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Entre las noticias recogidas esta semana aparecen dos trabajos de archivo absolutamente necesarios: uno es un acervo digital de impresos populares mexicanos. El otro es un monumental diccionario sobre los escritores e intelectuales del exilio español. También, hallamos un debate en torno a la necesidad de la poesía en nuestra sociedad.


Impresos populares mexicanos en libre acceso

El proyecto “Impresos Populares Iberoamericanos” afianzará una colección de hojas volantes, cuadernillos, libros y librillos, entre otros, que marcaron el imaginario cultural decimonónico. A través de la UNAM y en colaboración con la Universidad de Salamanca y el Instituto Iberoamericano de Berlín, el grupo de investigación ya tiene digitalizadas cerca de 800 imágenes de publicaciones de la famosa imprenta de Venegas Arroyo. El acervo seguirá creciendo y está accesible en la página del IPI.

Alabanza y menosprecio de la poesía

En el último mes el dolor crónico del rechazo social de la poesía se ha vuelto a manifestar. Parecería que, tras la muerte de Octavio Paz, ningún poeta vivo volverá a ocupar un lugar central en la cultura de su tiempo. Luego de la publicación de El acelerador de partículas, Julio Trujillo escribió “Se solicita poesía” aludiendo al ostracismo de la poesía en México, fruto de la ignorancia, el desdén editorial y el conocido elitismo de los poetas. Queja tan antigua como el mundo: “Quizá no es tiempo ahora / nuestra época nos dejó hablando solos”, escribió José Emilio Pacheco en 1969. Los hay más optimistas, como Pedro Serrano que afirmó que el internet ha renovado las posibilidades de la poesía y multiplicado los versos, abriendo una vertiente inspirada en López Velarde, Novo y Huerta, dejando de lado la figura preminente de Paz. En España, Manuel Vilas ve el fenómeno como el de un Lázaro resucitado: la poesía juvenil “hija de twitter y de las redes sociales” ha alcanzado el grado de bestseller. Una nueva poesía popular que empata bien con la escritura instantánea y directa de las redes. Y así volvemos al falso combate entre la poesía popular vs. la poesía culta, donde esta última siempre pierde la batalla, engarrotada en su torre de marfil, en su solitaria biblioteca, escondida tras las cortinas de su vergüenza, mientras que la vertiente popular se canta y grita en la calle asumiéndose como un arma cargada de futuro. Por su parte, Jorge F. Hernández invocó simplemente una función primera del poema al buscar, en las tinieblas mexicanas, “el verso que alivie tanta noticia de sangre”.

Diccionario del exilio español

diccionario

Gran parte de la cultura mexicana del siglo XX se la debe México (y Latinoamérica) al exilio español. Su memoria está en nuestras editoriales (Ed. Séneca, Fondo de Cultura Económica, Joaquín Mortiz, Era, Losada) y en nuestras letras de manera indeleble. Del mismo modo, no sería posible el desarrollo de las obras de Paz, Neruda o Vallejo sin su cercanía con la guerra civil y con el frente republicano. A ochenta años de los primeros pasos de aquel destierro, un grupo de investigadores —el Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL)—  ha lanzado un diccionario monumental, fruto del trabajo colectivo de dos décadas: el Diccionario bio-bibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio español de 1939. El objetivo es no sólo ampliar el corpus de los escritores más concurridos sino “incluir aquellos nombres y proyectos cuya visibilidad y conocimiento han estado especialmente desatendidos hasta la fecha”. Se trata de cuatro volúmenes, publicados por la editorial Renacimiento de Sevilla, que completarán el panorama imprescindible de las dos orillas de nuestra lengua.

 

Fuentes: Milenio, El País, El Universal, editorial Renacimiento, La Razón, UNAM.