El anillo que hizo la artista Jill Magid con las cenizas de Luis Barragán ha sido motivo de múltiples discusiones desde hace un par de meses. Ahora que se exhibe en el MUAC se realizarán una serie de diálogos en torno a la exposición que lo contiene. Hoy fue el primero de éstos y el dilema dio qué pensar.

diamante

La exposición Jill Magid. Una carta siempre llega a su destino. Los archivos Barragán que se inauguró hoy en el Museo Universitario de Arte Contemporáneoha desatado una controversia en el ámbito cultural y social del país, específicamente por una pieza titulada La propuesta. Magid negoció con familiares del arquitecto Luis Barragán y el gobierno del Estado de Jalisco la extracción de 525 gramos de las cenizas fúnebres de Barragán que se encuentran en La Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, en la ciudad de Guadalajara. Con las cenizas produjo un diamante que posteriormente se montó en un anillo. Éste fue el medio que usó la artista Jill Magid (Bridgeport, Connecticut, 1973) para proponerle a Federica Zanco, propietaria y archivista de la Barragan Foundation en Suiza, la repatriación del archivo profesional del premio Pritzker mexicano a cambio de la joya.

Para La propuesta la artista mantuvo una relación epistolar con Federica Zanco. Las cartas, escritas en un tono amoroso, dan cuenta del escenario de intercambio que construyó la artista, partiendo del rumor que propagaba que Zanco había adquirido el archivo profesional de Barragán en 1995 como un regalo de bodas de su entonces novio, el presidente de la empresa de muebles Vitra. Jill Magid ofreció un cuerpo por otro cuerpo. En su encuentro, Zanco respondió que dado que la artista la había transformado en un personaje ficticio, su participación era innecesaria.

La controversia alrededor de la pieza confrontó a quienes piensan que el hecho de sacar las cenizas y convertirlas en anillo es de mal gusto, irrespetuoso e ilegal, con aquellos que aprueban la obra y la avalan como una crítica a la autoridad, a los agentes de control, a las instituciones y al poder. La historia recuerda a la Antígona de Sófocles y la pugna entre la ley humana y la ley divina, es decir, a la tensión entre lo que permite la ley socialmente y lo que parte de la población interpreta como ofensivo o amoral.

Ante la negativa de Jorge Volpi, Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, de cancelar la exposición, y bajo la premisa de que los curadores tienen autonomía en su planeación y de que la universidad es un lugar para dialogar no para censurar, el MUAC organizó cuatro mesas de discusión. La primera tuvo lugar el día de hoy y llevó por título Obra, fetiche y ley. En ella participaron el investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas Enrique X. de Anda, el promotor cultural César Cervantes Tezcucano, la artista visual Jill Magid, el curador en jefe del MUAC Cuauhtémoc Medina, el abogado socio de White & Case Ismael Reyes Retana y el catedrático de la Facultad de Derecho Luis Vega García.

La conversación fue moderada por Ricardo Raphael de la Madrid, Director del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, quien propuso un formato de discusión en el que cada participante habló 5 minutos. Luego hubo una conversación de media hora entre todos los integrantes y al final se abrió un espacio para preguntas del público. A continuación los temas que fueron recurrentes en este diálogo.

La artista

Jill Magid comenzó su participación en la mesa con la frase “soy una artista”, y continuó explicando que desde su perspectiva el trabajo de un artista es hacer preguntas, acción que ella misma ejerce en sus piezas y desde su práctica. También mencionó que muchas veces su trabajo comienza ante una negativa, o sea, cuando le dicen que no puede hacer algo. Eso fue lo que pasó con el archivo profesional que resguarda la Barragan Foundation: dos veces fueron las que pidió acceso al archivo, y en ambas ocasiones se lo negaron diciéndole que tampoco podría hacer ningún tipo de reproducción de la obra del arquitecto. En cambio, en México no tuvo problema con acceder al archivo personal que se resguarda en Casa Barragán.

En el contexto de la negativa fue que empezaron a surgir las preguntas: ¿Cómo se construye un legado? ¿Quién tiene derecho a acceder a él? Magid mencionó que estas preguntas las hizo dentro del marco de la ley, “le pregunto al sistema, hay cosas que vienen de regreso y las uso en mi trabajo”, dijo. La propuesta no es sólo el anillo, también es el proceso de documentación legal  (que pueden verse en las exposición) y las relaciones que se establecieron en el camino de creación.

Por otro lado, Magid expresó que “las obras de arte tienen una vida propia”. Cuando están terminadas ella las encara sabiendo que seguirán un camino vulnerable en tanto público. La artista añadió que lo que se piensa de una obra de arte va cambiando con el tiempo. Compartió con el público una anécdota personal: cuando estudiaba y se dedicaba a pintar no entendía la obra de Robert Ryman (que está expuesta en el Museo Jumex hasta el 30 de abril) y no fue sino hasta tiempo después que comprendió lo que implicaba trabajar con tantas gamas de blanco.

Hacerlo a escondidas

César Cervantes apoyó en un principio a la artista y hasta contó que fue a comer a su casa en Nueva York, devolviéndole el gesto del momento en que Magid se encontraba en México. Sin embargo, el lazo se rompió y Cervantes dejó de apoyar el proyecto.

El promotor cultural hizo al menos un par de reclamos: uno a la artista y otro a la institución museística. A Jill Magid le cuestionó si su visa para estar en México era de turista o de trabajo y continuó con un argumento de fines y medios, “lo que duele es que la UNAM se haya aliado con investigaciones y análisis con fines de lucro. Hay otras formas de cuestionar. Si hubiera un interés real de recuperar el archivo se hubiera contactado a la fundación de Suiza, a la UNAM, o al Estado”.

Magid contestó en diferentes momentos que el anillo que forma parte de La propuesta no está a la venta y nunca lo estará. Después de un tiempo de exhibición lo albergará una institución y la posibilidad de intercambio con Federica Zanco seguirá vigente. Sin embargo, mencionó que otras obras dentro de la exposición sí están sometidas al proceso de compra-venta, pues es una artista profesional y lo normal es que las obras se adquieran. La galería Labor representa a Magid en México.

“Yo no utilizo el término malinchismo, yo no utilizo el término gringa”

Por su parte, Enrique de Anda comenzó por aclarar que algunos medios habían tergiversado sus palabras y que él en ningún momento utilizó la palabra “malinchismo” o “gringa” para referirse a la artista. Ofreció a Magid disculpas e intentó leer una carta escrita por un grupo inconforme con la obra, del cual forma parte, pero no le dio tiempo.

El Investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM se pronunció en contra de cualquier postura xenófoba de su parte para dar paso a la pregunta sobre la ética que tiene el MUAC al decidir exhibir el anillo. ¿Cuáles son los límites que la universidad debe tener? “Los limites son la ética. No soy profesor de ética, pero soy una persona con valores. […] Entre lo público y lo privado hay derechos que no pueden ser suplantados, son acuerdos de lógica de pensamiento”. La postura del investigador, que apela a la lógica de pensamiento, quizá al “sentido común”, fue un rumor constante en los pasillos del auditorio en donde se llevó a cabo la charla.

La respuesta del curador en Jefe del MUAC, Cuauhtémoc Medina, fue que la ética “guarda un lugar paradójico y complejo que no es el derecho ni la postura individual”. La ética, dijo, no la podemos imponer a los demás porque, más que ser una ley, es un fenómeno en el que sucede un encuentro de distintas visiones. Por lo tanto, la Universidad respalda la posibilidad de manifestar diferentes opiniones y la obra, si tiene una ética, es la de crear, reparar y preservar el marco que hace posible algo digno de debate.

El anillo ¿es legal o ilegal? ¿Es lo que importa?

En la conversación estuvieron dos abogados. Ismael Reyes Retana presentó un resumen de su artículo “El diamante Barragán: ¿Una propuesta ilegal?” en el que desmenuza diversos ámbitos legales, que van desde lo sanitario hasta la legislación de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, concluyendo que la producción del anillo sí fue legal. Por su parte, Luis Vega García señaló que habría que interpretar la ley y no dejó muy claro si la pieza caía en el territorio de la ilegalidad.

La pregunta por la legalidad del anillo traza un marco jurídico alrededor de ella; es un conflicto entre usos y costumbres y la forma en la que se ejecutan las leyes. Una postura no tiene más validez que la otra, es parte de la libertad democrática de nuestra época el poder decidir con qué estamos o no de acuerdo. Sin embargo aproximarse a Jill Magid. Una carta siempre llega a su destino. Los archivos Barragán tan sólo desde esta óptica interrumpe otros temas fundamentales dignos de discutirse, tales como si el arte es o no portador de una verdad ilustrada, el modo en que se regulan los derechos de autor en una época corporativa y qué tipo de reconocimiento llevamos a cabo ante el otro que quizá no comparte el marco ideológico en el que uno se encuentra inserto. Hay que enfatizar que la muestra presenta un total de 41 piezas derivadas del proyecto que inició la artista desde el año 2013.

 

Sandra Sánchez
Directora del espacio Zona de Desgaste. Ha escrito sobre arte contemporáneo en Caín, La Tempestad, Portavoz, entre otras.

 

 

Un comentario en “Obra, fetiche y ley.
Una narrativa artística en disputa

  1. La señora Magrid seguro lo sabe, pero ¿los demás saben que esa bisutería se hace en Las Vegas?
    Es una estafa múltiple: al público, al Estado, al Arte.