En esta ocasión, el gabinete recomienda la lectura de dos novelas recientes; una del galardonado McEwan y otra de Eduardo Lago; y un ensayo sobre la nicotina.

Ian McEwan
Cáscara de nuez
Anagrama, 2017

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El multipremiado escritor inglés vuelve al ruedo con una novela pícara, provocadora y llevada de la mano por el humor negro. El narrador, por lo demás erudito y refinado, arranca carcajadas: es un feto concebido hacia 2015 (después de la ola de atentados en París) con amplio desarrollo intelectual. A través del cordón umbilical ha degustado lo más exquisitos vinos franceses; conoce la historia y las convulsiones mundiales gracias a los podcasts de la BBC; sabe distinguir entre la mala y la buena poesía. El hilo narrativo se teje en torno al monólogo de este feto asexuado y las conversaciones que le llegan del mundo exterior. Desde su “mar secreto” sabe que afuera se están fraguando asuntos terribles: su madre, Trudy, se ha vuelto amante nada menos que de su tío Claude, un idiotizado y aburrido empresario que silba las melodías de Nokia. Para colmo, ambos planean el asesinato de su padre, John Cairncross, un poeta exitoso siempre disimulado tras su máscara de ingenuo, sensible y bonachón. Con este “ejercicio de imaginación” del que el mismo feto es consciente, McEwan consolida su habilidad para plantear problemas éticos de primer orden en el tormento verosímil de sus personajes. Novela shakesperiana de amor y odio familiar, de muerte y nacimiento en ciernes, Cáscara de nuez es una metáfora casi perfecta del universo (emulando a Stephen Hawking) y de la conciencia humana en su prisión frente a lo próximo inalcanzable: el otro.


Eduardo Lago
Llámame Brooklyn
Malpaso Ediciones, 2017

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En la novela Llámame Brooklyn del escritor español Eduardo Lago, la muerte de Gal Ackerman conduce a Néstor Oliver-Chapman a revisar los cuadernos de su amigo fallecido y concluir su libro Brooklyn. El origen del libro es la reacción de Lago al hecho de haberse cambiado con carácter definitivo de continente. Siguió siendo español, pero se fue a vivir a Estados Unidos permanentemente. Entonces fue su reacción a Nueva York. Durante muchos años tomó notas en cuadernos —lo mismo hace su personaje—, muchas de las cuales tenían relación directa con la urbe. La novela fue germinando poco a poco en sus conversaciones en un bar al que acudían marineros y donde el capitán del establecimiento le contaba historias: “Hay un proceso de transmisión textual, que es la manera de reflexionar el sentido más profundo de la literatura. Por eso no hay un solo autor, sino una novela que va de uno a otro de una manera misteriosa”. Esta edición, revisada por su autor, conmemora diez años del lanzamiento de una novela que ganó los premios Nadal, Nacional de la Crítica y Ciudad de Barcelona y que ahora, tras no encontrarse, regresa a las librerías.


Gregor Hens
Nicotina
Alpha Decay, 2016

nicotina

El escritor alemán Gregor Hens afirma que ha fumado más de cien mil cigarrillos, y todos y cada uno de ellos han significado algo para él. Unas veces fumó a toda prisa; otras, lentamente y con deleite. Ha soñado con cigarrillos, con recaídas e incendios y con la aflictiva privación. Ha fumado por felicidad y ha fumado por abatimiento. Ha fumado por soledad y por amistad, por miedo y por alegría: “Todos y cada uno de los cigarrillos que me he fumado han tenido su función: eran una señal, un medicamento, un estimulante o un sedativo, […] un catalizador de la memoria, un instrumento de comunicación o un objeto de meditación. A veces eran todo eso al mismo tiempo. Ya no fumo, pero todavía hay momentos en los que no hago otra cosa que pensar en cigarrillos”. Hens decidió conjurar su adicción con la escritura. En Nicotina explora el acto de fumar como una estructura que ha dominado casi toda su existencia. Escribió sobre ello sin mistificarlo ni demonizarlo. Se sirvió de recuerdos, de sus propias experiencias como fumador desde temprana edad, abordó a Mark Twain e Italo Svevo e investigó los efectos irreversibles del tabaco. Espeta: “no me arrepiento de nada. Cada cigarrillo que he fumado ha sido un buen cigarrillo”.