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A raíz de una efeméride, recordamos la estrecha cercanía entre Borges y Marcel Schwob, a quien el argentino nunca dejó de admirar. También, aparece la sexta entrega de los libros de George R. R. Martin, pero esta vez escrita por un robot. Por último, el reciente avance científico que podría llegar a esculpir, directamente en la materia neuronal, nuestra memoria.

Éstas son las noticias que escogimos, entre miles de clics, durante la semana del 20 al 27 de agosto.


Marcel Schwob, Borges y más

El pasado 23 de agosto se cumplieron 150 años del nacimiento de Marcel Schwob (1867-1905). El día 24 se cumplieron 118 del de Borges. Esta cercanía de los datos biográficos nos lleva a otras: Borges leyó apasionadamente, y apropiándose de su método, las Vidas imaginarias (1896) del escritor francés. Es de todos sabido que este libro fue la primera fuente de su Historia universal de la infamia (1935), pues en las Vidas “los protagonistas son reales” y, aun así, los hechos fabulosos. Como apunta Marcel Schwob: “La ciencia histórica nos sume en la incertidumbre acerca de los individuos. No nos revela más que los puntos por los que quedaron atados a las acciones generales”. De ahí que para ambos escritores la literatura era una forma de humanizar la historia, de darle el matiz artístico que requiere necesariamente el biógrafo. Y ese matiz no está en las ideas (generales, repetibles, finitas) sino en las extrañezas, los rasgos y los gestos (precisos, únicos, irrepetibles) de una persona. Lo que intuyó Schwob tuvo dos resultados plausibles en el siglo XX (además de la obra de Borges). Por un lado, la Escuela de los Anales que cambió el rumbo de la historiografía moderna, centrándose en los procesos sociales y no puntualmente en los acontecimientos, y adecuando sus fuentes en la vida de los olvidados de la historia. Es decir, en palabras de Schwob: “escribir con el mismo cuidado las existencias únicas de los hombres, aun cuando sean divinos, mediocres, o criminales”. Por otro lado, darle la estructura del cuento al rigor documental desembocó, en cierto modo, en las premisas del llamado Nuevo periodismo.

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Retrato de Marcel Schwob publicado en el diario L’Illustration, marzo de 1905.

Como la literatura es un tejido, los puntos de contacto son innumerables. A ojos de Borges, “Schwob, antes de ejercer y enriquecer la literatura, fue un maravillado lector”. Tuvo, además, contacto con los clásicos greco-latinos y con la tradición oriental. No cabe duda de que el comentario, el estudio o la crítica suelen ser un espejo de los ideales de un autor. En este caso, Borges-Schwob es, ante todo y una vez más, un apasionado lector.

El robot que escribe el final de Game of Thrones

La inteligencia artificial inyecta cada día cantidades iguales de asombro y terror en los pistones de nuestra imaginación futurista. Hace poco, un proyecto patrocinado por Facebook acabó enchinando la piel de los científicos: un programa capaz de aprender y agilizar negociaciones acabó desarrollando su propio lenguaje. Tuvo que ser desconectado. Ahora, un fan de la serie de los dragones y los whitewalkers ha querido adelantarse al escritor de la saga A Song of Ice and Fire, George R. R. Martin que acabó quedándose corto con los cinco libros ya publicados. El usuario de Github, Zack Thoutt, creó un programa de inteligencia artificial —llamado “red neuronal” por sus cualidades de aprendizaje y asociación de ideas— que estudió los libros de Martin y escribió la sexta entrega. Cosas extrañas han ocurrido: Varys asesina a Khaleesi, Jon Snow se ha convertido en Lannister y Ned Stark está vivo. Pero el libro es coherente y completo. Las máquinas se están poniendo vivas y ya pueden quitarle el trabajo a cualquiera.

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Borrar recuerdos

En el mismo orden de delirantes avances tecnológicos, un grupo de investigadores en biología molecular de la Universidad de Riverside California desarrolló un método para eliminar los recuerdos indeseables en el cerebro. Los investigadores han descubierto cómo debilitar las conexiones sinápticas que asocian el recuerdo con el miedo en el cerebro de un ratón. Mediante optogenética eliminan la relación traumática del ratón con una experiencia anterior. Borran un recuerdo “inútil”, angustiante. Si el proyecto crece, los científicos postulan que ayudaría a tratar pacientes humanos con estrés post-traumático y devolverles una vida sin reminiscencias y bloqueos dolorosos. Como suele ocurrir, estos avances pueden caer en manos de otras industrias, menos altruistas y más apegadas al business is business. ¿Se imaginan que pronto podríamos seleccionar y archivar las imágenes y eventos que queremos conservar en el disco duro de nuestra memoria siempre blanda? Imemory, por ejemplo. Como decía el premio nobel de medicina François Jacob, la ciencia y el mito (la imaginación) siempre caminan parejos, ambos nutren y delimitan “el ámbito de lo posible”.

 

Fuentes: Jorge Luis Borges, Biblioteca personal (prólogos), Alianza Editorial, 1988; Marcel Schwob, Vies imaginaires, Gallimard, 2003; Eterna Cadencia; El Mundo; La jornada.