Este es un corazón que late. Es cosa seria.1

Dice mi paisano, el escritor Luis Enrike Moscoso, al enterarse de la muerte de Juan Bañuelos (Tuxtla Gutiérrez, 6 de octubre de 1932-Ciudad de México, 29 de marzo de 2017) que cuando muere un poeta, no se enciende una estrella, se apaga. Y eso me vuelca a leer “Poema de la tristeza” de Ramón Galguera Noverola: “Ser triste tiene un poco / de besar a la muerte, / vive un vivir sin vida / sobre fríos metales. Estar triste es ser algo / de palomas sin alas.”  Y es que la muerte de un ser humano como Juan Bañuelos, no sólo duele, también pega, lastima.

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Fotografía cortesía de Milenio

Un homenaje póstumo acarrea incertidumbre. Quizá la mejor forma de traerlo de vuelta sea regresar a sus libros. Juan Bañuelos, el poeta que levantó la voz ante las injusticias de los pueblos indígenas, hoy se abre de lleno para amar al mundo. “Quiero aclarar mi voz y encabronarme / Después de tanta furia y pena. / Quiero decir la humanidad / Doliéndole al planeta”.2

Con El traje que vestí mañana muchos autores de mi generación descubrimos al poeta Juan Bañuelos. Tuve la fortuna de acompañarlo a Huixtla y Tapachula en la presentación. Escuchar a un poeta con la fuerza de Bañuelos, te cambia el soslayo de la creación poética. Puedo decir que Bañuelos ejerció en mí (y estoy seguro en tantos) la destreza de hablar sin miramiento. Decir lo que se tiene que decir. Porque eso es la poesía, y así lo dijo él mismo: “la forma de comunicarnos con el mundo”.

Y es que no ha sido el hecho de que Bañuelos inaugurara el premio más importante de poesía en México, tampoco ha sido su participación en el grupo, quizá, más importante de poesía de las últimas décadas en Latinoamérica, ni su ejercicio como mediador social en los conflictos en Chiapas en 1994. No. La obra de Bañuelos sobrepasa cualquier ejercicio aunado a su trabajo poético. Su poesía, ante todo, ha sido la voz que le permitió libertad total.

Eso indica que, en el 68, muchas calles de la Ciudad de México se pintaran con sus versos, como menciona la poeta Socorro Trejo Sirvent, en el texto “Cronista intemporal” de la presentación sobre El traje que vestí mañana (Plaza y Janés Editores, 2000), en la ciudad de Tapachula, Chiapas, en 2001:

Hubo un tiempo en que sus poemas, los de Juan Bañuelos, se escribían en los muros de las calles de la Ciudad de México, porque la voz de Juan era, es y sigue siendo la voz del pueblo, la voz de todos los pueblos no sólo de América, sino la voz de todos los pueblos del mundo que sufren y padecen las mismas situaciones de injusticia y marginación. 3

Por la tarde del 29 de marzo me comuniqué con el fotógrafo Josué Bello que vive en la Ciudad de México. En 2015, Josué realizó la memoria fotográfica del 8º Festival Internacional de Escritores Carruaje de Pájaros que dedicamos en honor a los poetas Óscar Oliva y Juan Bañuelos. Debido a que el maestro Bañuelos no podía viajar a Chiapas, Josué lo entrevistó en su casa. Se hicieron amigos.

En un mensaje de quebrada voz, Josué me confirmó la noticia. El maestro Juan Bañuelos había fallecido de una complicación respiratoria. No pasó mucho tiempo cuando la noticia comenzó a divulgarse y muchos escritores expresaron su pena y dolor a través de las redes sociales:

“Me acuerdo de ti, querido Juan Bañuelos, desde que me acuerdo de mí”.

Escribió la etnomusicóloga Aurora Oliva, hija del poeta Óscar Oliva, integrante de La espiga amotinada.

De igual forma, el escritor chiapaneco Roberto López Moreno (Premio Chiapas en Artes, 2001, confesó la influencia que tendió sobre él, el autor de Espejo humeante:

De su magnífica obra, hace muchos años tomé una forma métrica que él utilizaba con frecuencia en sus poemas, así fue como construí lo que denominé "Bañueleadas" en homenaje a él. Nuevamente en su honor -aunque sea ahora por otro motivo- publico aquí un poema escrito en "Bañueleadas” y escogí, pensando también en su posición poética y humana, siempre del lado del pueblo, el poema “Mes de julio” de la selección "Bañueleadas" impresa en uno de mis primeros libros: En el sur de la nostalgia (Federación Editorial Mexicana, 1974). Con esto pretendo un doble homenaje para el poeta Juan Bañuelos.

MES DE JULIO
Enlazadas las manos —mil gaviotas
naciendo de pancartas a consignas—
construían el tiempo roca a roca
cuando la tierra hablaba.
Enislados las voces de la aurora 
despertaban su paso verde olivo,
(militante de caña, sal y ola
desde que el agua hablaba).
Era un mitin de pájaros al viento,
poema al huracán, voz al espacio,
y al trino un lenguaje pirotécnico
con el que el aire hablaba.
Multifácico el aire, ojos de agua,
ardía desde la barba hasta la tierra 
y se hacían del fuego las palabras…
el Comandante hablaba.

A su vez, el poeta y comunicador Eduardo Casar, contó una divertida anécdota: 

El poeta Juan Bañuelos fue un gran poeta, con una obra variada y vasta, y uno de los primeros detentadores de talleres literarios. Su poema "Canto de verano" lo usamos muchas veces en la SOGEM para aprovechar su impresionante ritmo cambiándole la letra. Un día, ambos con una cuba en la mano, le dije: -Juan: debo confesarte que te robé la musicalidad de “Canto de verano” para hacer un poema mío. Y me contestó: -No te preocupes, Casar: yo se la robé a Rubén Darío. Su muerte no representa una "gran pérdida", como dicen los lugarescomunantes, sino un aviso para podernos enriquecer leyéndolo. La poesía es la verdadera forma de la resurrección, como decía Lezama.

Y la escritora Marisa Trejo Sirvent, de igual forma, dio a conocer que en varias ocasiones compartió escena literaria con el poeta:

La vida que tú me dejaste, padre, es la yegua gris que monto…", fragmento de una obra valiosa y que aún falta difundir más, de un escritor chiapaneco, de izquierda, de militancia, de integridad demostrada, reconocido en otros países, respetado y valorado en su estatura artística y sus posiciones políticas, defensor de las causas del pueblo, de la lucha indígena, mediador con el Ejército Zapatista, poeta intenso y talentoso, amigo y escritor con el que compartí varias veces mesas de lectura en los festivales de poetas Chiapanecos, en el recital que organizó la Editorial Katún en la Ciudad de México, en el Festival Internacional de Poetas por la Paz, el Festival Internacional Jaime Sabines y en el Festival Internacional de Poesía de La Habana, con quién también tuve el gusto de ser jurado de un concurso poético, así como convivencias en cenas y otros eventos relacionados con encuentros poéticos, Juan Bañuelos, uno de los grandes de la poesía chiapaneca, se nos fue hoy en la yegua gris que montó y que por fin logró domar para que pudiera acompañarlo a otros confines del universo. Descansa en paz Juan, tu obra seguirá con nosotros, y más allá de nosotros y la efímera estancia en este mundo.

El poeta Balam Rodrigo, quien mantuvo una estrecha amistad con Bañuelos, en su texto Juan Bañuelos: gemelo de la poesía testimonial, le atribuye la fuerza y la carga que usaba en su poesía lo mismo para escribir sobre lo testimonial como sobre el tema amoroso:

Juan Bañuelos fue un poeta que no escribía de sus personales vivencias domésticas para hacer de ellas versos lastimosos y ampulosos, por contrario, Bañuelos fue uno de esos escasos poetas que supo relatar con fuerza, claridad y honda condición humana, el dolor, la miseria, las penurias y la injusticia padecidas por los demás, por el otro, y a la vez, era capaz de conmover hasta la médula con su poesía amorosa.”4

El poeta originario de Escuintla, Chiapas, Víctor García Vázquez, ha trabajado los últimos años en la poesía de Juan Bañuelos. El conocimiento amplio sobre la obra del poeta le permite retomar lo que muchos han dictado. La obra de Bañuelos se pronuncia ante la injusticia social:

Juan Bañuelos fue un poeta que desde sus primeros versos se ocupó de los temas que agobian al hombre: el dolor, la injusticia social, el hambre, el abuso de poder, la falta de democracia, la desigualdad de los pueblos indígenas, la devastación del medio ambiente, entre otras problemáticas acuciantes. Sin ser un poeta panfletario, los versos de Bañuelos han sido adoptados por diversas generaciones para expresar su inconformidad social, su rabia contra el mundo y su protesta contra la incertidumbre.”5

Sobre el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, que obtiene y con esto inaugura Juan Bañuelos, con Espejo humeante, en 1968, mencionó en la entrevista realizada por Josué Bello que no esperaba la proyección que tendría al ganarlo. Sin embargo sabía que el premio se presumía como uno de los más importantes y que pronto sería un referente en la poesía nacional.

Al día de hoy, sin duda, este certamen es el más alto reconocimiento que pueda obtener un poeta mexicano. Su garantía no está sobrevalorada. Esperemos que así funcione por muchos años. Al ganador se le voltea a ver como un referente y de ahí ha surgido un sinfín de pronunciamientos poéticos. Por ello, me permití solicitarle a tres Aguascalientes una aproximación a la poesía de Juan Bañuelos.

Juan Bañuelos es uno de mis tutores y su impronta aparece en Voluntad de la luz por encima de otros poetas. De allí que luchara por editar su "Espejo humeante", libro en el que me observo y reconozco su fuego y su luz cada que vuelvo a él.

Luis Armenta Malpica (Expremio Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 1996)

Fue un maestro muy querido, certero y cercano. Sus palabras ayudaban a enfrentar nuestros primeros balbuceos e inseguridades poéticas. Juan contribuyó a que tuviera la perspectiva para acercarme a la experiencia del lenguaje.

María Baranda (Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, 2003)

Juan Bañuelos fue el primer poeta real que escuché leer en público y representó, acaso, uno de los momentos más trascendentales de mi vida. El evento se realizó en una sala de cine en el Centro Cultural Genaro Estrada, del hoy Instituto Sinaloense de Cultura. Un foro con capacidad para 200 personas, recibió a 40 o 50 ese día, quienes escuchamos al autor de Espejo humeante leer parte de su obra, aderezada por fragmentos de su vida que el poeta iba dejando caer sobre el público atento. Yo tenía en ese entonces 19 años y quería ser narrador. Sin embargo me sentía muy emocionado, entendía que un poeta podía conectar con un público a través de su voz. No sé si él me hizo tomar la decisión de volverme poeta. Creo que sí, lo creo profundamente. Lo leo cada tanto con el placer y la curiosidad que invocan un poeta de su rango. Me duele su muerte, como la de cualquier poeta, no sólo por la grandeza de las palabras que nos regaló, sino por la grandeza de las palabras que guardó y se llevó consigo para siempre.

Jesús Ramón Ibarra (Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, 2014)

Poetas jóvenes como Gustavo Íñiguez y Zel Cabrera también hicieron llegar su sentir:

Juan Bañuelos es un poeta que, desde su participación en la espiga amotinada, representa un referente imprescindible para entender el panorama (tradición) de la poesía mexicana del siglo XX. Una gran pérdida que lamento profundamente.

Gustavo Íñiguez. (Poeta y editor)

En la poesía de Juan Bañuelos siempre hubo un eco de vida difícil de no escuchar, ahora sus pasos resuenan en los nuestros, su voz cantará en nuestra voz, como su poesía cantó su vida.

Zel Cabrera. (II Premio de Poesía Joven Guerrero)

El poeta tamaulipeco Luis Aguilar, merecedor de varios premios nacionales en los últimos dos años, reflexiona ante la responsabilidad que existe en la poesía de Juan Bañuelos: 

Juan Bañuelos es sin duda uno de los últimos grandes poetas que hicieron del cantar un derecho pero también una responsabilidad social para con el otro; un compromiso al que no renunció nunca. Su poesía, transparente y humilde —en el mejor sentido, la humildad que tienen sólo los grandes poetas— cruzará las eras como una obra que es capaz de retratar al hambre y convertir ese retrato en alimento justo para el espíritu.

Las poetas Citllalli Xochitiotzin, Iliana Godoy y Raquel Huerta Nava, respondieron que la obra del poeta es un legado que evocará la justicia social, la denuncia, la libertad, el compromiso con la palabra y nos permitirá a quienes volvamos a él a través de su poesía, tener absoluta certeza que la poesía debe pronunciarse ante la adversidad que nos aqueja:

Juan Bañuelos tiene una obra facturada en la belleza desde sus primeros libros, un paisaje el cual fractura en los opuestos; sonoridad para elevar la injusticia, la pobreza denunciada. Nunca una prosa abyecta declarativa e ideológica. Siempre un poema fundido en la belleza aún a pesar de las obscuridades del mundo. Juan Bañuelos, él y su obra son el oficio de palabras. Quizá por ello su poesía fue tan incómoda para los “ismos”, pero perpetua como el arte.

Citlalli H. Xochitiotzin Ortega.

Ser poeta es un ministerio de libertad y justicia. Es tener una voz para no callarse ante el poder. Eso aprendí con Juan Bañuelos.

Iliana Godoy.

La obra de Juan Bañuelos denota un profundo compromiso con la palabra; desde sus inicios, el poeta dominó las figuras retóricas buscando siempre nuevas formas de expresión. Sin duda alguna, "El traje que vestí mañana" es una de sus obras más relevantes. Su legado consiste en una poesía auténtica cuya fuerza vital desborda la dimensión de la palabra escrita y nos ayuda a definir un poco el mundo que habitamos; el poema "El mapa" me parece un claro ejemplo. La relectura de su obra sin duda lo confirmará como una de las voces más importantes de nuestra lengua. Buen viaje, poeta.

Raquel Huerta-Nava.

De igual forma, el escritor Alejandro Aldana Sellschopp, que tuvo cercanía con el maestro Juan Bañuelos, se permitió enviar el significado que para él representa su muerte:

Algo muere en nosotros cuando se apagan los astros, allá en el fondo oculto de las selvas se levanta un surtidor de relámpagos, los pájaros beben el canto humeante de un espejo enterrado. Algo en nosotros muere en la sombra del águila desplegada sobre la bruma, los astros se apagan en la boca del tiempo.

Que la tristeza, entonces, tenga la fuerza de empuñar el corazón. Juan Bañuelos, así lo enuncia en Balada del guerrillero:

A Eraclio, el del barrio de San Roque

Y si muerto mañana
o podrido en la cárcel,
sabrán que tuve el arma
empuñada y que aún nace
combatiente en el alba.

Mi corazón ya sabe
su dirección de bala,
mi boca se deshace
y su fulgor derrama.
Soy puras heredades
que los hombres reclaman
Salgan pronto a las calles
manos mías, hermanas,
salgan pronto a los mares
de multitud airada
como dos largas naves.

Y si muerto mañana
o podrido en la cárcel,
sabrán que tuve el arma
empuñada y que aún nace
combatiente en el alba.

 

Fernando Trejo
Poeta. Es autor de los poemarios Cuaderno invertebrado, Solana, Ciervos y Base Atenas.


1 Verso retomado del poema Vivo, eso sucede. 12 poetas chiapanecos. Selección, entrevistas y notas: José Casahonda Castillo. Colección Rescate y Patrimonio. Edición conmemorativa (Universidad Autónoma de Chiapas, 2010).

2 Ibid.

3 Sombra de papel. Revista de la Coordinación de Investigación y Posgado de la Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma de Chiapas. Enero de 2002, año 1, número 4. México.

4 Juan Bañuelos: gemelo de la poesía. Balam Rodrigo. Carruaje de Pájaros. Revista en línea de Arte y Literatura. 30 de marzo de 2017.

5 El sur está en mis lágrimas: un lamento por Juan Bañuelos. Víctor García Vázquez. Carruaje de Pájaros. Revista en línea de Arte y Literatura. 30 de marzo de 2017.