Para pensar a la Revolución rusa, su relevancia histórica, sus protagonistas, sus aciertos y errores, sobran los libros. A cien años de la toma del Palacio de Invierno, sugerimos algunos títulos para todo aquel que quiera adentrarse a uno de los acontecimientos más relevantes del siglo XX.
Unos meses para cambiar al mundo

La Revolución rusa solo necesitó de unos cuantos meses para cambiar la historia del mundo. En Octubre. La historia de la Revolución rusa, publicado este año por Verso Books en inglés, y en español por la editorial Akal, China Miéville hace el recuento de la serie de acontecimientos vertiginosos que tuvieron lugar de febrero a octubre de 1917 en distintas partes del enorme territorio Ruso. Con una prosa vívida y pausas en detalles que son poco conocidos, lo que leemos es una historia llena de atropellos, de cambios de ideas, de personajes menores que entran y salen, de aldeas remotas en condiciones muy precarias; un remolino que aun así se as arregla para desembocar en el primer gobierno proletario del mundo.
Miéville es un escritor de ficción, y con esta obra emprendió la tarea de contar una historia en todo el sentido de la palabra. Para hacerlo, revisó archivos documentales y mucha historiografía relacionada con el tema, pero lo que narra finalmente es una serie de eventualidades y sus respectivos protagonistas con la suficiente soltura para hacer sentir al lector que está en presencia del cambio: ese que no es evidente hasta que sucede. Para muchos, este es un libro comparable a Diez días que estremecieron al mundo de John Reed, que relata lo que el periodista estadounidense vivió en carne propia hace cien años en la revolución que polarizó al planeta. El libro de Miéville recupera la crónica y es una gran forma de acercarse por primera vez a la historia de ese otoño soviético.
Miéville, China, Octubre. La historia de la Revolución rusa, Madrid, Akal, 2017, 360 p.
Vanguardias rusas

Una vez establecido el régimen soviético, uno de los elementos más poderosos en el proceso de su supervivencia y reproducción fue el arte. Metido hasta en la cocina con platos que recuperaban diseños suprematistas de Malévich, el arte pretendía homogeneizar a las masas en una misma experiencia estético-filosófica. La búsqueda de la revolución por un nuevo orden también anidó en los lienzos, la fotografía, los escenarios, la música y el cine soviéticos, dando resultados que por mucho trascendieron los retos de la vida común bajo el socialismo.
Todo esto lo vimos hace un par de años en la exposición de Bellas Artes, “Vanguardia rusa: el vértigo del futuro”, que trajo a sus salas obras de Ródchenko, Popova, Einsenstein, Tatlin, Stepánova y Malévich, entre otros de los exponentes más importantes de las vanguardias rusas, y de las más diversas colecciones nacionales. El catálogo publicado funge como memoria de esa exposición única y creada solo para México, pero también contiene una serie de ensayos que le explican al lector el desarrollo de los distintos movimientos creativos en Rusia, su búsqueda por la libertad del hombre, sus manifestaciones en nuevos materiales y tecnologías, la ruptura con el arte que les antecedía y, también, los problemas políticos y las persecusiones que enfrentaron los artistas cuando sus creaciones dejaron de ser discernibles para los líderes del Kremlin.
Arroyo, Sergio Raúl et al, Vanguardia Rusa. El Vértigo del futuro, México, INBA, 500 p.
Poesía revolucionaria

Entre los poetas del movimiento artístico soviético, Vladimir Mayakovsky quizás sea el que mejor transmite las imágenes de las ciudades que empezaban a industrializarse en los albores del siglo XX ruso, de los hombres y mujeres ataviados para el trabajo fabril y del sentimiento colectivo que lo llevó a él mismo a asegurar: “Yo también soy una fábrica”. Sin embargo, el poeta, dramaturgo y comprometido revolucionario también escribió sobre el amor, la religión y las estrellas, siempre con la fuerza arrasadora del futurismo ruso. La antología que publicó Akal hace ya varias décadas es una ventana ideal para asomarse a su obra.
Mayakovsky, Vladimir, Poesía, Madrid, Akal, 2012.
Los orígenes

El aniversario de la Revolución soviética coincide con otro aniversario que le atañe directamente. De hecho, causalmente: el de los 150 años de la publicación de El Capital, de Karl Marx. En este libro de economía política, el historiador y teórico alemán estudia el modo de producción capitalista con la intención de que los obreros alemanes, franceses e ingleses de la segunda mitad del siglo XIX entendieran el funcionamiento del sistema que ordenaba sus vidas, que los explotaba y del cual tenían que liberarse. Marx no creía que las ideas de la revolución obrera pudieran retomarse en un país que dependía de la explotación agrícola. Sin embargo, fue justamente en un país de este tipo, Rusia, en donde El Capital alcanzó la suficiente popularidad para establecer efectivamente el régimen del proletariado.
Se ha escrito bastante sobre las interpretaciones que hicieron los bolcheviques, y sobre todo Lenin, de la extensa obra de Marx; muchas veces incluso sugiriendo que el líder soviético leyó al economista erráticamente. Sea como sea, las ideas que contiene El Capital —en particular su primer volumen—, son el antecedente más relevante en el sistema político y económico que quiso implementar Rusia después de acabar con el régimen zarista. La convergencia de aniversarios, y el hecho de que el Fondo de Cultura Económica estrena edición de El Capital con la nueva traducción revisada de Wenceslao Roces, nos incita a darle oportunidad a este libro de una vez por todas.
Marx, Carlos, El Capital Vol. I, México, FCE, 2014, 1016 p. y Marx, Carlos, El Capital Vol. II, México, FCE, 2017, P.
Grandes hombres

Al volver la mirada hacia el pasado, existe la tentación de explicarlo todo como una sucesión de hechos definidos por las actuaciones de unos cuantos hombres. Por fortuna, esa manera de hacer historia es cada vez más cuestionada y en el centro de las narraciones aparecen con más definición los hombres y mujeres comunes, esos a los que la Historia parecía pasarles por encima. En determinados momentos, empero, los hombres que tuvieron el poder lo ejercieron de tal forma, que su actuación resulta indispensable para explicar el mundo. Ese es el caso de Lenin, Trotski, Stalin y el régimen soviético que duró más de setenta años. El historiador Robert Service publicó, en menos de una década, las biografías de cada uno de estos líderes rusos, no sin causar revuelo y críticas por parte de sus colegas. Vale la pena acercarse a esta serie si se quieren conocer los detalles del carácter, las ideas y alianzas políticas que pueden volver realidad las necedades de unos cuantos.
Service, Robert, Stalin, Siglo XXI, 2006, 708 p.
—–, Lenin: una biografía, Madrid, Siglo XXI, 2010, 678 p.
—–, Trotski, Barcelona, Ediciones B. Barcelona, 2010, 528 p.
Ficción sin serlo

De los tres protagonistas de la Revolución rusa, el más atractivo para nosotros quizás sea León Trotski, que vio el ocaso de su vida en agosto de 1940 en su casa de Coyoacán en la Ciudad de México. El relato de su tiempo en nuestro país está repleto de intrigas por las que transitan los muralistas mexicanos más representativos del siglo XX (recordemos que Siqueiros incluso fue cómplice de un intento de asesinato al antiguo líder militar por órdenes de Stalin).
En El hombre que amaba a los perros, Leonardo Padura retoma la historia del golpe final a Trotski, atestado por Ramón Mercader, en una novela que mezcla la Cuba de los años setenta, sumergida por completo en el socialismo, el pasado de Mercader en Barcelona y la vida de Trotski en México. Por la combinación entre su contenido histórico, las críticas a la Cuba contemporánea y la relación entre los protagonistas ficticios, es una novela poderosa y cargada de política. El lector siente tener entre sus manos el mismo piolet con el que Trotski fue asesinado.
Padura, Leonardo, El hombre que amaba a los perros, México, Tusquets, 2009, 573 p.