Los muros están de moda

Hace treinta y siete años la música del álbum The Wall irrumpió en el mundo sonoro contando la historia de un tal Pink Floyd que estaba aislado por un muro metafórico. A través de este relato musical, la banda británica hizo una crítica incisiva a la sociedad de aquel entonces. Pero, ¿por qué Roger Waters, miembro fundador de Pink Floyd, está ahora en México presentando un show que incluye canciones y la escenografía de The Wall? Para empezar, por que el concepto de muro se presta para ser reinterpretado según el contexto, a lo cual se suma el hecho de que, desde el lanzamiento del álbum, el número de muros físicos en el mundo haya aumentado de forma espeluznante.

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Roger Waters
Fotografía de Alterna2 bajo licencia de Creative Commons

Diez años después de que The Wall se hizo escuchar por primera vez cayó el Muro de Berlín, y los festejos por el fin de la división de una sociedad alemana que vivía según modelos económicos y políticos diferentes no se hicieron esperar. Sin embargo, en este preciso momento, son más los muros construidos que los derribados desde 1979, y las promesas de nuevas edificaciones del tipo van en aumento. Los muros son una constante en la historia de la humanidad, unos son más silenciosos y otros más estruendosos, dependiendo de a quién segreguen y según a quién protejan, pero es fundamental que no pasen desapercibidos.

Muros para dividir, para olvidar, para poner una barrera por miedo al Otro. El reportero polaco muerto hace poco menos de una década, Ryszard Kapuściński, señaló tres maneras de actuar respecto al Otro: la primera es la guerra, la segunda el aislamiento tras una muralla, y la tercera es entablar un diálogo. La guerra pone de manifiesto la incapacidad de los humanos de entenderse entre sí; la segunda justifica una "doctrina de desigualdad del género humano, premeditada y programática",1 donde quienes están al otro lado son considerados infrahumanos. El diálogo pone en pie de igualdad a todos, los unos son los Otros de los Otros, y no hay más remedio que dejar de lado toda aspiración de superioridad para intentar comprender a quien está a lado, no adelante o atrás. La guerra y el aislamiento, por su parte, se alimentan entre sí; y ambos han estado presentes y en constante transformación a lo largo de la historia de la humanidad. En este sentido, quizá uno de los grandes méritos del espectáculo de The Wall ha sido su capacidad de adaptación y reinterpretación, aquello que le permite seguir gritando y visibilizando los problemas hasta  el dia de hoy.

¿Por qué importa hoy que The Wall se haga escucharen el zócalo de la ciudad de México? Roger Waters expresó su opinión sobre la situación en el país durante sus dos primeros conciertos en el Foro Sol, recordó a los 43 normalistas desaparecidos, demandó la renuncia de Enrique Peña Nieto y llamó pendejo a Donald Trump. Hoy toca gritar estas demandas en el espacio público y frente a Palacio Nacional, ahí donde el lunes 26 de septiembre se conmemoraron dos años de los sucedido en Ayotzinapa y se demandó justicia para  los 28 mil desaparecidos desde el sexenio de Felipe Calderón–según cifras de Amnistía Internacional.

Si bien el zócalo ha sido el punto de reunión más importante del país para expresar las demandas sociales, la plaza ha estado cercada últimamente de una forma un poco más silenciosa. El espacio ha sido ocupado más por eventos auspiciados por el gobierno, que por las demandas sociales. El 15 de septiembre la marcha que exigía la renuncia de Peña Nieto no pudo llegar al zócalo, pero todo se dispuso para que se llevara a cabo el acto protocolario en conmemoración del grito de independencia. El lunes pasado, las carpas de la Semana de la Ciencia y la Teconología esucharon las demandas de justicia pasar a su lado sin inmutarse; la desaparición de los normalistas sigue sin esclarecerse –como la de tantos más– y, si las cosas siguen como están, cada minuto que pasa se convierte en un ladrillo más en el muro del olvido que divide al presente del pasado, una barrera que hace que el pasado sea cada vez un lugar más extraño.

Por otro lado, el pasado 31 de agosto los dos protagonistas de la crítica de Waters se reunieron en México y el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos habló de su propio proyecto de muro. En su página web, incluido en la sección de “inmigración” del plan para “Poner a América Primero”, el empresario establece como punto número uno “Empezar a trabajar en un muro físico impenetrable en la frontera sur. México pagará por el muro”. El tema ya ha merecido múltiples comentarios, críticas, burlas, incredulidad, disputa, enojo y… odio. Tanto odio que tras escuchar a Trump efectivamente dan ganas de permanecer tan lejos de él como sea posible. No sólo está infundiendo el odio de los estadounidenses hacia los mexicanos, sino también en el otro sentido… ¿Será que está logrando su cometido mejor de lo que nos imaginamos?

Claro que, frente a esto, Hillary Clinton se perfila como una gran opción. Ella no habla de construir un muro para separar a México de Estados Unidos, pero definitivamente la idea no le es del todo ajena. Para empezar, fue durante el mandato de su esposo cuando se inició la edificación de un muro fronterizo en California para mantener a raya a los migrantes provenientes de México, así que tampoco le podemos dar a Donald el crédito de una propuesta original. Por supuesto, es Bill quien tiene que responder por sus acciones, pero los muros no están tampoco fuera de la agenda política de la candidata demócrata, sólo hace falta voltear a ver su inferencia en Medio Oriente.

Hillary ha apoyado de forma contundente al estado israelí durante el conflicto con Palestina que, además de los miles de muertos, desplazados y heridos –en su gran mayoría palestinos-, ha implicado la constucción de un muro fronterizo desde 2001 por iniciativa israelí; una división que sólo acentúa más el odio y la increíble incapacidad de comprensión entre individuos. A esto, hay que sumar el voto de Clinton a favor de la intervención en Irak en 2002 y la intromisión en Siria bajo el argumento de la lucha contra el Estado Islámico. Este último conflicto ha resultado en el desplazamiento de casi siete millones de sirios y en una de las crisis humanitaria más grandes de la historia que nos conduce nuevamente hacia los muros. Quienes huyen de Siria se dirigen a Europa, pero parece que muchos ahí tampoco quieren saber del Otro, de modo han aparecido un par de muros más: el de Hungría-Serbia, levantado por el gobierno conservador húngaro, y el de Calais, construido en esta ciudad al norte de Francia para dificultar el paso de los refugiados al Reino Unido.

Estos otros muros no afectan directamente a los mexicanos, pero ahí están, se alimentan de la misma incomprensión que la valla que ya se extiende a lo largo de un tramo significativo de la fontera al norte del país. De igual forma, vale preguntarse qué muros, ya sean físicos o simbólicos, se han construido desde México. Inevitablemente sale a relucir aquél que está en nuestra frontera sur; cruzar a este país tampoco es tarea fácil para hondureños, salvadoreños o guatemaltecos.

Sí, Roger Waters también es Otro, un británico que no ha vivido en México, que no ha padecido el clima de inseguridad que se vive aquí día a día, y lo más seguro es que no sea él quien tenga más argumentos ni conocimiento profundo sobre la situación del país. Pero, ¿tiene algo de malo que se haga escuchar, que haga resonar una vez más lo que miles gritan en las calles? Más que pensar que la sociedad mexicana se une a la voz de Waters, es él quien se une al grito de los mexicanos hartos del clima de violencia que se vive día a día aquí, a la demanda de derribar los muros entre México y Estados Unidos, entre gobierno y sociedad civil y entre los propios ciudadanos mexicanos. Hoy por la noche hay una buena oportunidad más de apropiarse del espacio público y de que, todo aquel que lo desee, pida una vez más la renuncia de Peña Nieto y la vea proyectada en un gran muro temporal a lado de Palacio Nacional.

Las acciones se realizan en lugares definidos, y mediante las primeras es posible aporpiarse de los segundos. Los espacios públicos están para ser utilizados, entonces, no permitamos que haya pequeños muros regulando el paso y la actividad en la explanada más grande del país, un territorio en el centro de la ciudad que ha sido lugar histórico de congregación y resistencia. Hoy por la noche es el turno de irrumpir en el zócalo, apropiarse del espacio público con la demanda de justicia, memoria y solidaridad al ritmo de un The Wall reinterpretado y vigente. El día de hoy está programado como el día que se erije un muro que ha de caer al terminar el espectáculo.


1 Ryszard Kapuściński, Encuentro con el Otro, Barcelona, Anagrama, 2007, p. 16.

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Publicado en: Ensayo literario