Desde finales de octubre, en la Ciudad de México comienza la venta de árboles, artificiales o naturales, esferas, heno, figuras para el nacimiento, piñatas; bufandas, gorros, chamarras y un sinfín de elementos para celebrar y recordar el nacimiento de Jesús. Mercados establecidos como la Merced, Sonora y cada uno de los mercados de la gran urbe tienen ese delicado olor a fin de año, colorido celeste de adornos, manteles, cortinas, etcétera; todo con los buenos deseos de recibir la llegada del Niño Dios y de paso, esperar la presencia acaricida de los Reyes Magos.

Esta celebración entre los católicos es de suma importancia, y un espacio significativo para la venta de cuanto se pueda ofrecer al consumidor, ya sea manufacturado en el país o procedente de China. En algunos templos aún se coloca el Nacimiento, con figuras bellas de diferentes materiales: marfil, madera, hoja de maíz y barro. Y en ciertos museos, las muestras de las diversas representaciones de Nacimientos ofrecen al espectador una inigualable alegría al ver la creatividad, esmero, dedicación y notoria fascinación de los artesanos al elaborarlos.

A pesar de que las familias ponen su nacimiento en casa, algo que además se va diluyendo en la memoria de las mismas, a veces se olvida el significado de los símbolos expuestos para conmemorar el nacimiento del Rey, el Nazareno. De manera que en este espacio recordaremos algunos íconos, lo que significan y hablaremos de los Reyes, y del prioritario: el niño Jesús.

Por otro lado, también recordaremos que el símbolo es una imagen que nos ayuda a tener un referente, y su significado puede variar dependiendo del contexto, creencia esencia, tiempo y espacio. Pero en el caso de la Natividad, los creyentes han aceptado de manera general el binomio simbolismo/significado como tal.

En cuanto a los atributos, recordemos que son imágenes simbólicas, privativas de los personajes; ello lo identifica a partir de su oficio (de la imagen que se venere o presente), carácter o cualidades. Una figura puede tener diversos atributos, puede hacer referencia a un suceso específico del personaje, o por analogía, como algo particular del mismo. Con éstos, una imagen sacra impone respeto, fascinación, encanto, en tanto narran o representan lo que se expresa con colores, elementos decorativos: flores, animales, escenografía, etcétera. También sirven para describir o narrar el mensaje de la escena de la vida, ya sea de santos, santas, Reyes, de la Virgen o del propio Jesús. Sabemos que la ubicación de las imágenes cristianas en su contexto está en los templos, pero es importante marcar para estas fechas la mejor ubicación de las figuras a manera de que la tradición no pierda el carácter original.

reyes

La adoración de los Reyes Magos, Diego Velázquez.

Los exégetas en materia de iconografía señalan que la descripción de las imágenes, ya sea profunda o superficial, dará sentido a las cosas. A los expertos en la materia les ayudan la antropología, la historia, la etnografía y la lingüística, entre otras disciplinas, para encontrar el sentido más cercano a lo que se mira a vuelo de pájaro.

Retomaremos de los expertos algunos significados para valorarlos en las fiestas navideñas. Aunque no hay pie de igualdad para acordar si el niño nació en un lugar un tanto a la intemperie, sobre aserrín o en una cuna de madera, lo común es presentarlo en una casa simple, sobre el musgo verde y fresco, y este, por su suavidad y delicadeza es símbolo de amor eterno. Dentro de la “casa” se coloca justo una especie de cuna, donde el 24 se deposita al niño. Cercano a él va la virgen María, recostada pues ha dado a luz, sin dolor y sangre, pero sí algo cansada por el parto. No tan cercano al niño y a María, está José, ese padre con algunas dudas aún acerca del nacimiento del niño y la virginidad de María. A lado derecho del niño se mira al asno o mula, significado de la humildad, y que estará presente desde el nacimiento hasta la adultez de Jesús; además el asno es símbolo de paz y representa a la Sinagoga, ese lugar para estudiar y preparar a los chicos. De lado izquierdo está el buey, simbolizando al pueblo judío, como testigo mudo del nacimiento del rey. Un tanto lejano al aposento de Jesús, está el camello, ya sea parado o echado, preferente de esta manera, porque significa la obediencia, la prudencia; casi frente a Jesús estará el cordero, relacionado con la sangre de Cristo, alto símbolo de la religión que estará presente a partir del nacimiento del niño. Muchas personas suelen poner sobre el techo de paja, o en un árbol aledaño, un gorrión, significado de humildad. Entre las figuras que recrean la llegada del mesías, está el león, significado de la fuerza, majestad y fortaleza.

El agua se presenta en los ríos o en algunos pozos, de ellos se lleva un poco en una bandeja para bañar al recién nacido. Cercanas, pero no sobre la familia principal, estarán las parteras, dos por lo menos: Salomé una de ellas, la incrédula, Zelomí y Zaquel, las otras parteras que bañaron al niño, quizá asistidas por José. Un poco de comida para María, quien mira con amor infinito a su hijo prestado por poco tiempo. Cercano a las parteras puede estar el pavo real, que significa la iglesia vigilante de sus fieles; pero es también el pavo símbolo de la eternidad, por aquella vieja creencia de que su carne era incorruptible.

Volviendo un poco a las parteras, que vemos pocas veces representadas en los nacimientos, es importante ubicar junto a ellas, el agua donde fue bañado el niño, porque a partir de ello, se recuerda que después de bañarlo, y por varias vicisitudes que pasó la familia de Jesús, la virgen María ofreció a una madre doliente, angustiada y fatigada, por la muerte de uno de sus hijos, y por la incontrolable agonía de otro más, que fuese bañado en la misma agua utilizada por su hijo, al realizar tal acción, el niño resucitó, y, este niño tendrá encuentro con Jesús años más tarde, porque es Gestas, que junto con Dimas estarán en las cruces.

Así se va reconstruyendo la vida del niño Jesús, con los personajes que dan sentido a la vida del Nazareno: pastores, gallos, peces, y todo lo que lleve el nacimiento tiene una razón de ser, nada es fortuito.

En las leyendas vinculadas al nacimiento de Jesús, sobresale la visita de los Reyes Magos, esta tradición está presente en muchos hogares mexicanos y extranjeros. Para dar realce al nacimiento, sobre el nicho se ha de colocar una estrella que guie e ilumine bajo el negro manto de la noche, ese camino para adorar al niño que ha nacido para dar paz y amor.

Basados en el breve relato de San Mateo, al realizar la introducción del tema de los inocentes, se fue elaborando la leyenda de los Reyes Magos que enviados por el mismísimo Dios anunciaran la noticia del nacimiento de Jesús; fuesen los testigos del misterio de la encarnación y lo declararan Dios y Rey.

En la actualidad se conocen tres reyes, pero antes, existió la discrepancia en cuanto al número de los mismos. Sin embargo, tanto en la tradición oriental como en la occidental la figura de ellos es de suma importancia en la Natividad. Por una parte la tradición oriental hace referencia a doce magos, mientras que la occidental presenta a los tres que conocemos en la actualidad. Eso sí, todos ellos reunidos en Persia, lugar de donde partieron con la guía de la Estrella para adorar al Rey de Reyes; otros autores aportan que fueron de Arabia o Caldea.

En la Historia de los Reyes Magos, anónimo, bajo la custodia de la Universidad de Salamanca, se menciona a los reyes, su origen, parentela y los presentes que dieron al niño Jesús. Así podemos reconocer a Melchor, rey de los persas, Baltasar, el monarca de la India y Gaspar, el soberano de los árabes. Ellos llevan regalos como símbolo de la magnificencia del niño, a quien se le adora. Sus ropajes cambiarán desde la Alta Edad Media hasta el Renacimiento, inclusive hasta el día actual. Sabemos también, que según la tradición, los tres Reyes Magos llevaron presentes, los mejores obsequios al niño, pues era lo que Adán llevó a la caverna de los tesoros después de la expulsión del Edén, manifiesto en el evangelio armenio.

Se menciona que los reyes eran de la India, de la mayor, de Arabia y del Nilo; viajaron en caballo, camello y elefante. Baltazar llevó oro para constatar que Jesús era el todo poderoso y Rey perpetuo; Melchor ofreció incienso como señal de ofrenda espiritual; además declaró la virginidad de María; Gaspar entregó mirra, en esa simbología de saber que a Jesús, el nazareno, le sería atormentada su carne y muerta, y su cuerpo sería guardado de corrupción en el sepulcro.

La escolástica medieval presentó con gran ahínco el tema de los reyes magos, resaltó su importancia, les cambió la ropa blanca por galas multicolores, capas y coronas; puso los tres tiempos de la corta edad, la madurez y la senectud en cada uno de ellos; los tres hermanos se hicieron acompañar por doce jefes de ejército, cuatro por cada uno de ellos; pasaron de ser Magos a Reyes y luego su conjunción. Uno poseía gran memoria, otro estaba dotado de entendimiento y el tercero destacó por su bondad, en la suma de la misericordia asumida y guardada a perpetuidad.

En la entrega al Rey, Melchor ofrece áloe, muselina púrpura y cintas de lino, es el anciano y quien encabeza la comitiva, el venerable presenta los aceites que se hacían ungir los Semitas. Gaspar ofrece canela, cinamomo, incienso, la mirra y los perfumes, esas cenizas de los cultos al fuego de los Medos y los Persas, y Baltazar, brinda el oro, plata, zafiro y perlas perfectas de las riquezas de Tartessos

La leyenda de los Reyes se fue construyendo, adaptando, asimilando y finalmente, desde el siglo X hasta nuestros días, muchos niños y niñas los esperan con clamor el 6 de enero. Sus pleamares han sido sostenidos por los creyentes y por quienes desean un poco de magia en estos días aciagos. Los tres Reyes Magos fueron aceptados, a tal grado que mucha gente, como los peregrinos, los invocaban para que su viaje no fuera pesado. En algunas casas y en campanas se escribían sus iniciales para alejar las tormentas, proteger personas y animales de los demonios, para evitar los maleficios, conjuros, incendios e inundaciones. Personas enfermas de epilepsia rogaban a los reyes para que les ayudaran a abatir el dolor y la desolación. La cofradía dedicada a elaboración de naipes, los eligió como sus santos patrones, inclusive se inspiró en ellos, aunque el juego tenga cuatro reyes.

Anteriormente en la fiesta de la Epifanía o la adoración de los Reyes Magos, se daban confites: almendras, cacahuates o piñones cubiertos de azúcar de múltiples colores, y canelones: unos rollitos largos de pasta dura, que envolvían los pistaches, nueces, higos o duraznos deshidratados para degustarlos con cierta premura. Siempre y cuando los niños se portaran bien.

Ocasionalmente buscamos en los documentos, en la voz de los ancianos y en la letra de los especialistas, la vida y magia que está alrededor del Rey del tiempo, de Jesús y sus andanzas. Igual se busca la respuesta a la autenticidad de los Reyes Magos. Al final está la vivencia desde el 24 de diciembre y la espera el 5 de enero para ver a los niños prestos al avance el reloj, a consumir esa espera y saber que los Reyes rompen el silencio del patio, la azotea, la puerta, la sillita o donde se haya puesto el zapato receptor de los presentes.

Los magos apresuran el paso, el elefante quiebra la vastedad de la casa, que cruje con sus pisadas, de pronto los niños escuchan el eco de las voces, miran el reverso de la luna, parece que la furia de la luz se precipita a estallar en su casa y a confundirse con las sonrisas y carcajadas suyas. Los padres y abuelos miran con alegría desmesurada la felicidad de los hijos. A veces ven con nostalgia el recuerdo de sus juguetes: ellos mismos disfrutando los regalos solicitados, o derramando una lágrima porque no llego la petición; unos más recuerdan haber transgredido alguna norma el día de reyes, la sensación de tocar a los héroes justicieros, a los libertadores montados en sus caballos, las muñecas de porcelana, cartón o cera, las de trapo o sololoy, los indios pintados: toro sentado, águila blanca, el llanero solitario, luchadores, pelotas, matatena o damas chinas, canicas, yoyos y trompos, carritos, baleros, tinajeros, juegos de té, niños para arrullar, las muñecas; y hoy la furia de celulares y juegos electrónicos, recordando que estamos en la sociedad de las TIC.

En suma, lo que da equilibrio y estructura a la ensoñación de la madrugada es, por mucho, la agitación de las vocecitas, unas veces frágiles, otras fuertes, leves o alzadas. El corazón tiembla mientras se aferra a la dicha de los juguetes, lo que vendrá con ellos y el tiempo para jugar. Y no olvidemos degustar la rosca de Reyes, acompañada de un champurrado humeante y espumoso, la rosca ha de ser retorcida y redonda, significado de la larga travesía que hicieron los Magos; el niño escondido del despiadado Herodes; los colores de las mermeladas o frutos secos son púrpura, verde y dorado, como señal de justicia, fe y poder.

 

Nidia Curiel Zárate
Historiadora e investigadora. Es profesora de la Universidad de la Tercera Edad, Cumbres.

 

 

Un comentario en “Tierra de Reyes

  1. Una excelente investigación sobre un tema muy recurrente, donde nos apegamos solo a la tradición pero poco conocemos sobre el significado que la amiga Nidia nos aclara. Muchas felicidades