Margaret Cavendish fue una persona única del siglo XVII. Escribió El Mundo Resplandeciente (Siruela), texto precursor en el ámbito de la ciencia ficción y la primera obra firmada por una mujer en Europa. Incorpora elementos de la filosofía utópica y de la novela de aventuras. Resulta una lectura indispensable para vislumbrar la mentalidad de la época. Publicamos fragmentos del volumen.

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Por Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle.1

Echa un vistazo a esta figura.
Pero, como si por casualidad fuera,
no fijes tus ojos, pararlos no debes,
pues, como durante el día las sombras,
sólo representa más su belleza
encontrada tras la destreza
del mejor pintor para
abarcar esas adorables líneas de su cara.
Mira la pintura de su alma, su juicio e intelecto;
después lee estas líneas. Las ha escrito
con el lápiz de la imaginación sólo dibujadas
con piezas, pero que con justicia puede poseerlas.2

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A la duquesa de Newcastle, sobre su nuevo Mundo Resplandeciente.

Nuestro viejo mundo, con todas sus habilidades y artes,3
sólo podía dividir el mundo en tres partes.
Colón, por la navegación afamado,
nombró América a su nuevo mundo hallado.
Pero este nuevo mundo se ha descubierto, no fue construido;
mientras yacía en la sombra del tiempo fue sólo encontrado.

Entonces ¿quién eres tú para construir todo un mundo
o una porción sin ningún caos haber encontrado?
Tu imaginación creadora ha logrado
de la nada, con tu mero intelecto, crear todo un mundo.
Tu Mundo Resplandeciente, por encima de lo estelar,
con un fuego celestial todo logra iluminar.

William de Newcastle

Prefacio. Al lector4

Si usted se pregunta por qué he unido una obra fruto de la imaginación5 a mis serias Observaciones filosóficas,6 piense que no es un menosprecio a la filosofía o una opinión fuera de lugar, como si este noble estudio no fuera más que una ficción de la mente. Es decir, aunque los filósofos pueden errar en la búsqueda e indagación de las causas de los efectos naturales y muchas veces abracen falsedades por verdades, esto no prueba que la base de la filosofía sea mera ficción, sino que los errores proceden de los diferentes movimientos de la razón. Estos movimientos causan distintas opiniones en diversas partes, y en algunos son más regulares que en otros por ser la razón divisible, pues lo material no se puede mover en todas partes de la misma manera. Y, ya que sólo existe una verdad en la naturaleza, todos aquellos que no llegan a la verdad yerran, algunos más y otros menos. Por esto algunos pueden llegar más cerca de la meta que otros, lo que pueda hacer parecer su opinión más probable y racional que la de otros, aunque, en la medida en que se desvían de esta única verdad, están errados. Sin embargo, todos basan sus opiniones en la razón, esto es, en las probabilidades racionales. O al menos ellos lo creen así. Pero las ficciones son un tema de la imaginación de los hombres, enmarcadas en sus propias mentes, acordes con sus deseos, sin tener en cuenta si la cosa que imaginan existe o no existe sin sus mentes. Por esta razón buscan en la profundidad de la naturaleza y después persiguen las verdaderas causas de los efectos naturales. Pero la imaginación crea por sí misma todo lo que le place y deleita con su propia obra. El objetivo de la razón es la verdad; el objetivo de la imaginación es la ficción. Pero no me malinterpretes cuando distingo entre imaginación y razón. No quiero decir que la imaginación no sea creada por las partes racionales de la materia, sino que por razón entiendo una búsqueda e indagación racional de las causas de los efectos naturales, y por imaginación, una creación o producción voluntaria de la mente; siendo ambas cosas efectos, o más bien acciones, de la parte racional de la materia. Por lo tanto, la razón es un estudio más provechoso y útil y también más difícil y laborioso, y a veces requiere la ayuda de la imaginación para recrear la mente y distraerla de sus más serias observaciones. Por esta razón he añadido esta pieza fruto de mi imaginación a mis Observaciones filosóficas y las he unido como dos mundos por el extremo de sus polos. Lo he hecho tanto por mi propio deseo de distraer mis pensamientos estudiosos que empleo para la contemplación como para deleitar al lector con variedad, lo que siempre es placentero. Pero, para que mi fantasía no se alejase demasiado, elegí tal ficción para hacer más agradable el tema que traté en la primera parte. Es la descripción de un nuevo mundo, no como el de Luciano7 ni el mundo del hombre francés en la Luna,8 sino un mundo de mi propia creación, al que he nombrado Mundo Resplandeciente. La primera parte es romántica, la segunda filosófica y la tercera es meramente imaginada, o (si así puedo llamarla) fantástica.

Si esta obra otorga algún tipo de satisfacción puedo considerarme a mí misma una feliz creadora. Si no, deberé vivir una vida melancólica en mi propio mundo. No puedo llamarle un mundo pobre, si la pobreza es sólo deseo de oro, plata y joyas, pues en él hay más oro que todo el que los químicos han creado (realmente así lo pienso) o serán capaces de crear. Por lo que se refiere a las piedras de diamantes, deseo con toda mi alma que se repartan entre mis nobles amigas, y con esta condición de buen grado renuncio a mi parte. Por lo que se refiere al oro, sólo necesito el suficiente para reparar las pérdidas de mi noble señor y esposo, pues no soy codiciosa pero sí tan ambiciosa como haya podido ser o pueda ser cualquiera de mi mismo sexo. Por esta razón, aunque no pueda ser ni Enrique V ni Carlos II, me esfuerzo en ser Margaret I. Y, aunque ni tengo poder ni ocasión para conquistar el mundo como lo hicieron Alejandro y César, y tampoco puedo ser dueña de uno, pues ni la Fortuna ni el Destino me lo darían, he creado un mundo por mí misma, por lo que nadie, espero, podrá culparme, al tener cada cual el poder de hacer lo que desee.

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Prefacio. A todas las nobles y dignas damas9

La presente Descripción de un Nuevo Mundo se escribió como un apéndice a mis Observaciones sobre Filosofía Experimental y, teniendo cierta similitud y coherencia una con la otra, fueron unidas ambas como dos mundos distintos, por sus dos polos. Pero, ya que a la mayoría de las mujeres no les placen los argumentos filosóficos, he separado algunas de las observaciones citadas y así éstas están aparte por sí mismas, por lo que debo expresar mis respetos presentándoles tales imaginaciones como si fueran mis contemplaciones. La primera parte es romántica; la segunda, filosófica; y la tercera es puramente imaginada, o (si así puedo llamarlo), fantástica.

Y si (las nobles damas) tienen la oportunidad de gozar con la lectura de estas fantasías, podría considerarme a mí misma una feliz creadora. Si no, debo recluirme para vivir una vida melancólica en mi propio mundo, que no puedo decir que sea un mundo pobre, si la pobreza es solamente falta de oro y joyas. En mi mundo hay más oro del que todos los químicos jamás hayan creado o, (como pienso) nunca serán capaces de crear. Por lo que respecta a las piedras de diamantes, deseo, con toda mi alma, que se repartan entre mis nobles amigas, y con esta condición de buen grado renuncio a mi parte. Por lo que se refiere al oro, sólo necesito el suficiente para reparar las pérdidas de mi noble señor y esposo, pues no soy codiciosa pero sí tan ambiciosa como haya podido ser o pueda ser cualquiera de mi mismo sexo. Por esta razón, aunque no pueda ser ni Enrique V ni Carlos II, me esfuerzo en ser Margaret I. Y, aunque ni tengo poder ni ocasión para conquistar el mundo como lo hicieron Alejandro y César, y tampoco puedo ser dueña de uno, pues ni la Fortuna ni el Destino me lo darían, he creado un mundo por mí misma. Y así permanezco creyendo o al menos esperando que ninguna criatura pueda o pudiera poder envidiarme por este mundo mío.

Nobles damas, su humilde servidora,

Margaret de Newcastle

 

Margaret Cavendish (1623-1674)
Duquesa de Newcastle, fue una destacada investigadora y una prolífica mujer de letras. Interesada en todo tipo de saberes, publicó diez libros de filosofía natural y fue la primera dama en ser recibida en la Royal Society de Londres, que acogió también su famosa colección de telescopios. Fue sepultada con honores en la Abadía de Westminster.

Edición y traducción del inglés de Maria Antònia Martí Escayol.


1 Para la traducción, los nombres propios se han mantenido como en el original inglés, excepto aquellos que se han ido integrando al castellano. Dado que el libro cuenta con dos ediciones (la primera de 1666 y la segunda de 1668), se han anotado también las variaciones entre ambas.

2 Versos del frontispicio de la obra, reproducido en la imagen siguiente.

3 La palabra art es polisémica y ha variado de significado a lo largo de la historia. En el texto se aplica la noción de arte derivada del latín ars y del griego techné en referencia a cualquier habilidad humana, en relación con el concepto de artilugio y como algo opuesto a la naturaleza.

4 Prefacio a la primera edición que fue omitido en la segunda.

5 Para el uso de fancy por Margaret Cavendish para describir su método narrativo, véase: Corporaal, M., “‘My Mind a Busy Fool’: Margaret Cavendish’s Reflections on Science”, In-Between: Essays and Studies in Literary Criticism, 2000, 9, p. 147-60.

6 Observations upon Natural Philosophy (1666).

7 Luciano de Samósata, autor de Historia verdadera, donde aparece una batalla entre hombres de la Luna y hombres del Sol.

8 En referencia a Cyrano de Bergerac, autor de Historia cómica de los Estados e imperios de la Luna (Histoire comique des états et empires de la Lune) (1657) o a Pierre Borel, autor de Discours nouveau prouvant la pluralité des mondes: que les astres sont des terres habitées… (1657).

9 Prefacio a la segunda edición.