El improbable regreso del libro impreso vs el desplome de la edición digital; algunos puntos sobre el ascenso del partido de ultra-derecha Frente Nacional en Francia; y los planteamientos actuales ante los dispositivos neuro-tecnológicos son las noticias seleccionadas aquí entre billones de clics.

Regreso al libro impreso

El paso del manuscrito medieval al libro de Gutenberg es el mayor salto tecnológico de la humanidad, como lo apuntaba Marshall McLuhan en los años sesenta. Es suyo el adagio: “el medio es el mensaje”. Sin saber que estaba retomando a Montaigne (“Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”), el profesor canadiense mandaba un mensaje de alerta: es un grave error ignorar las consecuencias sociales, económicas o neurológicas que provoca cada nueva extensión de nuestros cinco sentidos. El mercado del libro digital acaba de darle la razón a McLuhan: las ventas en el Reino Unido cayeron a niveles de 2011 (perdieron un 17% en el último año) mientras que el libro impreso creció un 6%. Los altos precios, la fatiga visual y la vista cansada (son dos padecimientos diferentes), la omnipresencia de las pantallas en todos los ámbitos son algunas de las causas de este retorno inesperado del papel. “Al libro, la rueda y la cuchara se pueden añadir la bicicleta y los lentes, para no hablar de la escritura alfabética. Una vez alcanzada la perfección es imposible superarla”, escribía José Emilio Pacheco, justamente en 2011, al leer los diálogos de Jean-Claude Carrière con Umberto Eco en Nadie acabará con los libros (Lumen, 2010).

El determinismo tecnológico de McLuhan.

El desastre francés

Varios filósofos han explicado el terrible ascenso del Frente Nacional francés que alcanza la segunda vuelta presidencial y un total de 7 658 990 votos, expresión de un trasfondo inquietante de racismo, estigmatización del otro y miopía histórica. El alumno de Louis Althusser, Jacques Rancière, afirma que “el FN es un producto directo del sistema de la V República que le permite a un partido minoritario llegar al poder sin trabas. […] El triunfo del FN es el resultado de la destrucción efectiva de la vida democrática por la lógica consensual. […] Triunfan por un efecto nocivo del sistema electoral y por la gestión mediática de la opinión a través del método del sondeo y del comentario permanentes”.

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El filósofo Régis Debray, antiguo compañero del Che en Bolivia y hoy director de la revista Médium, dijo en entrevista con Le Monde: “Entre un capitalismo financiero al que todo se le permite y un socialismo que ha olvidado su abecé se ha abierto una gran brecha, y la corriente de aire que sale de ahí ha hecho girar las aspas del molino Le Pen desde hace veinte años”. Pero para Debray, que acaba de publicar Civilisations (Gallimard, 2017), la pérdida de brújula se debe a que Europa ha salido de la Historia desde finales de la segunda guerra. Estados Unidos se fue convirtiendo en el epicentro de las buenas costumbres, las normas de conducta y los sueños individuales, de la mano de la revolución tecnológica y, ahora, de los gigantes del GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple). El homo politicus ha sido vencido por el homo economicus, el capital tiene vía express al Capitolio, la imagen reemplaza la escritura, la vida pública se privatiza y lo privado se hace público, triunfa el neoprotestantismo y ya no hacen falta políticos como tampoco curas. En suma, el diagnóstico es la “americanización” progresiva del mundo, que supo leer Simone Weil en Londres en 1943.

Máquinas que borran pensamientos

A finales de abril, Facebook dio a conocer que había estado desarrollando secretamente  tecnologías capaces de leer pensamientos y transmitirlos sin necesidad de una mediación como el teclado. Las llamadas “neuro-aplicaciones” han mostrado su utilidad para devolver motricidad a discapacitados o incluso para servir de asistentes de comunicación, como en el caso de Stephen Hawking. Sin embargo, investigadores en medicina y bioética de la revista Life Sciences, Society and Policy han hecho sonar las alarmas llamando a crear nuevas leyes y nuevos derechos humanos fundamentales que aseguren “la libertad cognitiva”, “la integridad cerebral”, el “derecho a la privacidad mental” y que nos protejan de algún malandro “hacker del cerebro”. Uno de los riesgos se debe a la capacidad tecnológica no sólo de intrusión en nuestros pensamientos sino de interferirlos y suprimirlos como archivos de computadora.

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Fotograma de la película Brazil (1985), en Flickr

Todos estos términos parecen sacados de la ciencia-ficción, de alguna distopía al estilo Brazil, el filme de Terry Gilliam de 1985, o directamente del episodio “Toda tu historia” de la paranoica serie Black Mirror (2011) en la que los personajes pueden acceder a sus recuerdos intactos y compartirlos en pantalla gracias a una brain app. Pero la realidad siempre acaba por merendarse a la ficción y los “derechos cognitivos” ya son el pan de cada día del debate científico. De nuevo, las advertencias de Montaigne hasta McLuhan resuenan como un eco cavernoso del pasado en el futuro.