Sábados de danza es un espacio para revisar el trabajo de las compañías y coreógrafos más relevantes de las últimas décadas en México y el mundo. La finalidad es pensar en las posibilidades que este arte escénico suscita.

“El baile, la misma palabra significa que seas lo que quieres ser. En un baile puedes mostrar tu arrogancia, tu seducción, tu belleza, tu ingenio, tu encanto, tu conocimiento. Puedes ser quien quieras y hacer lo que sea aquí y ahora, nadie te lo cuestionara. Ví, vine y conquiste. Así es el baile” – Paris is Burning (1987)

La danza, como acto político, puede develarse de diversas formas: en los temas coreográficos, en el acto de poner el cuerpo de manifiesto en el espacio público, en crear una pieza como crítica a los múltiples paradigmas establecidos, por decir algunos. La compañía mexicana, La Cebra danza gay hace lo propio con un lenguaje político que crea, derroca y propone desde el movimiento.

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José Rivera Moya, foto de Daniel Ochoa.
FuenteEl Universal.

 

José Rivera Moya, originario de San Luis Potosí, creó La Cebra en junio de 1996 durante la X Semana Cultural Lésbica-Gay celebrada en el Museo Universitario del Chopo. Definido por él mismo como un proyecto “homoerótico”, la compañía nace como una inquietud de su creador por estar cerca de la comunidad homosexual en un momento de violencia, discriminación y asesinatos dirigidos contra ésta (no muy distinto a la actualidad). “Es por eso que año con año participamos en la Semana Lésbico-Gay, La Marcha del Orgullo Gay, Jornadas de lucha contra el SIDA, las cuales tienen como objetivo promover la diversidad sexual. Apoyamos el movimiento Travesti y Transexual.”

La Cebra siempre ha estado conformada únicamente por hombres homosexuales, aunque busca presentarse frente todo tipo de público. Sin embargo, relatan que han sido censurados en más de una ocasión, tanto en foros de la Ciudad de México como en otros estados. Todas sus coreografías mezclan tres ingredientes fundamentales: elementos mexicanos –sobre todo canciones populares–, la sátira y asuntos relacionados con la vida de la comunidad LGBTTTI que en su mayoría parten de las vivencias propias de la madre cebra. Desde hace ya dos décadas, el ex- alumno de Raúl Flores Canelo (y posterior director del Ballet Independiente) y su compañía se han presentado en diversos escenarios nacionales y en el extranjero con un propósito bien establecido: promover una conciencia de igualdad y respeto hacia los derechos humanos que incluyen a la comunidad gay.

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“Un Hombre” Coreografía de José Rivera Moya, foto de Carina Pérez García.
Fuente: NVI Noticias.

 

En 1998, La Cebra llegó al escenario de mayor legtimidad estatal para presentar “lo que es arte”: el Palacio de Bellas Artes. Mostró la obra Antes que amanezca (cuando ya va muy mala) durante la final del XIX premio INBA-UAM. La obra era una denuncia por los asesinatos de travestis que trabajaban en la prostitución, acontecidos en ese mismo año  en Chiapas. La  obra causó molestias no sólo por el tema, también por haber presentado a “los bailarines profesionales” como “vestidas”. Varias de las obras de Rivera ya habían sido catalogadas de manera peyorativa, como sucedió con Ave María Purísima (de prostitución y lentejuelas) (1996), un solo que recrea la flagelación por amor en un ambiente religioso, que está acompañado de un texto de Jean Genet y musicalizado con una cumbia.

Satirizar el machismo es de las actividades favoritas  de las cebras. Yo no soy Pancho Villa, ni me gusta el fútbol  presenta los estereotipos asociados al ‘machismo’ a su vez que se burla y cuestiona los roles de género en México. Concluyen con el himno gay por antonomasia: “I will survive” interpretado por Gloria Gaynor. Pasarelas, intervenciones, presentaciones formales y algunas colaboraciones –como la mancuerna entre Rivera y el flauitista Horacio Franco– demuestran la destreza y calidad técnica de los integrantes de La Cebra, quienes, además, hacen visible lo supuestamente invisible: existen diversas masculinidades, todas válidas, todas dignas de ser respetadas.

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El documental dirigido por Jennie Livingston en 1990, Paris is burning, muestra la vida de una naciente contra-cultura del baile en Nueva York: el voguing. Hombres gays, travestis y drag queens se enfrentan en pasarelas y concursos de baile como parte de una exigencia desde las calles a la vida de la “blanquitud”: piden experimentar, a su manera, la anhelada vida de los suburbios, la riqueza, la moda, y todo aquello relacionado con un modus vivendi del que se sienten relegados sin dejar de lado la búsqueda por el respeto y la igualdad a sus derechos como personas—. Estos voguers iniciaron su movimiento re-conceptualizando el lenguaje; crearon sus propios códigos corporales y pusieron sobre la mesa temas relacionados al cuerpo que, si bien ya habían tenido apertura en la danza moderna y la —apenas gestada— danza contemporánea: tópicos como los feminismos y las masculinidades (en su relación con la homofobia, y diversas vejaciones a los derechos humanos), permanecían  en el mundo underground.
Nacido en este paradigma, la compañía de Rivera Moya buscó romper con la tradición y “modernidad” en la danza mexicana, y lo logró al hacer converger a la danza con y como política, yendo en contra de las técnicas y temáticas prevalecientes en las grandes compañías  de danza de su momento, como Antares Danza Contemporánea o Barro Rojo. Partiendo de sus experiencias personales para conectarse con los miembros de su comunidad —que entonces era minoritarios y dispersa—, y haciendo uso de elementos de “alta cultura” y la cultura popular “de barrio”, La Cebra creó una propuesta que apuntalaba  al mismo tiempo al contexto nacional y a la problemática global: los derechos humanos y de libertad sexual. Carlos Antúnez, creador y director de México de Colores, compañía de danza-fusión que mezcla elementos del folclor, danza contemporánea, cabaret y la pantomima bajo una perspectiva gay,  reconoce a La Cebra como antecedente directo de su proyecto, y busca, como los anteriores, denunciar la supuesta igualdad proclamada por la ley, reclamar por los crímenes homofóbicos y continuar con la lucha contra SIDA y otras ETS.

https://www.youtube.com/watch?v=-pupEBVXOvU

En su obra más reciente, “ XX veces + regreso averno cabalgando cebra”, con la cual la compañía celebró su XX aniversario, La Cebra se vió inmersa en medio de los los movimientos a favor del matrimonio gay que se gestaron en la CDMX. La obra fue la renovación de una versión creada en 2015 y  producto del conglomerado de las experiencias de todos los bailarines que son y fueron parte de La Cebra con la intención de mostrar un poco de lo que viven día a día. Esta pieza, como otras —o mejor dicho: todas—, las obras de la compañía, han sido ovacionadas por su propuesta de ruptura, su trabajada técnica así como su lenguaje visual y corporal único. Pero también fuertemente criticadas por considerarlas piezas coreográficas que recalcan ciertos estereotipos, por tener sólo hombres gays y, finalmente, por mantener un ideal de lo que “debe” ser un bailarín. Cualquiera que sea la opinión de quien presencie alguna de las puestas de La Cebra, la pertinencia de su propuesta permanece vigente, pues en México los crímenes por homofobia no se han detenido, y la discriminación y estigmatización de personas portadoras del VIH-Sida es parte de la cotidianidad de millones de personas. Es necesario crear consciencia y el arte del movimiento es una vía innegable para ello, y Las Cebras los saben: Veni, vidi, vici.

 

Berenice Quirarte.
Cursa la maestría en Estudios del Arte en la Universidad Iberoamericana es miembro de Giroscopio: Danza + Filosofía

Fuentes

Margarita Tortajada Quiroz, La Danza contemporánea independiente mexicana. Bailan los irreverentes y audaces, Universidad Autónoma de México, [en línea]

Mario Daniel Harrigan Gutiérrez, “Te rayaste” , Universidad Nacional Autónoma de México,  Facultad de Estudios Superiores Acatlán,  2010 “Te rayaste”.

Portal oficial de la Cebra Danza Gay

Documental: La Cebra, Danza Gay – México – 2003 – 19 min 45 seg.