proximamente

Jorge A. Abascal Andrade (compilador)
Próximamente en esta sala. Antología de cuentos de cine
Cal y arena, 2016
Ciudad de México
160 pp.


Para Andrea

Al escribir sobre la génesis visual de Farabeuf Salvador Elizondo refirió: “el libro está constituido por pequeñas imágenes aparentemente inconexas, inclusive imágenes que chocan unas con otras”, a lo que Mariana Elizondo agregó: “[crea] una estructura que rastrea el instante en la memoria y pretende especificarlo hasta su más mínimo detalle”.

La aparente desconexión entre intervalos que pretenden conformar una unidad y la meticulosa obsesión por examinarlos individualmente se antojan ociosas al construir un texto literario —salvo que se trate de un experimento genial como La crónica de un instante de Elizondo—. Sin embargo, parecen condiciones idóneas para amalgamar una compilación de cuentos sobre cine. Qué mejor que un mosaico de textos para mostrar la diversidad en torno a lo que el cine produce y evoca. Recalcar, a través de él, el potencial creativo de los cineastas y, simultáneamente, ahondar en la infinidad de emociones que un filme puede sembrar en el espectador.

La selección de relatos elegidos por Jorge A. Abascal Andrade en Próximamente en esta sala recrea las distintas áreas de confluencia en las que realizadores y espectadores intercambian imágenes y sentimientos alrededor de la experiencia cinematográfica.

El cine ofrece un escape momentáneo al abandono, la soledad y la locura. Las escenas en pantalla brindan recurrentemente consuelo al doliente y refugio al incomprendido. Los cuentos “Non grata” de Mónica Lavín y “Santo niño nalgón” de Eduardo Sabugal revelan que los filmes, en sus distintos planos, representan una oportunidad para visualizarnos en escenarios alternos al mundo, creando utopías para unos e infiernos para otros.

Por su parte, los personajes del cine procuran siempre espacio para una interacción imaginaria: se suele hallar en ellos un acompañante, unalter ego, cuando no un contrincante soso que se asemeja a nosotros mismos. Los personajes cinematográficos se erigen así como una proyección que sobrepasa lo visual. Una lectura de “Compañía” del propio Abascal Andrade o “Contradanza” de Agustín Monreal da muestra de ello.

Como sugiere “Figurantes” de Isa González Bretón, el cine también hace las veces de cómplice. Reproduce el crimen que nos hubiera gustado perpetrar y los excesos que tememos cometer. Encuadra la insensatez que jamás consumaremos. En definitiva, todo el que goza el cine resguarda un secreto en torno él. Alguna película prohibida. Aquella escena bochornosa que nos conmueve inexplicablemente. La pésima actriz que nos seduce. Un roce sugerente en la oscuridad.

La selección de cuentos nos aproxima también al cine como experiencia del espectador. Rememora los antiguos teatros de proyección, el autocinema, los olores —confitados, inconfundibles—, los silencios y murmullos que cohabitan en las salas de exhibición. Los cines son un recurrente espacio familiar y no pocas veces juegan el papel de celestina. La colección da cuenta de ello y más, pues la vivencia cinematográfica no concluye finalizada la película. La experiencia se renueva constantemente. Deviene. Tener presente una película no implica únicamente el recuerdo de la película. Es también el recuerdo propio viendo la película y la constante revisita a lo que experimentamos la primera (y la segunda y la tercera) ocasión que vimos aquel filme al que siempre regresamos. Sobre esos y otros ejes rotan los relatos de Ethel Krauze, Edmée Pardo y “Permanencia voluntaria” de Ave Barrera.

La composición de Abascal Andrade no termina allí. Con una serie de minificciones José Luis Zárate describe el drama que viven algunas estrellas de cine: el actor convertido en personaje aun cuando esté fuera de cuadro. La trágica obligación de representar un papel perpetuo como modus vivendi. Por su parte, el siempre versátil y provocador Alberto Chimal abona un notable texto tríptico para la reflexión.

Como en un texto de Pavić o Cortázar, no importa la secuencia en que se lean los fragmentos de la antología. Tampoco es relevante el número de veces que se visiten. La buena literatura, como el buen cine, trasciende los conceptos de orden y repetición.

 

Alejandro Orozco y Villa
Consultor.