Para estos días tenebrosos, ofrecemos un grupo de obras que versan sobre una de las figuras más seductoras que podamos llegar a conocer. Está presente tanto en los textos fundacionales de las religiones monoteístas como en un sinnúmero de cuentos, leyendas, mitos y nuevas sectas a veces escalofriantes. Figura tan prolífica en la literatura como el héroe que regresa a Ítaca, aquí están los libros del diablo, el ángel caído, Lucifer, Satanás, Belcebú, Mefistófeles o como en su casa gusten llamarlo.
La otra Biblia

En San Francisco, por ahí de los años sesenta, Anton Szandor LaVey (Chicago, 1930) ya tenía fama de psíquico y ocultista. Sin embargo, se volvió toda una celebridad cuando fundó la Iglesia de Satán, una cofradía contracultural muy ad hoc para la época, que defenestraba la hipocresía de la iglesia católica y proclamaba su propia teoría del superhombre amparado en su interpretación de Nietzsche y Darwin; y, por supuesto, en sus poderes ultraterrenos.
En 1969 LaVey publicó La Biblia satánica, una colección de ensayos, pensamientos y rituales donde el denominado “Papa negro” despliega su sabiduría. Dividida en cuatro libros (“Satán”, “Lucifer”, “Belial” y “Leviatán”), esta obra ofrece su propia versión del diablo, invierte los diez mandamientos (prefiere el “ojo por ojo” a “la otra mejilla”), extiende un catálogo de rituales que incluyen misas negras e invocaciones a Satán. Recibida con la esperada mezcla de admiración y rechazo, La Biblia satánica es, al día de hoy, referente obligado para cualquier satanista moderno que se precie.
Anton Szandor LaVey, The Satanic Bible, Mass Market Paperback, 1976, 276 p.
Manual para cazar brujas

El Malleus Maleficarum o Martillo de las brujas apareció por primera vez en Alemania en 1487. Para ser un mundo en el que los lectores escaseaban, esta obra compilada y escrita por los dominicos Heinrich Kramer y Jacob Sprenger fue editada por toda Europa. La razón es sencilla: se convirtió en el manual supremo de la Inquisición.
Después de que la Iglesia aceptara formalmente la existencia de la brujería en 1484, en el Viejo Mundo se desató una cacería que duró siglos. ¿Sus víctimas? Las mujeres acusadas de tener pactos con el diablo (el libro es todo un manual de misoginia, ya que parte de la creencia de que el apetito sexual de la mujer es insaciable). No importa si se es cristiano o protestante, El martillo de las brujas explica con precisión la forma de trabajar y los métodos de las hechiceras, así como las claves para detectarlas, enjuiciarlas y sentenciarlas. Desde luego, la tortura es vista como una herramienta completamente natural; después de todo, ¿qué supone el dolor de la carne frente a la liberación del alma?
Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, El martillo de las brujas (Ed. facsimilar de la edición de 1874), Maxtor, 616 p.
Biografía del diablo

A Daniel Defoe lo conocemos sobre todo por Robinson Crusoe, Moll Flanders y el Diario del año de la peste, espléndidos ejemplos de la novela inglesa decimonónica. Pero Defoe también es autor de Historia del diablo, una suerte de biografía cáustica del señor de las tinieblas.
En este libro lleno de erudición, ingenio y política, Defoe se da a la tarea de rastrear decenas de fuentes, desde la Biblia hasta la tradición literaria, para analizar la manera en que el diablo ha sido retratado a lo largo y ancho de la cultura occidental. Siempre polémico y atinado, Defoe ancla su estudio en el contexto histórico, desmitificando la visión tradicional que la Iglesia tiene de Lucifer y destilando de paso cierta empatía hacia el ángel caído. Como afirma el propio autor, su intención es “ofrecer la verdadera Historia de ese Tirano del aire, de ese Dios del Mundo, de ese terror y esa aversión del Género Humano, que se llama Diablo; de hacer ver lo que es y lo que no es, donde está y donde no está, cuando está en nosotros y cuando no lo está…”
Daniel Defoe, Historia del diablo, Capitán Swing, 2010, 372 p.
El canto del cisne negro

Para los entendidos es la obra que culmina el ciclo de la literatura gótica. Melmoth el errabundo contiene todos los elementos de la buena literatura romántica. Escrita por el irlandés Charles Maturin en 1820, narra la historia de John Melmoth, un estudiante dublinés que hace un pacto con el diablo. El sortilegio alarga su vida por más de dos siglos, y John se convierte en un ser atormentado que deambula por cárceles, manicomios y tribunales, en busca de alguien a quien le pueda endilgar su condena. Poco conocida en español (le debemos su rescate, para variar, a Valdemar) este “canto de cisne” de la literatura gótica expone una versión infernal del destino humano: el permanente descenso a los abismos.
Melmoth el errabundo ha deambulado también por la historia de la literatura. Encontramos referencias suyas en las páginas de Nabokov, Hawthorne, Banville y Pushkin, por citar algunos. Balzac la colocó a la altura del Don Juan de Molière, el Fausto de Goethe y el Manfred de Byron; incluso aventuró una secuela, la novela corta Melmoth reconciliado. Para el gran Lovecraft, es una obra imprescindible.
Charles Robert Maturin, Melmoth el errabundo, Valdemar, 2012, 756 p.
La risa de Satanás

En Moscú, mientras dos miembros de la burocracia cultural dialogan sobre Cristo, aparece un joven llamado Voland, que no es otro sino el mismísimo diablo. Con ayuda de sus esbirros, entre los que se incluye un gato parlanchín, Voland se dedicará a hacerle la vida imposible a la élite literaria. Por ahí aparecerá el Maestro, un autor desesperado porque su novela sobre Poncio Pilatos y Cristo ha sido rechazada, y Margarita, su joven amante, que aceptará un pacto infernal para convertirse en una bruja con poderes sobrenaturales que hará hasta lo imposible con tal de que su amado recupere la cordura. En una nuez, nos referimos a El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, considerada una de las obras cumbres de la literatura rusa del siglo XX.
Pero la novela es mucho más que eso. Censurada en su tiempo, El maestro y Margarita es un complejo entramado que incluye sátira, filosofía, historia, sin perder su refinado estilo. Es una parábola antitotalitaria, un carnaval hilarante y una reinterpretación del mito fáustico. Escrita en un tiempo en que el ateísmo soviético primaba sobre cualquier intención artística, la novela de Bulgákov destaca como pocas en el parnaso de la tradición rusa y occidental.
Mijaíl Bulgákov, El maestro y Margarita, Debolsillo, 2002, 480 p.