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Reunimos una serie de reacciones mediáticas ante los episodios de odio racial del domingo pasado. Además, volvemos al debate sobre un posible nuevo boom latinoamericano.

Éstas son las noticias que nos hicieron clic en la semana del 13 al 20 de agosto.


El auge de los neonazis y Trump

Las declaraciones tibias y ambiguas de Trump, que tardó días en condenar la agresión neonazi y el asesinato de Heather Heyer en Charlottesville, han provocado una cadena de reacciones mediáticas indignadas. Pareció hacerse clara la adhesión desvergonzada del presidente a los grupos supremacistas y fascistas, cobijados por las reminiscencias del KKK. Ciertas portadas lo manifestaron así:

The Economist del 19 de agosto

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The New Yorker, aparecerá el 28 de agosto. La portada, titulada “Blowhard”, es del diseñador David Plunkert: “El débil intento del presidente Trump por hacer retroceder a los grupos de odio —como si estuviera intentando no enemistarse con esos votantes— me obligó a tomar la pluma”.

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Time, aparecerá también el 28 de agosto.

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Otros medios recordaron la congregación del 20 de febrero de 1939 —natalicio de Geroge Washington— que reunió a unos 22,000 simpatizantes nazis en el Madison Square Garden de Nueva York, organizado por la German American Bund, con cientos de suásticas ondeando y una manta gigantesca con la figura de Washington, al que alababan por haber sido el “primer fascista”. El evento, autorizado por el alcalde La Guardia en nombre de la libertad de expresión, estuvo plagado de discursos iracundos contra la conspiración judía y los comunistas. En esos tiempos, la German-American Bund llegó a tener más de 25,000 miembros y era una plataforma pan-germánica para difundir las ideas del Tercer Reich, que invadiría Polonia ese mismo año. El líder de la organización, Fritz Julius Kuhn nació en Munich y, tras obtener una Cruz de Hierro como lugarteniente en la primera guerra, emigró a los Estados Unidos donde fue naturalizado. Antes de llegar al país vecino, Kuhn habría pasado unos ocho años en México donde ejerció su profesión: químico. Fue deportado a Alemania en 1945.

La violencia de Charlottesville y la pervivencia de símbolos históricos (suásticas, saludos nazis, increpaciones contra los judíos, antorchas como las del KKK) es preocupante, aunque se trate de grupos marginales. La presidencia de Trump les ha dado una nueva visibilidad mediática y política. El exlíder del KKK y negacionista, David Duke, declaró en entrevista que efectivamente los principios de Trump los habían empoderado. Como escribió W. H Auden en 1972 desde su ventana en el campo austriaco:

Más que nunca
la vida allá afuera es atractiva, milagrosa, adorable
pero no debemos, no desde Stalin y Hitler,
confiarnos jamás: ya sabemos que, subjetivamente,
todo es posible.


¿Un nuevo boom latinoamericano?

El País trajo la pregunta a colación el lunes. La respuesta aún parece opaca. Plantea la existencia de un grupo de escritoras jóvenes latinoamericanas, bien recibidas por la crítica internacional y, sobre todo, anglosajona: por ejemplo, el libro Distancia de rescate (2014) de Samantha Schweblin (Buenos Aires, 1977) acabó entre los cinco finalistas del Booker Man International 2017, junto con Mathias Enard, Amos Oz, Roy Jacobsen y Dorthe Nors. Otras autoras latinoamericanas, como Liliana Colanzi, Mónica Ojeda, Verónica Gerber, Paulina Flores, Laia Jufresa o Fernanda Melchor, gozarían de un prestigio internacional similar. Las listas pueden ser reductoras. Como apunta Paulina Flores, este supuesto boom se debe únicamente a la presencia de más libros escritos por mujeres en las editoriales. Pero no es un fenómeno de ventas masivo como el que provocarían García Márquez, Carlos Fuentes o Vargas Llosa en los años sesenta. Nada nos indica tampoco una riqueza creadora similar. Sólo el tiempo nos dirá si este “nuevo boom” producirá historias y realidades con la trascendencia del anterior. Lo más probable es que estemos ante un simple espejismo comercial, como se acusó también al boom en su momento. De hecho, El País publicó el mismo día una lista con enlaces directos para comprar las novelas escogidas de estas autoras. Esto no quita importancia al hecho positivo y digno de celebración de que las escritoras tengan cada vez más espacio en la narrativa en lengua española y que sean leídas, más allá de una perspectiva de género, simplemente por la calidad de su escritura.

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Fuentes: The Economist, Time, The New Yorker, The New York Times, Poetry Foundation, El País, The Paris Review.