Quizás a diferencia de lo esperado, la exposición de Andy Warhol en el Museo Jumex no está pensada para ser un blockbuster. ¿Qué puede aprender el público de este ejercicio museográfico? Para empezar, algo sobre nuestro país vecino…

En México, desde la década de los ochenta se dio un giro en las responsabilidades que el Estado tenía en la producción y difusión de la cultura y las artes. En aquellos años, la clase política nacional necesitaba incluirse en el modelo neoliberal, del cual Estados Unidos era estandarte, y uno de los mecanismos para lograrlo fue aliarse con la inversión privada también en el ámbito cultural. De esta vereda nacieron grandes exposiciones y museos enfocados en el arte contemporáneo.

Con el Tratado de Libre Comercio se generaron oportunidades para el mercado y el coleccionismo de arte en México. De este contexto devino un proceso de descentralización institucional de la cultura y nacieron oportunidades en el arte más allá de las que garantizaba el Estado. La Fundación Jumex —hoy en día el Museo Jumex— se inserta en este panorama, que ha permitido acercar al público mexicano a artistas, curadores y exposiciones, así como a obras de difícil acceso provenientes de museos y colecciones extranjeras.

Ante tales referencias, resulta interesante observar los nuevos dispositivos y fenómenos públicos que tienen lugar dentro de los museos en exposiciones de la magnitud de “Andy Warhol. Estrella ocura”.

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Andy Warhol, fotografía de Jack Mitchell.

En esta exposición, el Museo Jumex explora algunas vías de los procesos presuntamente educativos que están vinculados a un espacio de exhibición. En ese sentido, lo que se hace no es una crítica teórica de los procesos o de los problemas en la obra de Warhol desde la historia o la filosofía; sino que desde un principio es evidente que la muestra puede tener objetivos muy diferentes. Algunos de estos son: ¿cómo acercar la complejidad de la obra de un artista como Andy Warhol al visitante potencial, a una mirada no formada en la historia del arte estadounidense del siglo XX? ¿Qué debe proponer la exposición ante esta situación?

En la exhibición, el uso de la tecnología está mediado por una idea del espacio distinta a la que hemos encontrado en los museos durante los últimos años. No sólo se trata de prohibir el uso de smartphones, fotografías y sus derivados modernos como las selfies, por cuestiones de permisos de reproducción de imágenes. En términos reales, lo que esto permite es que el visitante se enfrente al cedulario como camino y acompañante de la muestra y la lectura sea un mecanismo inevitable.

Es muy claro: detrás del orden o de la curaduría hay una obligación de leer la exhibición como un texto. Éste comienza con las palabras iniciales del muro principal en cada galería, que abren el campo que vendrá a continuación: serigrafías, pinturas, collages, dibujos, etc. En años recientes se ha popularizado el uso de la tecnología dentro de las salas de los museos, tanto por parte de los visitantes como de las instituciones mismas; un hábito que quizás está coartando la experiencia de los espectadores en las exposiciones, en lugar de promoverlas.  En cambio, en el caso de esta exposición sobre Warhol, se da pie a la posibilidad de una lectura arqueológica del trabajo del artista, interpretando al ícono del arte pop como una especie de jeroglífico, en donde los visitantes van en busca de rastros y huellas que construyen su propia lectura de las obras de los años cincuenta y sesenta, con piezas preparatorias y productos finales.

La muestra propone un examen de la obra de Warhol a través de núcleos específicos de su trabajo: cine, diseño, instalación, plástica, gráfica, etc. El cine ––que Warhol realizó en The Factory–– es uno de los elementos que destacan de la muestra, tanto por el acercamiento a una de las etapas menos conocidas del artista pop, como por la museografía bien lograda y las piezas fílmicas que se pueden observar acompañándola. La exposición podría leerse como un archivo que muestra distintas facetas de Warhol: el de las celebridades norteamericanas y los líderes políticos, pero también evidencia una preocupación social y humana poco conocida en su producción. En este sentido, incluye una diversidad de miradas que es necesario conocer si se quiere comprender los antecedentes de nuestro país vecino, y entender una parte de nuestra actualidad política y artística. Así,  destacan las reflexiones sobre la cultura estadounidense en consonancia con la mirada desde otros países. Por ejemplo, se exhiben piezas de la serie de los “13 criminales más buscados” que fue censurada en su momento por mostrar los problemas internos del país, y por otro lado, retratos como los de Mao Zedong que fueron expuestos varias veces sin repercusiones para el artista, incluso cuando la imagen de este personaje se prohibió en general por la política anticomunista. El segundo caso era parte de una problemática de carácter externo, y resaltaba a Estados Unidos como un país con estabilidad social contra el comunismo chino mal visto por el grueso de la población norteamericana.

La muestra de Andy Warhol permite un examen más allá de una figura ligada al arte pop en su forma más superficial. Trata de situar esos otros discursos que se pueden construir desde espacios de exhibición en latitudes distintas, en este caso México. Es ahí en donde podría radicar la importancia de una primera gran exposición sobre Warhol en un museo mexicano y la manera en que está siendo dirigida al público.

Frente a otras muestras en las que el público masivo ha sido el eje o el suceso nodal, en esta ocasión, el Museo Jumex se muestra como una institución preocupada por el visitante. “Andy Warhol, estrella oscura” dialoga con el espectador mediante varias estrategias: desde la conformación museográfica de salas funcionales, hasta la manera casi arqueológica en la que se acciona la lectura de la narración curatorial. A través de la construcción consciente de un programa público y educativo, el museo considera la diversidad de públicos y, con esto, la preocupación de llevar la muestra más allá del concepto de blockbuster. Podría considerarse que las instituciones y exposiciones están generando un interés en un público hacia el arte contemporáneo, revitalizando así la afluencia de los visitantes en un espacio como Museo Jumex.

¿Cuál es el Warhol que podemos ver desde las miradas que han construido los cambios y transformaciones del arte contemporáneo en México? Las estrategias educativas, conscientes o inconscientes, planeadas o fortuitas dentro de este campo del arte resultan oportunas para reflexionar sobre el momento cultural y político que se vive entre Estados Unidos y México. En este caso, acercarse a Andy Warhol, es adentrarse al arte pop norteamericano surgido después la Guerra Fría y las nociones que permearon el contexto global. Varias siguen vigentes hoy en día y seguimos viviendo sus repercusiones.

 

Omar Corzo
Estudia la maestría en Estudios de Arte por la Universidad Iberoamericana

Viridiana Zavala
Estudia el doctorado en Historia del Arte por la UNAM