Fue imposible tener un debate de ideas con Enrique Krauze. Los motivos de esta imposibilidad los pueden inferir los lectores de las dos réplicas (aquí la primera y acá la segunda) que Krauze escribió como respuesta a la reseña que publiqué sobre su libro De héroes y mitos en la edición de nexos de mayo. Como punto final, por mi parte, al intercambio que sí hemos tenido (véase mi contrarréplica a su primera reacción), presento sucintamente cuatro cuestiones que ayudan a explicar por qué el debate antedicho no pudo tener lugar y por qué la mayoría de mis críticas quedaron sin respuesta. Presento estas cuatro cuestiones en el orden en que aparecen en la segunda réplica de Krauze (“Breña en su barricada”, Letras Libres, julio 2011).

 

1. LA DESCALIFICACIÓN. Así como en su primera respuesta Krauze se refirió a mi reseña como una serie de “desplantes”, en la segunda se refiere a mi contrarréplica como una “especie de videojuego”. Ahora bien, la especie en cuestión es la antítesis entre academia y divulgación que él mismo planteó abiertamente, como lo pueden verificar los lectores, en la primera de sus dos réplicas (“Endogamia”, Letras Libres, junio 2011). Llama la atención, al menos a quien esto escribe, que apenas un mes después de planteada dicha antítesis, ésta le parezca a su autor una “especie de videojuego”.

2. LA MENTIRA. Krauze miente por partida doble cuando afirma que mi contrarréplica apareció en el “blog” de la revista Nexos (“muy apropiadamente” exclama airoso) después de haber sido rechazada “por dos revistas académicas de gran prestigio, Istor e Historia Mexicana”. Mi contrarréplica no fue rechazada por ninguna de esas dos revistas. Lo que fue rechazada por ambas fue mi reseña original. Ahora bien, las razones de este rechazo tienen que ver sobre todo con la escasa calidad del libro De héroes y mitos.

La redacción de Historia Mexicana es clara al respecto en el correo que me hizo llegar el 2 de marzo del año en curso a mi dirección electrónica de El Colegio de México (rbrena@colmex.mx). Dada la imposibilidad (por ética profesional) de reproducir textualmente tanto éste como el correo de la revista Istor, baste decir que, para los evaluadores de Historia Mexicana, el libro de Krauze no solamente no es una investigación histórica formal, sino que es demasiado heterogéneo, tanto en la forma como en el fondo. La conclusión de los evaluadores es que carece de la entidad suficiente como para ser reseñado en una revista de investigación.

En cuanto a Istor, en un correo que recibí el 22 de marzo (dirigido a la misma dirección electrónica), el dictamen es muy claro cuando afirma que si bien mi reseña es un buen ejercicio crítico, el libro de Krauze presenta tantos flancos débiles que mi crítica se convierte en algo relativamente fácil. La conclusión va en el mismo sentido que la de Historia Mexicana: el libro en cuestión no merece una reseña en una revista como Istor.

3. LA INCONGRUENCIA. En su segunda réplica, Krauze intenta, una vez más, convencer a los lectores de que él solamente criticó a “cuatro” historiadores, por lo que tanto mi reseña como mi contrarréplica le parecen ejercicios desmesurados (“delirio” es el término que emplea para referirse a la segunda en concreto).

Poniendo entre paréntesis las numerosas ocasiones en las que Krauze ha hablado o escrito en forma despectiva sobre la academia mexicana que se dedica a la historia, resulta verdaderamente incomprensible que alguien que (me gustaría pensar) pretende mantener una mínima congruencia discursiva, insista particularmente en este punto, y, al mismo tiempo, tenga la desfachatez de afirmar que la ciencia histórica mexicana, en su conjunto, no sólo “vive una crisis”, sino que, además, por su incapacidad para reconocerla, “camina a oscuras hacia el porvenir” (De héroes y mitos, p. 53).

4. EL AUTOELOGIO. La segunda réplica de Krauze termina con uno más de sus habituales autoelogios. En esta ocasión elogia la larga trayectoria divulgativa de la exitosa Editorial Clío. Reconozco sin ambages el papel precursor de esta empresa en lo que respecta a la divulgación de la historia nacional. Lo que me interesa destacar aquí, sin embargo, es la constante y, en mi opinión, reveladora confusión en la cabeza de Krauze entre “debate” y “autoelogio”. Este último, inmerecido casi por definición, no es prácticamente nunca un argumento. Es más bien una aseveración o conjunto de aseveraciones que tienen que ver, sobre todo, con la vanidad e inseguridad del interlocutor, pero que difícilmente aportan elementos que incrementen el nivel de una discusión o iluminen algún punto de lo que, en principio al menos, es un intercambio de argumentos y contraargumentos.

 

Como colofón de este fallido debate de ideas, termino mi réplica final refiriendo lo que me parece un excelente ejemplo de la manera evasiva, tramposa y displicente que tiene Krauze de “debatir”. En este caso concreto, con alguien que ve la disciplina histórica, el quehacer historiográfico y la divulgación de un modo muy distinto al suyo.

En su segunda réplica, nuestro Premio Nacional de Historia 2010 señala que mi opinión sobre la historia de bronce se caracteriza por su “miopía” pues, afirma, desdeño la crítica a esta historia. Según él, yo asevero (así, sin más) que “¡esa historia no será superada jamás!” (por cierto, los signos de exclamación, incluidos dentro de las comillas por el propio Krauze, son una cortesía de su parte). Y remata (con esa perspicacia intelectual a la que nos tiene acostumbrados): “Con ese criterio, seguiríamos leyendo los libros de texto de 1960.”

Lo que yo escribí en mi contrarréplica fue lo siguiente: “…si el criterio para evaluar si la Historia de Bronce ha sido o no superada es el carácter de los festejos conmemorativos del Estado mexicano relativos al bicentenario [como Krauze planteó en su primera réplica], es evidente que dicha historia no será superada jamás, pues los gobiernos, todos, conmemoran los acontecimientos históricos por motivos que no tienen nada que ver con el estudio riguroso del pasado.”

Mediante mi trabajo académico en primer lugar y, si bien de un modo distinto, por medio de debates con interlocutores dialogantes, espero contribuir a dicho estudio.

Roberto Breña. Profesor-investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. Es autor del libro El primer liberalismo español y los procesos de emancipación de América, 1808-1824 y editor de En el umbral de las revoluciones hispánicas: el bienio 1808-1810.

 

 

2 comentarios en “Réplica final (desde una barricada imaginaria) a Enrique Krauze

  1. Sabido es que Krauze vende mejor de lo que escribe y nunca da menos (ni más) de lo que se espera de él. A fin de cuentas, ridiculiza a la historia oficial (que existe en todos los países) y abrir el camino a los juicios fáciles era su misión. Particularmente creo que no hace ningún bien el renunciar a nuestros mitos fundacionales en aras de una racionalidad más bien cínica, donde nada y todo es digno de recordarse. El problema es la exagerada exposición a su ejercicio de divulgación (por llamarla de algún modo), que permitirá llegar con su visión particular de lo que es y no es la historia a un gran público, que cada día tiene menos motivos para celebrar su pasado.

  2. Enhorabuena, Roberto. Creo que hiciste lo correcto, pues es apropiado y necesario poner punto final a un intercambio que nunca lo fue, toda vez que a Krauze le resultan completamente ajenas algunos de los procesos fundacionales de la cultura académica verdaderamente seria: a saber, las reseñas críticas, la sujeción a dictámenes anónimos entre pares, y, sobre todo, la apertura autocrítica necesaria para poder corregir, modificar y avanzar nuevas propuestas y visiones de, en este caso, la historia y el quehacer histórico.