El oficio de escribir es el tema que la editorial queretana Gris Tormenta abordó recientemente. Presentó, en el marco del Hay Festival 2017, el primer volumen de su colección Disertaciones, que publica textos de pensamiento grupal. Por qué escribo. Antología de pensamiento literario en la que veintitrés escritores reflexionan sobre la literatura como oficio es una compilación de autores —en su mayoría queretanos— que ahondan en las razones por las que decidieron escribir. Según su editor, Jacobo Zanella, Gris Tormenta cuestiona qué estimula a los escritores y cuál es la trascendencia de la literatura.

Zanella se pregunta si la visibilidad profesional depende del entorno, de estar en el lugar correcto en el momento correcto. No busca las coordenadas geográficas sino las intelectuales. Le interesa la función del escritor como pensador, generalista, como personaje idiosincrático. Así concibió la antología, porque “quería escuchar al pensador, quería ver el proceso del ensayo deconstruido, la voz interior”. Zanella afirma que la pregunta es simple, la respuesta no lo es; algunos autores sostienen que la pregunta es irrelevante; otros, que es más ineludible que nunca.

Los textos de la antología abarcan un amplio espectro de sentires y perspectivas, desde la pesquisa intelectual hasta el tropiezo con el fracaso. Un autor dice que a través de las palabras “se fuga de las cárceles de la realidad”, mientras que otro sugiere que “a través de la escritura los significados de la realidad se multiplican”.

Zanella hilvana una serie de preguntas que posiblemente no tengan respuesta:

¿Por qué escribían Cervantes y Lope de Vega? ¿Emily Dickinson y James Joyce? ¿Por qué Juan Rulfo escribió Pedro Páramo? ¿Existe una respuesta? ¿Por qué Margaret Atwood escribió un libro que nadie ha leído y que se publicará hasta 2114 en papel hecho de árboles que acaban de sembrarse especialmente para eso?

Los integrantes del abanico de escritores ensayan y dialogan sobre las razones por las que decidieron dedicarse a la escritura. Para muestra, unos botones:

Eduardo de la Garma (San Luis Potosí, 1985) revela el anhelo de transformación:

Una escritura es el pie de página de un cisma bestial: aturde, pero no se oye: deshabita. Y ahí, en ese estrecho territorio, ante la amenaza de una voluntad y un lenguaje que nomás no cuaja, el precario e insondable placer irrefrenable: el riesgo de la escritura, la apuesta por dejar de ser uno mismo.

Mariana Hartasánchez (Ciudad de México, 1976) se refiere a la intuición literaria:

La única manera de formar subjetividades plenas es a través de la transgresión, la duda y la reflexión que impone cualquier historia que no sea la propia. Escribo porque no creeré nunca que realidad y verdad sean lo mismo, ya que una es obvia y cotidiana y la otra es mágica e imprecisa: sólo se deja intuir, pero jamás aprehender.

En el caso de Anaclara Muro (Zamora, 1989) se trata de una especie de deuda:

Escribo porque mi tía Maricarmen me invitaba a su departamento de soltera donde podía acomodar y adornar todo como quisiera. Porque tiene un sillón verde junto a su librero en donde puede pasar el tiempo que le plazca hojeando libros hermosos. Porque fue traductora y escribió un cuento desde el punto de vista de unos zapatos. Porque me llevó al teatro y al cine y me regaló un libro en el que yo era la protagonista.

Y Horacio Warpola (Estado de México, 1982) apela al tiempo:

Escribir no sólo es hacer textos, no es sólo hacer literatura, es seguir armando el tiempo de la humanidad en pequeños trozos de Lego.

El volumen cierra con un simpático colofón:

Se intercambiaron casi mil mensajes de correo electrónico en el proceso, además de incontables frases en mensajerías instantáneas, una carta en papel y apenas una docena de reuniones editoriales (sin los autores).

El resultado es una manera de acentuar las diferencias de carácter y personalidad de los escritores convocados.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.

 

 

Un comentario en “Armar el tiempo de la humanidad. Reflexiones sobre literatura

  1. Pedacito de “Pasado en Claro” de Octavio Paz.
    Nombres anclados al golfo de mi frente: yo escribo porque el druida,
    bajo el rumor de silabas del himno,
    encina bien plantada en una página,
    me dio el gajo de muérdago, el conjuro que hace brotar palabras de la peña.
    Las imagenes acumulan sus gaseosas,
    conjeturales confederaciones.