Mañana es el último día de las competencias de gimnasia artística de Río 2016. Recuperamos el testimonio de Eunice Aguilar, una de las gimnastas del equipo mexicano en lo que resultaron ser unas míticas Olimpiadas para ese deporte en 1976. Además del 10 perfecto de Nadia Comaneci, ¿qué otras cosas han informado a esta difícil disciplina, llena de prejuicios y expectativas desde entonces?
Cuando llegaron las Olimpiadas de 1976 que tendrían lugar en la ciudad de Montreal, Eunice Aguilar, quien era parte del equipo olímpico mexicano de gimnasia femenil, no pudo competir. Una rotura de ligamento cruzado en la rodilla la retuvo en las gradas ese verano canadiense, pero desde ellas pudo ver los Juegos Olímpicos más importantes para el deporte que practicaba desde que su madre la inscribió al Centro Nacional de Promoción y Superación Gimnástica, en el Deportivo Victoria de las Democracias de Azcapotzalco. Después de años de ver a su hija colgarse de lo que encontraba: la rama de un árbol, los pasamanos en el parque o la jabonera de la regadera, como recuerda Eunice, sus padres promovieron su entrenamiento profesional. Empezó a entrenar formalmente a los 10 años y a los 12 ganó el Campeonato Nacional Infantil en Puebla, lo que resultó en que el Comité Olímpico Mexicano la convocara para el ciclo de 1972-1976.

Eunice Aguilar en las barras asimétricas.
Aunque fue duro quedar seleccionada y finalmente no poder competir —la peor pesadilla de un atleta que uno puede imaginar—, Eunice cuenta que tuvo la oportunidad de acompañar a su equipo y, entre otros cosas, conocer a quien en esos juegos se volvería una referencia obligada para la gimnasia: la rumana Nadia Comaneci. “Provocó un salto cuántico en la gimnasia femenil a nivel mundial. Por primera vez una niña de 14 años conquistaba, no sólo el corazón de todos sus espectadores, sino también la calificación perfecta, el 10 que todos buscan en un deporte de apreciación como la gimnasia”. Comaneci ganó tres medallas de oro en esas Olimpiadas y tuvo siete dieces. Después de su participación, la lista de los gimnastas con calificación perfecta siguió hasta que se empezó a cuestionar si esto tenía validez como criterio de valoración. En1992 se otorgaron ya solamente dos dieces, el último de ellos a la también rumana Lavinia Milosovici. Entonces, la gimnasia apostó por la evolución en lugar de la perfección, como dice Joe Posnanski. El sistema vigente ha resultado en promover a competidoras como la tres veces campeona del mundo Simone Biles y su desempeño sin precedentes en la viga, el salto y manos libres.
Pero las expectativas no fueron lo único que cambió en esas Olimpiadas, en las cuales Posnanski nos recuerda que la contendiente de Comaneci, Nellie Kim —representante de la Unión Soviética—, también obtuvo sus correspondientes tres dieces. Eunice recuerda: “A partir de este momento, cambió la mentalidad para concebir la gimnasia, la evolución de este deporte fue total, el grado de dificultad aumentó considerablemente hasta los ejercicios impresionantes que vemos a las gimnastas realizar hoy. También los planes de entrenamiento, el avance en la tecnología de todos y cada uno de los diferentes aparatos, el código de puntuación, la posibilidad de adquirir becas de estudio en las universidades más prestigiosas para las chicas que destacaban como gimnastas, el negocio de los gimnasios, el placer y la admiración que produce en los espectadores hasta hacerlo uno de los deportes más apreciados”. Efectivamente, los boletos para ver las competencias de gimnasia artística más esperadas este Río 2016 son los más caros, junto con los de clavado, natación y la final del fútbol masculina (todos cuestan 900 reales brasileños, que equivalen a 287 dólares), éstos sólo son superados por la competencia final de atletismo, basquetbol y… voleibol. Cabe decir que, junto con el clavado de las disciplinas anteriores, las finales en la gimnasia artística son las únicas en las cuales cuesta lo mismo ver a competidores femeninos y masculinos en eventos separados.
Y es que la gimnasia parece ser uno de los pocos deportes olímpicos que se asocia primeramente con las mujeres, a excepción, por supuesto, del nado sincronizado, del que no existe opción masculina en las Olimpiadas y en el Campeonato Mundial de Natación sólo desde 2015. Sin embargo, esto no significa de ninguna manera que se les trate con las mismas consideraciones que a los atletas masculinos. En México vimos a las redes sociales inundadas de comentarios negativos sobre el físico de nuestra única competidora nacional en esta edición de los juegos olímpicos: Alexa Moreno. Además de ésta, otras formas de discriminación al sexo femenino han estado presentes en estos Juegos, incluyendo un comentario sobre la posibilidad de que Biles vuele “más alto que algunos de los hombres”. Por otro lado, da la impresión de que a los hombres no los celebramos lo suficiente en este deporte (Daniel Corral pasó sin pena ni gloria por estos juegos, más allá de su desempeño), a pesar de que tienen dos aparatos más que las mujeres y sus propias restricciones, como la que comenta Eunice sobre la ausencia de música en sus rutinas a manos libres. ¿Será que se cree que es poco masculino hacer acrobacia al ritmo de la música?
Los comentarios estereotípicos sobre el físico de Moreno pasan por alto otra de las lecciones históricas de las Olimpiadas de Montreal 1976 para la gimnasia, y es que, desde la sorpresa que provocó la actuación de Comaneci, se desató una discusión sobre el mínimo de edad para participar en el evento deportivo más importante del mundo. En 1997 la Federación Internacional de Gimnasia dispuso que la edad mínima para competir serían los 16 años. Esto para disgusto de quienes creen que las mujeres en ocasiones llegan a su máximo potencial antes de esa edad, aunque ello signifique someterlas a regímenes de entrenamiento que tienen consecuencias para su desarrollo físico, como la menstruación tardía, o los problemas que se pueden derivar del uso constante e indiscriminado de analgésicos y desinflamatorios, como dice Eunice. Ella se volvió alérgica a las pirazolonas que le fueron recetadas para el dolor en las rodillas, los tobillos, la espalda, entre otras cosas que hacían que ella y sus compañeras requirieran del servicio médico del Centro Deportivo Olímpico Mexicano casi a diario.
Aunque el hecho de que Moreno tenga 22 años y Biles 19 significa que el físico infantil ya no está tan normalizado ni es un criterio que se premie en la gimnasia artística, ello no garantiza que las niñas no sigan empezando a entrenar cuando son realmente jóvenes. Eunice recuerda lo jóvenes que eran las competidoras en la gimnasia femenil desde su tiempo y cómo lo vivían: “Estábamos sumidas en el entrenamiento diario de lunes a sábado sin vacaciones, con una supervisión muy fuerte por parte de los entrenadores y por otro lado estaba la escuela”. Como le decía la Maestra Stoyanka Dobreva Angelova “Steffi”, de Bulgaria: “Primero gimnasia, después escuela y después familia”. “Socialmente, mi práctica de la gimnasia siempre fue considerada como un hobby, como una actividad extra, pasajera, sin mucha importancia ni para mi familia, ni para mi escuela y mucho menos para mi trabajo posterior”.
Y competir en condiciones tan difíciles ¿para qué? En esa época, por una medalla y por el honor de representar a México internacionalmente. “En ese entonces el deporte olímpico era otra cosa. Todos teníamos que ser amateurs. Esto significaba que no podías recibir dinero a cambio de tus entrenamientos, nunca oímos hablar de espónsores, de contratos millonarios, de marcas de ropa, etc.”. No se pensaba que se pudiera sobrevivir siendo atleta, en buena medida por el escaso apoyo por parte del Estado, el cual hasta el día de hoy sigue dejando que desear. En 2015, Carlos Padilla, el presidente del Comité Olímpico Nacional anunció que buscaría respaldo de la iniciativa privada producto de los recortes gubernamentales a esta institución, así como a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte.
A pesar de ello, Eunice dice con razón que hoy todos los atletas, y en especial los olímpicos, se pueden considerar “profesionales”, en la medida en que pueden vivir de serlo. “Los Juegos Olímpicos son un negocio de miles de millones de dólares, un escaparate en donde las potencias mundiales luchan por demostrar su poderío económico. En un mundo globalizado, también los medios, las federaciones deportivas, las cadenas de televisión, las grandes marcas de deporte, todo, incluyendo las sedes de los países anfitriones, han sido motivo de escándalo”. Las Olimpiadas de 1968 que tuvieron lugar en México han pasado a la historia como un episodio de muy trágica ironía en el que México se presentaba al mundo como un país económicamente competente, estable para ser sede del evento deportivo más disputado de todos, al tiempo que estaba políticamente destrozado y su gobierno era capaz de los actos más autoritarios y represivos en contra su propia ciudadanía. Notar y pensar en esta tensión vuelve a ser relevante para el caso brasileño.
Otro de los temas que se actualiza en cada Olimpiada es el del dopaje. Eunice recuerda que la terrible guerra contra éste se inició también en Montreal en 1976. “El Comité Olímpico Internacional se reunió por primera vez para tratar este tema dado que los atletas de las delegaciones de los países del Bloque Soviético, tanto en la rama varonil como en la femenil, tenían dimensiones y características muy diversas que daban cuenta del uso de sustancias que los hicieron ganar las medallas. Fue el caso de las nadadoras de Alemania del Este”. En estos días se han anunciado los casos de dopaje de la nadadora china Chen Xinyi, la atleta búlgara Silvia Danekova y el pugilista irlandés Michael O’Reilly. “Esta lucha siendo uno de los puntos más sombríos de los Juegos Olímpicos”.
Cada cuatro años el mundo entero se emociona con la llegada de los Juegos Olímpicos. Hablamos del conjunto de su producción, estamos atentos al desempeño de las nacionalidades y también de los atletas que destacan. Pero, con todo, no parecemos detenernos lo suficiente en la reflexión sobre aquellas condiciones que posibilitan el entretenimiento del mundo durante semanas. El estado, el desarrollo y expectativas de cada deporte, sus manifestaciones locales pero, sobre todo, el hecho de que todas éstas aterricen en los músculos de individuos.
Para Eunice lo más valioso de su experiencia deportiva —que además de la gimnasia incluye el Tae Kwon Do y la equitación— son las amistades de por vida, la posibilidad de conocer otros países, el haber participado en actividades que se relacionan con ello, como ser comentarista en las transmisiones de varias competencias y Juegos Olímpicos o haber presenciado Olimpiadas como funcionaria del deporte. Habla, sobre todo, de “la experiencia de hacer con tu vida lo que más te apasiona”, que en su caso se mantiene mediante las clases de Yoga Terapéutico que da y que sus alumnos agradecen tanto. Para ellas, sus lesiones y el dolor crónico han sido informantes fundamentales.
Un placer leer esta completa reseña de mi queridisima y respetada Eunice..nuestra bella Picho..fui compañera de equipo iniciando mi carrera deportiva con ella el.mismo dia en el CDOM… disfrute muchísimo el articulo…estoy de acuerdo con Picho en sus comentarios tan completos y educativos…el deporte especialmente la gimnasia para nosotras fue una hermandad, una prueba, un regalo, una sorpresa que siempre será párate de nuestras vidas. Con gratitud y admiración por Picho y todas ellas y ellos gimnastas que han pasado y pasarán. ..felicidades!!!!
Las opiniones tan documentadas merecen una profunda reflexión; por un lado el riesgo tremendo para los atletas de alto rendimiento, por otro lado lo difícil que es mantener el ideal olímpico frente a los intereses monetarios. Felicito a Eunice Aguilar y la reportera