos en pequeñeces, en el individualismo, en la inconsistencia, en la trivialidad o en la enajenación. Como cineastas, no podemos desperdiciar la oportunidad de ser responsables. Muchísimas gracias nuevamente. Los quiero de corazón. Y dedico este Ariel a mis nietos, Nicolás y Luisa.