Un obiturario para Jacques Derrida

Un día como hoy de hace doce años murió el filósofo francés Jacques Derrida a la edad de 74 años. Derrida fue una figura a la que habría que comenzar por definir como polémica. Su paso por el escenario de la filosofía continental, tanto europea como estadounidense, fue todo menos tranquilo. Icónicas fueron sus disputas con personalidades como John Austin, así como su descripción de Jean Paul Sartre como un escritor poco sólido. Como buen polemista, fue querido por sus discípulos y fuertemente criticado por sus opositores. Entre ellos, más de uno ni siquiera lo llegó a considerar como filósofo.

Inventor de algún modo de la deconstrucción —este gesto que es una estrategia de análisis, una propuesta metodológica, un acercamiento filosófico y, sobre todo, un credo de vida obsesionado por desmantelar contradicciones—, Jacques Derrida fue autor de una vastísima obra. De 1967, fecha en que aparecen sus primeros textos: De la gramatología, La escritura y la diferencia, La voz y el fenómeno, tres piezas clave de su pensamiento, y hasta su muerte, publicó cerca de ochenta libros. Entre ellos, destaca con motivo de este aniversario el volumen puesto en circulación en 2001: The Work of Mouring.

The Work of Mouring es una obra compuesta por varios “textos de duelo” escritos a lo largo de los años en los que Derrida recuerda, a manera de oración fúnebre o de cartas conmemorativas, a amistades suyas de los ámbitos de la literatura, la poesía, la filosofía y las humanidades. Se trata de catorce ensayos dedicados a intelectuales y amigos fallecidos como Roland Barthes, Paul de Man, Michel Foucault, Louis Althusser, Gilles Deleuze, Emmanuel Lévinas y Jean-François Lyotard, por mencionar algunos, que se reúnen con motivo de sus reflexiones sobre el dolor, la nostalgia y el recuerdo. Se trata de materiales que bien valen la pena para una autobiografía del filósofo francés, pues revelan parte de su pensamiento, así como sus emociones y actuar como persona y amigo. 

El tema de la muerte rodea varias de las obras de Derrida, pero en The Work of Mouring aparece con una fuerza descomunal. En uno de los textos el autor afirma sin asomo de agobio que “la muerte nunca está lejos”. Apartado de la preocupación existencial que una sugerencia de este tipo podría implicar, el filósofo recuerda con genuina aceptación que siempre estamos ante la presencia de la muerte a pesar de nuestra insistencia por evadir esa única certeza con la que podemos contar. Eludir tal hecho no es sino querer esquivar la verdadera responsabilidad que implica vivir.

Para Derrida, la muerte es, además, la vía de entrada para otro de sus temas-obsesiones: la amistad. La muerte y la amistad se funden en un análisis en el que se afirma que, cuando se pierde a un amigo, se pierde también una parte de nuestro propio ser. Ese pequeño mundo establecido en conjunto con quien fallece se extravía, se desvanece con su vida. “El mundo queda suspendido por una lágrima única que refleja su desaparición”, dice el filósofo. 

Así pues, como señala Derrida en los textos dedicados al filósofo Emmanuel Lévinas, la muerte del otro es siempre una primera muerte para nosotros mismos. Una muerte que permite, por primera vez, individualizar de la manera más radical el sentimiento de finitud de nuestra propia persona. Una muerte que lleva consigo un duelo que es no solamente una despedida, la despedida del otro, sino también un acto de profunda interiorización por parte de quien le sobrevive. Soportar ese choque, aceptar la pérdida del otro, es la resistencia que el fallecido deja sobre los vivos.

En un intento por hacer de la conmemoración necrológica un momento de interiorización total, que permita asimilar que se muere a cada instante, regresamos a Derrida con esta despedida, cada vez única que, no hace sino insistir que recordar es empezar a morir. 

 

Derrida, Jacques. The Work of Mouring, Chicago, Chicago Unviesity Press, 2001.

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Publicado en: Ciudad de libros