La relación entre México y Alemania se ha mantenido discreta y como un horizonte lejano. El círculo de lectores y escritores mexicanos que han explorado a fondo la cultura, lengua y literatura alemanas es muy reducido, fuera de los pocos germanistas especializados. En los años sesenta y sin vivir nunca en el extranjero, Juan García Ponce fundó la tradición de la germanística en México. Leyó en su idioma original a Robert Musil, Heimito von Doderer, Thomas Mann y muchos otros, escribió ensayos incomparables sobre ellos y se instauró como profesor emérito de la carrera de Letras Alemanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde abrió el camino de una nueva cultura en México. Como heredero de la aventura de García Ponce, José María Pérez Gay (1944-2013) continuó con la labor de estrechar puentes entre ambas culturas. En los años del Muro de Berlín, Pérez Gay estudió su doctorado en Sociología y Germanística en la Universidad Libre de Berlín, donde él era el único mexicano. Entre la jungla de las declinaciones y el camino largo y difícil que representa la lengua de Alemania, su aventura intelectual en el extranjero duró quince años, tiempo en el que se formó bajo la dirección de Theodor W. Adorno, Max Horkheimer y la corriente crítica de la Escuela de Frankfurt. Recibió cátedra de Martin Heidegger y Herbert Marcuse, asistió a los seminarios de literatura comparada de Peter Szondi, escuchó de viva voz a Paul Celan e hizo amistad con Rudi Dutschke, Jürgen Habermas y Rüdiger Safranski. De regreso en México, José María Pérez Gay era conocido por los lectores mexicanos de suplementos y revistas literarias como traductor de autores de lengua alemana de los que poco o nada se sabía en el país, como Hans Magnus Enzensberger y Elias Canetti. Su labor de difusión se extendió a la docencia, donde se desenvolvió como catedrático y conferencista prominente. Los que tuvimos oportunidad de asistir a sus seminarios recordamos su amplia presencia, su voz de barítono y la manera lúcida, exacta y sencilla de exponer los temas más complejos de la filosofía.

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En 2006 participé en el seminario Textos Filosóficos II, que Pérez Gay dictó sobre Peter Sloterdijk y Crítica de la razón cínica. A la distancia de los años rememoro esas sesiones como la clave de su poética inspirada por el concepto heideggeriano Geschichtewissenschaft, lo que fuimos, la ciencia del ayer. Donde articular históricamente el pasado significa explicar los procesos del pensamiento y reflexión de una civilización moderna marcada por el dominio, la barbarie, la decadencia, la aniquilación, la guerra que se extendió por treinta años dejando más de 50 millones de cadáveres. El seminario partió de la lectura de Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer que plantea que “el mito es ya Ilustración y la Ilustración recae en mitología”. Para el pensamiento dialéctico cada cosa sólo es lo que es en la medida en que se convierte en aquello que no es. Por eso cuando se observa que la Ilustración nace bajo el signo del dominio, la razón se convierte en mito y surge la crisis. En una época cansada de teorías, Sloterdijk continúa la línea de la crítica de la razón que empieza con Descartes, se expande con Kant y termina con Nietzsche. En este sentido la crítica de la razón cínica es una revisión de la Ilustración que se lee como falsa conciencia. Si toda ideología tiende a imponerse como verdad y dominio, toda ideología es falsa conciencia donde coinciden los intereses y las convicciones. Por eso el cínico sospecha y la sospecha es el antídoto de las ideologías. La crítica de Sloterdijk es consciente del vacíode la crítica; por eso adopta el cinismo que se expresa con ironía, compasión y se atreve a mostrar las verdades desnudas. Escribe Sloterdijk que “toda crítica es trabajo de pioneros en el dolor epocal, […] son los heridos graves de la cultura que accionan la rueda de la crítica”. A trasluz de aquel seminario, la lectura de Crítica de la razón cínica y el panorama del siglo XX alemán de la filosofía, la sociología, la política, la historia, y la literatura que es indisociable de la famosa frase de Walter Benjamin que dice que “no hay documento de la civilización que no sea al mismo tiempo documento de la barbarie”, percibo el proyecto literario de Pérez Gay como una construcción cínica de una crítica de la modernidad que tiene sus fundamentos en la memoria de los abismos colectivos y la devastación humana que se muestra como genocidio científico, torturas, hambre, bombardeos, campos de la muerte. Ese infierno es el que intenta explicar como quien intenta explicar el siglo XX. Y es así que a través de una arqueología del mal, Pérez Gay se convirtió en un maestro de Alemania, porque en la experiencia del mal, se encuentra la experiencia de la muerte como Celan lo expresó en el exorcismo que representa su más célebre poema, Fuga de muerte: “la muerte, la muerte es un maestro de Alemania”. Lo que enseña la muerte de Alemania es la barbarie que dice el mal no como un concepto, sino como un nombre para lo amenazador, para el peligro y para la libertad que muestra el mal como un lugar en el que se arraiga a la vez la humanidad y la inhumanidad del ser. El mal es el drama de la modernidad y es el material alemán que constituye el eje central de todas las reflexiones de Pérez Gay, en especial de sus tres libros principales: El imperio perdido(Cal y arena, 1991) y las novelas La difícil costumbre de estar lejos (Océano, 1984) y Tu nombre en el silencio (Cal y arena, 2000).

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El imperio perdido es un libro híbrido, fruto de años de investigación que en primera instancia se presenta como un ensayo de la caída del imperio austrohúngaro visto a través de la vida y obra y de los escritores que mejor la representan: Hermann Broch, Karl Kraus, Robert Musil, Joseph Roth y Elias Canetti. Con estos nombres Pérez Gay trazó una constelación personal, una estética propia que utiliza la filología, la historia, la filosofía, el arte y la política para discutir la modernidad y reconstruir la biografía de cinco autores que expresan la orfandad del mundo. Con este libro que se lee también como novela y crítica literaria, Pérez Gay se consolidó como el germanista que acercó lectores comunes y especializados a esta historia que se desarrolló en la Viena finisecular de grandes retos y reflexiones. El imperio perdido tuvo una gran recepción crítica y editorial porque es un libro único en su especie, un ejemplo de cómo se escribe, se narra y se ensaya en español con exactitud, elegancia y profundidad. Más que un libro de difusión es una obra ejemplar que incluso se lee como libro de texto en la carrera de Letras Alemanas en la UNAM, y que en mi caso personal aclaró mucho de lo que trata la Crítica de la razón cínica provocada por el malestar en la cultura que está permeada de aniquilación y que sólo se puede manifestar como cinismo universal y difuso.

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La difícil costumbre de estar lejos se centra en la vida de Julián Arvide, un diplomático mexicano que vivió en Berlín en los años veinte y treinta del siglo XX. En él se dibuja un personaje complejo, moderno, inteligente que habla de sus obsesiones, sus amores, sus amistades, sus heridas y se somete a terapia psicoanalítica para volverse legible a sí mismo y a los otros. “Su vida —escribe José Joaquín Blanco— es el pretexto para hablar de muchas otras, su tiempo una metáfora de los demás.” Y agrega Blanco: “Pérez Gay dota a su protagonista de cultura, de historia y engarza como episodios novelísticos las etapas de la investigación minuciosa de la carne, la memoria, las pulsiones, la barbarie social”. A lo largo de la novela se indaga sobre el ascenso del nacionalsocialismo y la caída de la República de Weimar que se convirtió en un estado totalitario. Este episodio de sombras lo entreteje con la larga historia de las cruzadas que Arvide escribe para explicar la conquista de América y su momento mexicano con Plutarco Elías. Con esta primera novela Pérez Gay mantiene el difícil compromiso de estar lejos y desde su título Adolfo Castañón observa que Pérez Gay “hace eco de la ascesis del desdoblamiento y la autoobservación”, pero en su estructura fragmentaria se narra más que la vida de Arvide, la vida de los escritores, los pensadores y sus ideas. Con La difícil costumbre de estar lejos se recupera la memoria y se nos revela como novela al estilo de Robert Musil o Thomas Mann, donde el personaje principal es la historia de las ideas que hablan de heridas, desintegración y ruina.

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Tu nombre en el silencio sigue la misma línea de expresión que su novela anterior, pero de forma más personal indaga entre los laberintos narrativos de la memoria. Aquí se trata de la vida de Ernesto Cardona, un joven mexicano que estudió en la Universidad Libre de Berlín. En Colonia trabajó en la embajada de México. Fue agregado cultural en Bonn y regresó a su país, donde fue profesor en la UNAM. Con Ernesto Cardona se lee una clara correspondencia con la vida de Pérez Gay. En esta novela de madurez que tiene mucho de Bildungsroman, se traza el camino recorrido en la oscilación de la memoria y la confesión, la novela y el ensayo, el poema y la autobiografía. Ahí se retrata una dolorosa reflexión sobre la Alemania nazi y la resurrección de los años terribles, el Berlín Occidental de la vigilancia y el castigo, el corazón geográfico de la guerra fría. Se abordan las dictaduras con violencia militar en Latinoamérica, se retoma el tema de las cruzadas que ya había aparecido en La difícil costumbre de estar lejos y se subraya el paralelismo entre la conquista de México y las cruzadas, entre Hernán Cortés y Godofredo de Bouillon. Se narra no sólo el desencanto personal y el de una generación que creyó en la revolución y el socialismo, se narra el desencanto de Occidente, donde “Alemania —confiesa Pérez Gay— fue el río de nuestros sueños […]. Los sueños en los que aprendimos a deletrear la esperanza, pero también los que nos volvieron inmunes a los hechos incómodos”. Tu nombre en el silencio es el viaje hacia el pasado de Cardona y hacia el pasado alemán, es un viaje hacia la clave de la vida, porque como bien lo expresó Benjamin: “la verdadera clave de nuestra vida es la memoria”. Es por eso que Pérez Gay adopta el dispositivo de la novela para hablar de la verdad, para hablar de todo aquello que se escapa, lo perdido, lo lejano, lo que ya no es y vuelve transformado en memoria. La pesquisa del filósofo, del crítico de la cultura y del historiador que hay en Pérez Gay se da en Tu nombre en el silencio como la narración del rastreo de la memoria en términos de Gottfried Keller cuando dice: “la verdad no se nos escapará”. La historia como la memoria es huidiza, porque la verdad siempre se escapa, siempre es otra y sólo queda la nostalgia, la melancolía y la ironía cínica de la palabra que le arrebata al silencio la pregunta sobre las últimas cosas. La mirada de Pérez Gay es como la mirada del ángel de la historia de Benjamin:

Allí donde percibimos una cadena de acontecimientos, el ángel ve una sola catástrofe que sigue amontonando restos y lanzándolos delante de sus pies. […] Una tormenta del Paraíso empuja sus alas hacia atrás con tal violencia que no puede cerrarlas. La tormenta impulsa al ángel hacia el futuro (al que da su espalda) irresistiblemente, mientras la pila de restos y escombros crece por el cielo tras él. Esta tormenta es lo que llamamos progreso.

El progreso histórico como una tormenta de ruinas es un paisaje oscuro y nebuloso que se rodea de silencio. Tal vez porque, como expresó Adorno, escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie. Pero muchos años después y tras leer a Celan, Adorno aceptó su equivocación y escribió: “el sufrimiento tiene derecho a expresarse, a pesar de todos los pesares, como el torturado tiene derecho a gritar”. Con Tu nombre en el silencio Pérez Gay atraviesa el archivo de la memoria que grita entre la tormenta del Yo y la crisis de la civilización.

Tras este recorrido sólo queda agregar que así como Celan dejó un rastro de fuego en la lengua alemana, José María Pérez Gay dejó con sus aportaciones un rastro de fuego en nuestra cultura que no se apagará mientras se siga hablando de Alemania en México.

 

Carlo Ricarte
Poeta y ensayista. Estudió Lengua y Literatura Modernas Alemanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.