Nos lo han dicho una y otra vez: plagiar es un pecado que asegura al plagiador un lugar en el Octavo Círculo del Infierno, entre ladrones y falsificadores. También es el crimen más bajo del que puede ser acusado un escritor. Así que no es poca cosa que la justicia argentina encontrara a Pablo Katchadjian culpable de plagio el año pasado,1 y que la Cámara de Apelaciones haya revocado el veredicto apenas esta semana.2 Por enésima vez.

El caso es una joya. En resumen: Katchadjian escribió hace siete años un librito de nombre El Aleph engordado, del que imprimió 200 copias en una editorial independiente para distribuirlas de manera gratuita. El “engordamiento” de “El Aleph”, el clásico de Jorge Luis Borges,consistió en insertar 5,600 palabras a las 4,000 originales. La idea era simple y quedaba clara en la posdata del libro: “si bien no intenté ocultarme en el estilo de Borges”, escribe Katchadjian, “tampoco escribí con la idea de hacerme demasiado visible: los mejores momentos, me parece, son esos en los que no se puede saber con certeza qué es de quién”. Acto seguido, Katchadjian se enfrentaba a una demanda de María Kodama —la viuda de Borges—, debía una multa de $80,000 pesos argentinos y era perseguido intermitentemente por la ley.

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Varias ironías del caso han quedado claras. La ironía literaria, la más prominente, es que Borges trabajó precisamente el tema de la reproducción y falsificación creativa: dos ejemplos claros son el cuento “Pierre Menard: Autor del Quijote” y la reescritura del final de “El Martín Fierro”.3 La ironía política, que es la más deprimente, es que los oficiales que se ocuparán de atrapar a Katchadjian estarán sentados junto a él en el Octavo Círculo, residencia no sólo para los ladrones sino también para los corruptos: el gobierno de Macri es uno de los peor calificados en el índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional.4 Y la ironía financiera, la más nefasta, es que el hábito de Kodama de demandar a comentaristas de Borges (y su hábito de hacer dinero con su patrimonio literario, a pesar de instrucciones explícitas de no hacerlo5) ha demostrado ser un negocio fructífero, mientras que su más reciente víctima, el libro de Katchadjian, fue un proyecto sin ánimo de lucro, y que ya le ha costado a Katchadjian una multa considerable.

En 2015 la demanda de Kodama había sido declarada sin mérito, pero en noviembre pasado un juez falló a su favor, después de tomarse un año entero para hacer el peritaje del libro. “Surge en forma palmaria la alteración del texto de la obra de Borges por parte del evaluado”, lee el fallo, “dejando caer por tierra el descargo intentado por este último, en cuanto pretende explicar que la publicación de El Aleph engordado obedece simplemente a una experimentación literaria”.

Nótese que, mientras siempre se había reportado6 que la demanda había sido entablada por plagio, el fallo ahora declaraba que Katchadjian “defraudó los derechos de propiedad intelectual que le reconoce la legislación vigente a María Kodama” por alteración de la obra. Surge una pregunta: ¿son el plagio y la alteración la misma cosa? Y, ¿es Katchadjian culpable de cualquiera de las dos?

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Portada de El Aleph de Borges, editorial emecé, primera edición 1949.

A los peritos les tomó un año darse cuenta de lo que está impreso en la portada: el libro se llama El Aleph engordado. “Engordar” es un tipo de alteración. Alterar algo requiere que este algo persista; es decir, que conserve su identidad. De otra manera, el resultado del proceso no es una alteración sino una creación nueva. Como lo reconoce en el título y en la posdata, Katchadjian no pretendió crear una obra nueva —el libro no se llama Esto No Es El Aleph Sino Otra Cosa— sino alterar la obra existente. Pero esto pone a Katchadjian en peligro de caer del otro lado. Si, en efecto, admite que lo que publicó no era una obra distinta sino la misma pero alterada, entonces es verdad que presentó un trabajo ajeno como propio. ¿Y no es esa la definición de plagio?

Resolvamos este dilema con ayuda de una historia que el mismo Borges nos habría recomendado: el enigma del barco de Teseo. Como lo propuso por primera vez el historiador griego Plutarco, el enigma consiste en la pregunta de si el legendario barco de Teseo, preservado en un museo en Atenas, es realmente el mismo después de haber sufrido tantas reparaciones que todas sus partes originales han sido remplazadas. Una respuesta positiva la ofrece Aristóteles. Como las cosas obtienen su identidad gracias a su “causa formal” (a grandes rasgos, su diseño), el barco restaurado es el barco de Teseo, porque no importan los cambios que hayan sucedido a nivel de las partes materiales del barco, que es lo que Aristóteles llama su “causa material” (de lo que está hecho). Desde este punto de vista, El Aleph engordado no es sólo un Aleph alterado, sino una obra totalmente distinta, porque insertar nuevas frases aquí y allá cambia la forma de la obra al igual que agregar un mástil o una cubierta cambiarían el diseño del barco de Teseo.

Por el contrario, otros filósofos han argumentado que si alguien recogiera todas las piezas viejas que los restauradores desecharan y volvieran a construir con ellas el barco, entonces éste barco sería el barco de Teseo, lo que significa que el barco del museo no lo es, incluso independientemente de que alguien realmente reconstruyera el original o no. Desde este punto de vista, El Aleph engordado no sería ni un Aleph alterado ni una obra completamente nueva sino, como el barco del museo, una especie de reproducción.

Pero supongamos que, mucho antes de convertirse en leyenda griega, Teseo hubiera decidido, en medio de sus viajes, mejorar radicalmente su barco. Entonces, pensemos que se presentó en una versión antigua del fino programa de MTV “Enchúlame la máquina”. Cuando la contraparte griega de Xzibit (el rapero que conducía el programa) hubiera terminado el trabajo y revelado el resultado a Teseo, seguramente Teseo habría perdido la cabeza y llorado de felicidad. O tal vez sólo le habría pagado. En todo caso, es seguro que no habría dicho: “oye, ése no es mi barco”. El barco, por supuesto, habría sido todavía el barco de Teseo, y el crédito por la alteración habría sido de Xzibit.

Esta historia arroja varias conclusiones. Igual que Xzibit no afirmó crear automóviles sino alterarlos, Katchadjian no afirmó haber creado El Aleph. El plagio es hacer pasar un trabajo ajeno como propio, y como Katchadjian no afirmó haber creado El Aleph, no puede ser culpable de plagio. Igual que el resultado del trabajo de Xzibit eran autos alterados, el resultado del de Katchadjian fue un Aleph engordado. Xzibit y Katchadjian son alteradores de autos y de Alephs.

Para regresar a mis preguntas: el plagio y la alteración, por supuesto, no son la misma cosa. Si la demanda fue por plagio no tiene fundamento. Por otro lado, los peritos están en lo correcto: El Aleph engordado es, efectivamente, una alteración de la obra de Borges. Pero el punto de que esto esté reconocido en el título y la posdata no sólo muestra que el juez se habría podido ahorrar un año y los honorarios de los peritos, sino que Katchadjian sólo se atribuyó el crédito por lo que él hizo: la alteración. Y nada más.

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Portada de El Aleph engordado, fotografía del diario argentino Clarín.

Que lo haya hecho sin permiso es otro tema. Es verdad que Xzibit habría hecho mal en enchular las máquinas de sus clientes sin que ellos lo supieran. Pero, en general, los derechos de propiedad intelectual protegen contra el lucro ilícito, y el fallo mismo reconoce que Katchadjian no lucró con las copias que se imprimieron de El Aleph engordado. Entonces, ¿cuál es la diferencia con una alteración similar que yo hubiera podido hacer de otro cuento de Borges como estudiante de literatura? ¿Y si también hubiera impreso y distribuido copias de este trabajo, para mi profesor, de entrada, y además para mis amigos?

Fallar a favor de una demanda por plagio y justificar el fallo con evidencia de alteración es un error categórico. Afortunadamente, este 16 de mayo ese fallo fue revocado.

Sin embargo, el proceso ha tenido consecuencias para Katchadjian y la comunidad intelectual. Las entrevistas con Kodama demuestran lo poco que entiende del libro de Katchadjian7 (y seguramente de Borges), así que cuando las autoridades se pronuncian a su favor están, efectivamente, insultando a todos lo que creamos o alteramos o, como Borges mismo,8 robamos ideas.

Pero tal vez no sea una coincidencia. Todos sabemos que la tiranía fomenta la estupidez.

(Adivinen de quién me robé esa frase.)

 

Fuentes indicativas:

Alfonso García Morales, “Jorge Luis Borges, autor del Martín Fierro”, en Variaciones Borges, num. 10, 2000, University of Pittsburgh, p. 29-64.

Martí Domínguez, “El plagio de Jorge Luis Borges”, El País (comunidad valenciana), 28 de abril de 2001.

Matilde Sánchez, “Las razones de Kodama: ‘no voy a permitir un plagio irreverente’”, Clarín, 4 de julio de 2015.

Rosa María Pereda, “El libro prohibido de Jorge Luis Borges se convierte en un éxito de ventas en Argentina”, El País, 31 de enero de 1994.

Argentina: Author on trial for ‘plagiarising’ Borges in literary experiment, faces prison sentence”, Call to action de Pen International.

Corruption Perception Index 2015” de Transparency International.

On the perils of the literary freedom: Pablo Katchadjian and The Fattened Aleph”, editorial de Minor Literatures, 28 de junio de 2015.

Procesaron a Katchadjian, autor de El Aleph engordado, por defraudación”, redacción de Clarín, 23 de noviembre de 2016.

Procesan al autor de El Aleph engordado por ‘defraudación’”, redacción de La Nación, 16 de noviembre de 2016.

Sobreseyeron (otra vez) al escritor que ‘engordó’ un cuento de Jorge Luis Borges”, redacción de La Nación, 16 de mayo de 2017.

 

Emmanuel Ordóñez Angulo
Candidato a doctor en Filosofía por la Universidad de Londres.

Una versión de este artículo fue publicado originalmente en el Los Angeles Review of Books.


1 “Procesan al autor de El Aleph engordado por ‘defraudación’”, La Nación, 16 de noviembre de 2016.

2 “Sobreseyeron (otra vez) al escritor que ‘engordó’ un cuento de Jorge Luis Borges”, La Nación, 16 de mayo de 2017.

3 Alfonso García Morales, “Jorge Luis Borges, autor del Martín Fierro”.

4 “Corruption perception index 2015”.

5 Rosa María Pereda, “El libro prohibido de Jorge Luis Borges se convierte en un éxito de ventas en Argentina”.

6 “Procesaron a Katchadjian, autor de El Aleph engordado, por defraudación”, Clarín, 23 de noviembre de 2016.

7 Matilde Sánchez, “Las razones de Kodama: ‘no voy a permitir un plagio irreverente’”, Clarín, 4 de julio de 2015.

8 Martí Domínguez, “El plagio de Jorge Luis Borges”, El País, 28 de abril de 2001.