El grandioso libro sobre la historia local de El Paso y Ciudad Juárez, sus habitantes y sus vaivenes en plena revolución mexicana; un proyecto en línea que ahonda en el porvenir del libro y los medios impresos ante lo digital;  y la frivolidad del marketing que reunió aeronáutica y cultura, en esta selección semanal de clics.

Asiento en primera fila para la Revolución mexicana

La gente se apretuja en las azoteas de los edificios y hoteles, encima de los vagones de tren o bajo la sombra del algún quiosco, de algún paraguas. Es mayo de 1911 y todo el mundo ha venido a El Paso para presenciar la toma de Ciudad Juárez por las fuerzas maderistas. Francisco I. Madero titubea. Teme que la batalla afecte a los habitantes del otro lado del Río Bravo. Villa, Orozco y Garibaldi, hartos de esperar, dan órdenes a escondidas de iniciar la balacera. Los espectadores pagan unos 25 centavos de dólar para reservar su palco. Algunas panorámicas son espléndidas, cómodas y seguras. Otras no, como el techo de la lavandería El Paso al que llegan silbantes las balas y alguna esquirla. Desde ahí, el exalcalde Joseph Sweeney observa: “Vi a varios federales derribados por las balas. Era hermoso el espectáculo de la metralla estallando en el aire y esparciendo sus misiles mortíferos sobre las colinas y valles circundantes”. Cientos de turistas, fotógrafos, vendedores de souvenirs y postales, ciudadanos curiosos y bandas de música se acercan al campamento maderista. Posan junto a los insurrectos, se disfrazan portando cananas, sombreros y rifles Winchester. Al menos 5 mueren y otros 18 son heridos por balas perdidas en el lado estadunidense de la frontera. Presenciar la revolución no televisada puede costar la vida. La otra frontera, entre combatiente y espectador, es muy delgada. Aún no se consolida la era del espectador pasivo.

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Líderes revolucionarios frente a “La casita” de adobe, en los márgenes del Río Bravo, en abril de 1911. De izquierda a derecha están sentados: Venustiano Carranza, Francisco Vázquez Gómez, Francisco I. Madero, Abraham González, José María Maytorena, Alberto Fuentes y Pascual Orozco. De pie: Pancho Villa, Gustavo Madero, Franciso Madero (padre), Giuseppe Garibaldi, Federico González Garza, José de la Luz Blanco, Juan Sánchez Azcona y Alfonso Madero. (fotografía de la Aultmann Collection, El Paso Public Library, tomada del libro)

Estas es una de las decenas de secuencias impactantes que el historiador David Dorado Romo ha reunido con soltura y erudición en Historias desconocidas de la Revolución Mexicana en El Paso y Ciudad Juárez (Era, 2017, 431 p.). A pesar de un título tan informativo y escueto, el libro es un pasaje certero a la vida cotidiana de la frontera, a las calles de Juárez y El Paso donde circulan los subversivos, los generales, los políticos y diplomáticos y también los curanderos, los inventores, los fotógrafos, los músicos y los periodistas. A través de la microhistoria, Dorado Romo relata su “psicogeografía” de las dos ciudades y desempolva, entre otras, la vida de Teresita Urrea, la “Juana de Arco mexicana”, curandera milagrosa de Tomóchic; Víctor L. Ochoa, periodista y revolucionario que quiere volar con un ornitóptero antes los hermanos Wright; o Trinidad Concha, músico desertor de la orquesta de Porfirio Díaz que se une a los villistas. En este proceso, el autor relata no sólo su propio sendero al pasado como investigador sino el desarrollo de las batallas e incursiones fronterizas, el relato periodístico contra la censura, la vida nocturna y el jazz en Ciudad Juárez o los coqueteos de Villa con el cine. La revolución que obnubiló a John Reed todavía esconde, bajo el agua, más de un siglo después, su material de asombros.

Diccionario: el libro en el siglo XXI

Con motivo de su lanzamiento en la FILBO, la plataforma WMagazín quiere replantear los horizontes del libro en este año cero de la era digital. Una decena de escritores, editores e historiadores del libro responden a la encrucijada: “¿Qué es el libro en el siglo XXI”. Sus opiniones serán recopiladas en un diccionario en línea. Para Roger Chartier la pregunta fundamental es saber si un libro electrónico es realmente un libro. Lo es cuando no explota las posibilidades multimedia o transmedia, que transforman el texto en dispositivo. Aun así, puede haber una sana equivalencia entre lo digital y lo impreso. Menos entusiasta se muestra John Banville. Para él, las bibliotecas y librerías en papel son irremplazables y no corren el riesgo de desaparecer para siempre: “Porque puede llegar un día en que Internet y todas sus obras se desvanezcan en el ciberespacio con un ¡pop!”. La Unión Europea está a punto de cambiar la normativa vigente para colocar al ebook en pie de igualdad con el libro tradicional, es decir considerar al libro digital ya no como un soporte multimedia sino como un libro de verdad que merece los mismos beneficios fiscales que el impreso.

Autores por los aires

Los ingenios del marketting sobrevuelan la estratosfera. Según reporta ABC, cuya sección cultural jamás es tan frívola (y peor nosotros que ahí hicimos clic),la compañía aérea Norwegian pondrá un retrato gigante de Benito Pérez Galdós en la cola de uno de sus aviones, con motivo de su homenaje número 174 (sí, una cifra redondita). No es la primera vez que lo hace pues cuenta con unos 84 aviones con cola de escritor o personaje histórico. Entre ellos: Rosalía de Castro, Cervantes, Roald Dahl, Ibsen, Andersen. Si uno quiere una breve lista de las personalidades que han marcado la cultura noruega, basta con consultar el proyecto decorativo de la aerolínea, “Tail fin héroes” (“héroes del alerón de cola”). Son curiosas las formas de proveer cultura en nuestros días. ¡Miren qué tantos espectadores podrán agasajarse con estos rostros en el reino de los cielos! Ahora bien, ¿podremos decorar nuestra flota mexicana con enormes retratos de Altamirano, Gutiérrez Nájera, Justo Sierra, Diego Rivera, Reyes, Paz o Fuentes? Vientos de progreso serían. Muralismo por los aires. Las guaguas de Aracataca ya llevan pintado a su Gabo, ¿algún valiente empresario osará, con permiso de la Santa Fundación y todas las facturas en orden, plasmar a un Rulfo volador en el año de su centenario? Fuera de bromas, nos quedamos con José Martí y su Sección constante: “No tenemos paz ni con lo inútil ni con lo falso”.