La novela de Whitman en español; el Día Mundial de la poesía; la historia del uso social de una coma y un poco de arqueología alcohólica en esta entrega.

Whitman en español

Vida y aventuras de Jack Engle es el título de la novela que fue descubierta el 21 de febrero por un estudiante de doctorado, Zachary Turpin, como lo reportamos en este mismo espacio. La sección cultural del periódico ABC publicó los dos primeros capítulos de la novela que Ediciones del Viento sacó el lunes 20 a la venta, con prólogo de Manuel Vilas. El nombre del traductor es curiosamente elocuente en cuanto a la velocidad de su trabajo: Miguel Temprano. Se cree que esta novela de Whitman, muy dickensiana, con personajes huérfanos y descalzos que deambulan por las calles de Nueva York, fue escrita mientras el autor ya preparaba Leaves of Grass. Este poemario, una de las cúspides de la poesía moderna, fue una tarea de Sísifo para Whitman: nunca dejó de remendarla y reescribirla. Sobre la novela de Jack Engle, en cambio, no escribió una sola nota ni volvió a mencionarla dejándola a merced del olvido. El hallazgo del manuscrito y la velocidad de la traducción siguen siendo sorprendentes. Pueden leerse los primeros dos capítulos aquí.

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Portada de Vida y aventuras de Jack Engle (Ediciones del Viento, 2017)

Día mundial de todo y nada

En un decreto de la UNESCO de 1999 se estableció que el 21 de marzo, proclamado hasta entonces día contra la discriminación racial, sería en adelante el “Día mundial de la poesía”. Las razones y objetivos parecieran una venganza tardía de unos veinticinco siglos contra el anatema de Platón en el Libro III de La República. Proclamar esta celebración internacional justo en el equinoccio de primavera es una coincidencia risible a los ojos de algunos críticos que aún asumen que ningún país ha soportado a sus poetas vivos. Sin embargo, la UNESCO advertía un aumento considerable en la cantidad de poetas jóvenes nacionales. Exigía para la poesía que “se reconozca su papel social de comunicación intersubjetiva y siga siendo instrumento de despertar y de expresión de toma de conciencia.” Desde entonces el decreto ha impulsado iniciativas en todo el mundo. En Francia y Québec, por ejemplo, se organiza desde marzo de 1999 el “Printemps des poètes”, dirigido por Jack Lang en sus inicios: en tan sólo dos semanas cerca de 12000 “eventos” que consisten en recitales, presentaciones, lanzamientos editoriales, encuentros, conciertos y proyecciones de cine. Pero toda promoción cultural puede convertirse en abuso al caer en manos del oportunismo. Las empresas L’Oréal o El corte inglés expropiaron la fecha para que versos y autores dejados o necesitados promocionaran y de paso embellecieran sus productos. A su vez la CONMEBOL aprovechó la ocasión para colar videos de dribles espectaculares bajo el lema de: “esto sí es poesía.” Uno puede amar el futbol y la poesía sin confundirlos. El fárrago que genera la apreciación de lo “poético” —como belleza de cualquier cosa— no ha beneficiado más que a las mismas prácticas de consumo que rebosan de publicidad y reconocimiento.

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Poema publicado este año por la UNESCO en @UNESCO_es

La coma Oxford de millones de dólares

Según un reportaje del Nouvel Observateur, una ambigüedad del tamaño de una coma le podría costar 10 millones de dólares a Oakhurst Diary, una compañía de venta y distribución de productos lácteos de Maine. Tres choferes repartidores han convertido en class action —demanda colectiva de ahora 75 trabajadores— el impago de horas extras. La ley en Maine obliga a pagar horas extras al sobrepasar las cuarenta horas semanales con excepción de los siguientes casos: “enlatado, procesamiento, congelación, deshidratación, comercialización, almacenaje, empaquetado para envíos o distribución de (1) productos agrícolas, (2) productos cárnicos o pescados; y (3) productos perecederos.” En este suculento caso para la Policía Gramatical, la coma Oxford hubiera permitido distinguir si la excepción aplica en “empaquetado para envíos o distribución” como unidad o bien si aplica para “empaquetado para envíos”, por un lado, y “distribución” por otro. La coma Oxford separa las partes de la oración aun cuando se encuentren en una enumeración o serie. Aporta claridad según sus defensores. Tomemos este ejemplo: “Juan vino con sus padres, Miguel y Diana.” La ausencia de la coma Oxford no nos permite saber si los padres de Juan son Miguel y Diana o bien si Juan vino con dos personas además de sus padres. La frase más clara hubiera sido: “Juan vino con sus padres, Miguel, y Diana” (cuatro personas). Pues bien, los choferes que solamente distribuyen reclaman esta ambigüedad pues ellos no realizan el empaquetado —digámoslo así— destinado al envío o destinado a la distribución. Un juez federal acaba de darle la razón a los trabajadores en este verdadero episodio de marxismo de la sintaxis. Que gocen abogados y leguleyos: el Manual Legislativo de Maine prohíbe el uso de comas entre el penúltimo y último elemento de una serie, es decir, prohíbe la ahora millonaria coma Oxford al servicio de los obreros.

Arqueología del alcohol

Según reportes de la agencia EFE, el 22 de marzo un grupo de arqueólogos israelíes hallaron un tesoro inesperado cerca de la ciudad cisjordana de Ramala. Junto a restos del Paleolítico Medio (herramientas de sílex, trozos de vajillas y cubiertos del 150 mil AC.) desenterraron cientos de botellas que habrían contenido alcohol y que tienen solamente cien años de antigüedad. La investigación, a cargo de la Autoridad de Antigüedades de Israel, supone que habrían pertenecido a una tropa de soldados británicos, cuyo barracón sirvió como cantina en momentos de ocio y angustiada espera. Para contrarrestar el ataque otomano fallido al canal de Suez en 1917, las fuerzas expedicionarias de Egipto, al mando del Imperio británico, acatan la orden de tomar posesión de Palestina y ampliar el control sobre Oriente próximo. El territorio de Gaza empieza a convertirse en el cementerio que sigue siendo hoy. Luego de tres batallas en Gaza, los británicos acaban por tomar Jerusalén y el sur de Siria en 1918. Dos años después fundan el Mandato británico de Palestina, consecuencia de la partición colonial del Imperio otomano, que luego abrió el pozo de conflictos sin solución que todos conocemos. Botellas de vino, cerveza y ginebra servirán ahora para reconstruir la vida cotidiana militar en los albores de la guerra de Medio Oriente y la naciente codicia por sus recursos petroleros. El cubano Eliseo Alberto escribió sobre su bebida nacional: “El ron […] no es un amigo ni un aliado ni un cómplice: el ron de caña es un compadre. Abraza. Susurra. Habla en voz baja.” Sin duda, esta revelación es válida para las tropas que sucumbieron hace un siglo en Gaza, Jaffa y Judea.

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Insignia del Mandato británico de Palestina