Al interior de un contenedor de basura, Star (Sasha Lane) busca alimentos que aún puedan ser consumidos. Con ella se encuentran dos niños, que si bien no son suyos tampoco sabemos bien a bien cuál es la relación que guarda con ellos. Sin dinero, la vía de regreso a casa es pedir aventón. Por supuesto nadie se detiene y Star está agobiada. De pronto, desde una camioneta que pasa frente a ella, alguien le regresa fijamente la mirada. La camioneta se estaciona en el Walmart que está cruzando la avenida y por alguna razón, quizá romántica, ella decide ir en busca de la persona en la que se vio reflejada: Jake (Shia LaBeouf), que al verla comienza a flirtear con ella a distancia, hasta que de forma casi mágica, suena en las bocinas de la tienda We found love de Rihanna, entonces Jake comienza a bailar con sus amigos hasta terminar brincando sobre una de la cajas del supermercado. El coro, casi delata los minutos que vienen por delante: “we found love in a hopeless place”. Después de todo, como Guy Lodge sugiere respecto a esta escena, ¿no es Walmart un lugar falto de esperanza, sobre todo, para encontrar amor? ¿no son esos suburbios gringos lo suficientemente áridos como para secarlo todo? Sin embargo, ahí en ese punto, se encontraron.

Jake propone entonces a Star que venga de viaje con él y sus amigos. Son un grupo de jóvenes que van recorriendo el país vendiendo suscripciones de revistas a cambio de una comisión. Star que tiene poco que perder, y que además tiene un crush con él, decide emprender el viaje. Lo que viene a continuación es una road movie un tanto disruptiva de lo que usualmente ha marcado el canon hollywoodense. Aquí no hay descapotables, alguna ruptura amorosa que solucionar o una amistad en reparación. No hallamos el estereotipo de white chick ni tampoco el de algún delincuente en carretera, sino una radiografía de cientos de jóvenes estadounidenses que no han recibido la suficiente visibilidad debido a diferentes lógicas de enunciación. Una realidad no reconocida. American Honey (Andrea Arnold, 2016) es un vistazo a la vida que llevan muchos estadounidenses, que sin contar con una verdadera oferta de trabajo a razón de sus estudios truncos, y llevar una vida en la marginalidad, se embarcan en este tipo de viajes de negocios que en EEUU ha generado en diferentes momentos controversias (aquí y aquí se puede leer al respecto) debido a la poca legalidad en que contratan a estas personas. Por supuesto la atención que Andrea Arnold presta (como directora y guionista) al fenómeno de los mag crew viene un poco tarde pues están en extinción, pero no por esto deja de tener relevancia.
La vida de los jóvenes al interior de estos mag crew no es muy diferente de la vida que llevan algunos millennials, de hecho quizá en ellos había un anticipo de lo que íbamos a atestiguar: una juventud errante sin muchas metas a futuro, sin propiedades pero con smartphones, sin dinero para un seguro médico pero sí para viajar o ir de fiesta. Una juventud que con poca esperanza en el futuro ha decidido habitar el instante.
American Honey sigue a Star en este viaje donde poco a poco va aprendiendo el negocio al tiempo que se enamora más de Jake y genera empatía por los otros miembros del equipo, mientras descubrimos más a estos sujetos siempre errantes en su propio país. Sin embargo, habría que reconocer que los 183 minutos que dura la película no son los más entretenidos. Ni si quiera hay una resolución de conflicto en esta cinta y es quizá esto lo que la hizo merecedora del premio del Jurado en Cannes 2016. La película es igual de chata, conflictiva e irresolutiva como lo puede ser la vida de cualquier persona. La historia es meramente contingente, llena de azar, de imposibilidades. Aquí no hay buenos ni malos, ni caprichos o vanidades. Son solo jóvenes intentado vivir a pesar de tanta adversidad, pero ante todo (Star y Jake) luchando con y por el amor que han descubierto: “quien lo probó lo sabe”, diría Lope de Vega.
Con meticulosa fotografía, un brutal soundtrack y muchas primeras actuaciones, Andrea Arnold ha logrado construir un material de dato histórico generacional como en algún momento hiciera Larry Clark con Kids (1995). No son meramente jóvenes fumando todo el día, son subjetividades extraviadas, desdibujadas, que necesitan un marco que permita intelegirlas. Son vidas en pausa, en una especie de zombificación, que necesitan visibilidad.
Fernando Bustos Gorozpe