El comienzo del tiempo (México, 2014)
Director: Bernardo Arellano
Género: Drama
Guionista: Bernardo Arellano
Actores: Francisco Barreiro y José Sefami

Siempre es difícil imaginarnos como habitantes de este mundo. No importa la edad. Sean los cinco, los 15, los 25, siempre hay algo que nos hace pensar en el futuro, pero, ¿qué pasa cuándo estamos en el umbral entre la vida y la muerte, la esperanza y el desconsuelo?
Es probable que esta pregunta la puedan contestar Bertha (Bertha Olivia Ramírez Misstilipiss) y Antonio (Antonio Pérez Carbajal), una pareja de ancianos que tienen que sobrevivir a las adversidades que impone su edad: una pensión de retiro, el abandono de su familia y el desgaste físico. Un conjunto de dolorosos elementos que el director Bernardo Arellano explora en El comienzo del tiempo (2014).
Con una paleta de colores sepia y un ritmo acompasado, este película tiene la virtud de elegir un universo que es poco o casi nada visto en el cine mexicano, visiones del mundo que sólo coinciden en una cosa: la desesperanza. Al abordar la vejez y lo que ello representa, Arellano corría el riesgo de instalarse en el melodrama básico, pero, por fortuna, se aleja de eso y se preocupa por ofrecer al espectador un tono neutro, o al menos en gran medida.
La llegada de personajes como el hijo Jonás (José Sefami ) y el nieto Paco (Francisco Barreiro), son el mejor ejemplo de cómo el director mexicano intenta llevar la cruel odisea del ocaso a un nivel mucho más completo, redondo, de una mirada de 360º; sin embargo, la gentileza con la que decide asumir esta problemática convierte a El comienzo del tiempo en un listado de aciertos y desaciertos.
El primero y más evidente es el uso de actores no profesionales que si bien, su intención es añadir un tono realista, Arellano logra que las actuaciones de Ramírez Misstilipiss y Pérez Carbajal deambulen entre la inocencia propia de un personaje de su edad, y la experimentación de estar frente a la cámara. Desde los dos protagonistas, hasta el coro del personajes que los rodea, es evidente que aunque El comienzo del tiempo es un ejercicio que requiere de mucha sensibilidad, también es importante tener presente la visión crítica de espectador que permita equilibrar las características del filme.
A pesar de este ritmo errático, la construcción de los dos protagonistas, más allá de la ejecución desacertada de los diálogos, evidencia los motores, los sueños y la esperanza de Bertha y Toño, y es a partir de este acierto que el director nos regala a dos seres humanos: un hombre y una mujer que se enferman, que cantan, que se acarician, una escena sobre el deseo y la sexualidad en la vejez que poquísimas veces hemos visto en la pantalla grande.
Pero no hay más, estos pequeños destellos de habilidad técnica y acercamiento a la condición humana quedan contenidos, y de nuevo este ritmo plano, acompasado, desperdicia la posibilidad de encarar el cómo una generación de ancianos mira al mundo, pues así como es fundamental filmar a la juventud (Chin Chin el Teporocho, Güeros, Los herederos, etcétera), ¿alguna vez nos hemos preguntado cómo se sobrelleva la senectud en un contexto tan hostil e incierto como lo es el nuestro?
Con la llegada de Paco, se vislumbra el intento de mostrar la dualidad sobre la vida; sin embargo, aquí es donde la película deja muchos hilos sueltos, inconclusos, acciones que son añadidas con un tratamiento hosco, incluso torpe, como la decisión de Paco de permanecer con sus abuelos, un punto fundamental en la narración que en algún momento se entrevé como el resultado de una mala relación padre-hijo pero que no queda claro del todo debido, quizá, a la puesta en escena y la resolución de los diálogos.
Habrá que decirlo, lo que hace Arellano es, sin duda, un primer y valioso acercamiento a este universo, todos y cada uno de los personajes se mueven desde la cercanía con el espectador, la identificación casi automática con seres queridos, una familiaridad que a pesar de tener a su alcance la materia prima, la problemática, la historia, la gestualidad y, por momentos, un trabajo impecable de fotografía en manos de Sara Purgatorio, no consigue construir un ejercicio contundente sobre la vejez pues el dolor, la angustia, la realidad, en su más llana y directa representación, queda en el limite de la simplicidad.
En este deseo de proponer una lectura de este tópico, el estilo y sus implicaciones evidencian la urgencia por limar los momentos ambiguos que se adhieren en el fugaz abordaje de la política en México, y tratar de adentrarse más a la humanidad de sus personajes y sustituir los planos abiertos de escenas entrecortadas, por una ejecución más íntima que resalte toda la angustia de Bertha y el miedo a la muerte de Toño. La gran debilidad en El comienzo del tiempo es la ausencia de una traducción justa de todo el universo de la vejez, al lenguaje cinematográfico.
Al final, lejos de sus virtudes y defectos, El comienzo del tiempo se asoma a una etapa del ser humano incomoda, convertida en un secreto a voces en donde lo único que resta es aferrarse a la esperanza de saber que algún día moriremos.