Esta nueva sección le facilitará al lector de hoy, nervioso de clics, algunas noticias y curiosidades literarias a manera de canasta quincenal. Aun en desacuerdo con el frenesí de la lectura electrónica, actualizamos el nombre de una sección similar de nexos llamada “Picadero” que alimentaban Luis Miguel Aguilar y Rafael Pérez Gay en los no tan lejanos noventa.

Noviembre es el mes más cruel
Los tiempos han cambiado y el Nobel a Dylan parece darle la razón otra vez a su canción de 1964. Tal vez Eliot estaba equivocado. Es más bien noviembre el mes más cruel. No se puede profetizar lo que pasará con nosotros. Apenas podremos hacer un pequeño diagnóstico de la decepción generalizada. Intelectuales y escritores de toda índole han expresado su desconcierto. Destacan el triunfo de la estupidez contemporánea e incluso el umbral de una cambio histórico sin precedentes. Semanas antes de los comicios del día 8, el periodista Jonathan Alter, que ha cubierto las elecciones de Estados Unidos desde 1980, declaraba: “Soy un periodista tranquilo y ponderado; sin embargo, por primera vez en toda mi carrera, tengo una sensación de apocalipsis”. Por su parte, John Irving (en Babelia) desempolvó las palabras de Marco Aurelio: “Cuánto más dolorosas son las consecuencias de la ira que sus causas”. Algunos miembros de esta redacción recibimos, el 10 de noviembre, un reconfortante correo de la plataforma activista Change.org con el siguiente asunto: “No estés triste”.
En clave de Marx
En entrevista con los diarios españoles ABC y El Mundo, Claudio Magris entiende la victoria de Trump en clave marxista: “Los oprimidos razonan mal”. La era Trump vaticina un mundo retrógrado, el pestilente retorno del apartheid y los conflictos de secesión sin resolver. Por la brecha ficticia que separa, por un lado, a un sector de la intelectualidad “correcta” de las masas analfabetas o con educación básica y, por otro, a estos intelectuales progresistas de otros más conservadores, se colaron todas nuestras expectativas. Ante esto, la complejidad de la dominación y la opresión parece saltarnos a la cara, ahora rotundamente. Según Magris, estamos pagando el precio del olvido de las clases no politizadas, ajenas a las querellas ideológicas y discursivas, sin conciencia de sí mismos en la esfera social. No se trata de aquel lumpenproletariado que señaló el socialista alemán sino el advenimiento de una clase de lumpenlectores e incluso lumpenburgueses cuyo poder hemos subestimado y menospreciado.
La pareja maldita
La generosidad de la casa Christie’s nos trae una nueva subasta: el revólver 7mm de seis tiros con el que Verlaine disparó a Rimbaud estará a la venta el 30 de noviembre, por el módico precio de 60 mil euros. El arma volvió a separar a la pareja cuando Verlaine le disparó en la muñeca en 1873. El incidente pasional llevó al infractor a cumplir dos años de cárcel, por lo demás muy gratos y prolíficos para la poesía occidental. De pura casualidad, la editorial de lujo La Pléiade (Gallimard) publicará a fin de mes Œuvres poétiques croisées (edición de Solenn Dupas, Yann Frémi y Henri Scepi) que presenta, por primera vez, la obra reunida de la pareja maldita. Una lectura atinadamente emparejada que celebra aquella dolorosa unión y busca dar a conocer sus puntos en común. Herederos de Baudelaire, las obras de Verlaine y Rimbaud quedarán marcadas por la experiencia libertaria de la Comuna y la decepción de la represión contra los subversivos. De no ser por la copia manuscrita y la integración posterior que hizo Verlaine de “Le bateau ivre” en Poètes maudits (1883-1884), el poema hubiera posiblemente desaparecido. La literatura universal le debe mucho al campo de atracción de estos dos astros, primero parnasianos y luego malditos, que ahora intercambian simultáneamente su posición de planeta y satélite.
La máquina de cuentos
Como en alguna novela de Jules Verne o de H.G Wells, los distribuidores automáticos de cuentos ya están aquí. La editorial francesa “Short-edition” —editor comunitario de literatura corta— (sí, así como lo oyen) que cuenta con más de ciento ochenta mil suscriptores, lleva un año colocando máquinas dispensadoras de literatura. Mini-obras que son el fruto de la contribución y voluntad de gran cantidad de autores en ciernes, escritores a oscuras que ofrecen un poema, un cómic o un relato. El cliente escoge uno de tres botones que corresponden al tiempo de consumo: uno, tres o cinco minutos. La máquina, como aquella que entrega chicles, cafés o boletos de estacionamiento, le hace llegar su lectura rápida e instantánea. El proyecto se concibió, en un inicio, como alternativa para matar tiempo en el transporte público de Grenoble. En toda Francia hay ahora más de setenta máquinas. Desde octubre, se han inaugurado en San Francisco. Olviden las 1350 páginas de su Victor Hugo o su mamotreto Dostoyevski enmohecido. La oferta ya corresponde a nuestros hábitos de lectura en tickets, smartphones y anuncios publicitarios veloces como el rayo. Y todo para motivar a los más pequeños a gastar esos invaluables minutos en algo más interesante que jugar Candy Crush.
Maupassant en pantalla
La primera novelade Maupassant, Une vie, se publicó como folletín en 1883 en el periódico Gil Blas. Es el relato del destino trágico de Jeanne Le Perthuis des Vauds que, recién salida del convento, se muda al castillo de sus padres barones y se enamora de un vizconde venido a menos, Julien Lamare. Si juntáramos las lágrimas que derrama Jeanne a lo largo de la novela, podríamos llenar fácilmente el mar Báltico. Pero junto a sus estragos emocionales, su pudor violentado y su arduo camino al desengaño, la trama se concentra en la decadencia aristocrática normanda bajo la Restauración (1814-1830). Aunque muchos pasajes recuerden el Libro de Job, la maestría de Maupassant introduce sutilmente una crítica filosa contra la doble moral católica y el vacío existencial de la nobleza, clase de la que él mismo proviene y de la que no puede, finalmente, deshacerse en su forma de tratar las costumbres de “la gente del pueblo”. Aún así, el personaje más íntegro, que tendrá la última palabra, es Rosalie, la eterna sirvienta de los Le Perthuis des Vauds. En octubre apareció una reedición en Flammarion con prólogo de Annie Ernaux. En él confirma que, aún en los años cincuenta del siglo pasado, Maupassant aparecía como un escritor sulfuroso. La novela podía arruinar la inocencia de las jóvenes nacidas con el baby-boom. El día 23 se estrenó en Francia la adaptación al cine de Stéphane Brizet. En el Festival de Venecia fue acusada de ser una simple telenovela a pesar de su potente recreación de época. No es menor el reto que afrontan las adaptaciones. Sobre todo, cuando se trata de trasladar al lenguaje cinematográfico la prosa naturalista de Maupassant: “El sol bajaba hacia el horizonte, inundando de claridad los llanos que reverdecían, que se manchaban, aquí y allá, con el oro de las colzas en flor, con la sangre de las amapolas. Una quietud infinita flotaba por la tierra tranquila en que germina la savia”.