Publicamos algunos fragmentos del libro, recientemente puesto en circulación, El ajolote. Biología del anfibio más sobresaliente del mundo (Elefanta editorial) de Andrés Cota Hiriart, ilustrado por Ana J. Bellido. Una guía para todos los curiosos de este complejo y extravagante animal “hecho en México”.

Introducción

En la estrecha contienda por ocupar el puesto del anfibio más sobresaliente del mundo, hay tres contrincantes que claramente se destacan del resto: la salamandra gigante de Japón, la rana dardo del Amazonas y el ajolote de Xochimilco.

Ciertamente es una batalla pareja. Cada uno de los organismos referidos exhibe atributos particulares que bien podrían merecer el título. La bestial salamandra oriental, Andrias davideanus, por ejemplo, ostenta un colosal tamaño que rebasa el metro ochenta de largo y los treinta kilos de peso; lo que la convierte en el anfibio más grande que existe.

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Las ranas dardo del género Dendrobates, por su parte, poseen un veneno neurotóxico muy poderoso, así como llamativos tonos fosforescentes y patrones de coloración intrincados; atributos que las colocan en el podio de los anfibios más bellos y tóxicos del planeta.

Pareciera entonces que la medalla de oro tendría que ser repartida entre alguna de estas dos opciones. Después de todo el ajolote no es masivo, peligroso ni hermoso. Se podría decir que su absurdo semblante, si acaso, produce ansia o morbo. Pero no, el asunto no es tan trivial: el ajolote, también conocido como perro del agua, no se retiraría sin ofrecer pelea. La brutal salamandra y la rana cautivadora no obtendrán la victoria tan fácilmente. De hecho, al final de este libro, será evidente que su derrota es inevitable. Sin duda alguna, el ajolote será el organismo que se alce con la presea.

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¿Pero qué podría aportar el gracioso ajolote para hacerles frente? ¿Será acaso que cuenta con algo más que su extravagante fisonomía para imponerse en el combate?… La respuesta es un ¡Sí! Rotundo.

¿Qué es lo que hace a este animal tan especial? ¿Cómo es que puede desbancar a salamandras gigantes, ranas venenosas y demás candidatos en la disputa por el trofeo al anfibio más singular del mundo?

El pequeño monstruo del pantano mexicano tiene mucho más que una apariencia inquietante y carismática. No por nada ha causado fascinación profunda en todas las culturas con las que ha entrado en contacto: los aztecas lo consideraban la manifestación de un Dios, los conquistadores españoles como un ser sospechosamente obsceno y los naturalistas tempranos como un enigma viviente infranqueable. Aún hoy en día su particular figura causa conmoción. Los científicos no paran de maravillarse con los atributos biológicos que presenta, los artistas siguen encontrando inspiración en su perturbadora imagen y a los escritores aún les queda mucho que decir respecto a su naturaleza desconcertante.

Empecemos por adicionar a su emblemático aspecto físico, el don de la regeneración morfológica extrema. Poniéndolo en otras palabras: para esta modesta criatura acuática perder un miembro no significa mayor problema, pues cuenta con la capacidad de volver a crecerlo en pocos días. Lo mismo sucede con sus ojos, cola, branquias y resto de apéndices. Y por si esta impresionante característica no fuera suficiente, el ajolote también domina el secreto de la neotenia, la verdadera fuente de la eterna juventud. Pero basta ya de preámbulos. Adentrémonos pues en el llamativo mundo del Ambystoma mexicanum

Semblante del monstruo hermoso

Antes de comenzar la monografía de nuestro protagonista es importante aclarar algunos puntos con respecto a su nombre.

El término ajolote es una castellanización del náhuatl axolotl, que proviene de atl (“agua”) y xolotl (“perro o monstruo”), en conjunto significan: perro de agua o monstruo de agua. En la literatura muchas veces se utilizan indistintamente ambos nombres o el intermedio axolote, y de alguna manera ninguno es equívoco; no obstante, en español la forma más correcta de referirse a ellos es: ajolote. Y si se prefiere utilizar una nomenclatura más rigurosa también puede emplearse su nombre científico: Ambystoma mexicanum, acuñado por Shaw y Nodder cuando describieron a la especie en 1798. (El género Ambystoma significa “boca en forma de copa invertida o boca achatada”.)

Habiendo aclarado el asunto del nombre de pila de este monstruo hermoso, prosigamos con nuestra labor descriptiva.

El semblante del ajolote es difícil de olvidar. Su aspecto remite a un ser arcaico, extravagante en extremo, propio de un mundo perdido o de una película de ciencia ficción. Con toda facilidad se le podría encontrar como un ingrediente primordial en los calderos de las brujas o como la mascota de un extraterrestre. Es un organismo tan singular que si no existiera en la naturaleza seguramente sería parte de la zoología fantástica de Borges.

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Comportamiento y alimentación

Los ajolotes son organismos completamente acuáticos, de hábitos nocturnos y solitarios. Gustan de aguas templadas a frías, con una temperatura relativamente estable, de entre 16 y 18 grados centígrados, y pueden soportar temperaturas más bajas según las estaciones.

En cautiverio se ha observado que bajo condiciones de temperaturas mayores a los veinte grados centígrados los organismos se estresan. Así como si se registran fluctuaciones de varios grados a lo largo de la jornada.

Los ajolotes prefieren las zonas turbias, donde no pega el sol directo, y con corriente escasa. La mayor parte del día la pasan reposando sobre el fondo lodoso, refugiados entre la vegetación. Permanecen prácticamente inmóviles durante horas, sólo contrayendo sus branquias para respirar. De vez en cuando suben a la superficie para tomar una bocanada de aire, generalmente desplazándose con movimientos lentos, y luego flotan como en cámara lenta de nuevo hacia el fondo. En la noche su actividad aumenta considerablemente y patrullan el entorno en busca de alimento. Son carnívoros generalistas que cazan cualquier animal que quepa en su boca. Al no contar con la capacidad de masticar, atrapan y engullen a la presa en un sólo movimiento. Cuando detectan alguna posible merienda que llama su atención, se abalanzan sobre ella con furia; la capturan por medio de una succión poderosa y se la tragan completa. El movimiento es repentino e involucra un desplazamiento del organismo hacia atrás y hacia arriba. La primera vez que se atestigua este comportamiento, la violencia y voracidad con la que actúan los, por todo lo demás, pacíficos ejemplares, suele resultar sorpresiva para el espectador.

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Semblanza histórica. Mitología azteca

En la cosmovisión náhuatl, el ajolote es la encarnación acuática del dios Xolotl, un hermano mellizo de Quetzalcóatl, o más precisamente su doble deforme, con rasgos monstruosos producto del nacimiento gemelar. Xolotl en la mitología mexica y tolteca es considerado como el dios del atardecer, de los espíritus, de la mala suerte, de los gemelos, de las deformidades, de la estrella de la tarde y del inframundo. Se le considera también como el dios que impulsó al género humano un paso hacia adelante cuando nos entregó el fuego de la sabiduría.

De acuerdo con la leyenda del quinto sol, Xolotl le tenía miedo a la muerte y buscaba a toda costa huir de ella mediante sus poderes de transformación, adoptando distintas formas en su intento desesperado por escapar del sacrificio. Por eso es que se le asociaba con la noción del movimiento y del recambio de la vida.

La leyenda cuenta que el destino del mundo estaba en grave peligro, puesto que el sol y la luna no se movían. Los astros se encontraban pasmados, estáticos sobre el firmamento; lo que vaticinaba una catástrofe segura. Los dioses entonces se juntaron en concilio y tomaron la resolución de ofrecerse en sacrificio para renovar el movimiento astral: esto marcaría el inicio del quinto sol. Sin embargo, un dios cobarde llamado Xolotl, se rehusó a confrontar su destino y trató de zafarse burlando al verdugo. El dios prófugo se escondió dentro de la milpa, donde se convirtió en una planta de maíz de dos cañas.

 

Andrés Cota Hiriart
Biólogo y ensayista. Es autor de Faunologías, aproximaciones literarias al estudio de los animales inusuales.

 

 

Un comentario en “El ajolote

  1. Tenemos tal capacidad de convivir con nuestra incongruencia y cotidianas contradicciones que este libro, estas letras y todo lo relativo al ajolote es simultáneo a la extinción de su único habitat (no existe mas en su medio natural) que celebramos como “patrimonio de la humanidad” (esos contaminados y mal olientes canales, esas calles sucias y peligrosas llenas de desorden: el degradado xochimilco). Y todos tan campantes. Y todos tan tranquilos.
    Espero que muy pronto se le retire el tal titulo de patrimonio de la humanidad y nos remitamos a nuestra triste realidad.